Secuencia fotográfica: Francisco Solórzano (Frasso). Masacre en el barrio 19 de Abril, Petare (Caracas)._____________________________
El 27 de febrero de 1989 ocurrió en Venezuela una rebelión de pueblo, la más importante del siglo XX. Esto debe decirse sin titubear: por primera vez la masa oprimida salió a expresar su rabia sin necesidad de jefes políticos, vanguardias y ni siquiera agitadores. Por lo cual su carácter libertario supera incluso a la gran rebelión anterior, la de 1814: el año de Boves debe ser recordado como aquel en el cual una parte del pueblo activó una democracia primitiva y brutal para arrasar a otra, la que quiso ubicarse o quedó ubicada del lado de la dominación, en el lado perverso de la historia. Pero tenía un jefe; el Boves de 1989 fue la rabia en estado puro, y fue destructiva más no homicida. Las hordas de saqueadores fuimos contra la propiedad, pero no contra los propietarios.
La osadía le costó al pueblo más de tres mil muertos, y a la dictadura burocrático-empresarial le costó el poder: diez años después comenzaron a ser desalojados de un aparato que creían suyo. Y todavía creen que pueden y merecen volver...
La derecha prefiere creer y decir a grandes voces que aquello fue un simple acto de vandalismo perpetrado por miles de delincuentes; que la policía y el ejército tuvieron que reprimir y silenciar por la fuerza a todas aquellas personas en resguardo de los sagrados intereses de las clases que florecieron al cobijo del Estado burgués. Esos mismos que hoy tienen otro argumentazo que te cagas de lo inteligente: dicen que aquel pueblo no tenía hambre, y para demostrarlo aducen que no sólo se llevó la comida sino además artefactos y todo cuanto se exhibía en aquellas estanterías.
No es difícil entender que semejantes sociólogos de albañal consideren que el valor de un televisor es superior a la vida de un pobre, así que si un pobre carga con un televisor lo procedente es matarlo. Esta basura asesina no debe volver a controlar nunca jamás los poderes del Estado.
Esta fecha marca el colapso del neoliberalismo y de un Estado burgués hecho a la medida para rufianes de paltó y corbata y mansiones en el este. Contra ese desperdicio del “primer mundo” y los intentos de implantación forzosa en nuestras tierras hay que seguir insurgiendo con fuerza. Así se combate a un poder establecido: con violencia. Y con violencia debemos evitar que sus lacras retomen el control del Estado.
El otro pequeño problema para la derecha es que cree que la patria bolivariana es un poder establecido y que por lo tanto pueden enfrentarla y derrotarla de esta manera; habría que explicarles que esto que han dado en llamar chavismo no es un poder establecido sino un poder insurgente.
Ellos nunca lo creerán, y esto corre a nuestro favor: mientras tratan de explicarse por qué los gerentes y sifrinos no carburan como candidatos ni como líderes ni como nada, nosotros vamos construyendo la sociedad que merecemos.










