viernes, 5 de junio de 2009

Decálogo básico para ubicarse en la guerra actual

1.-Entender y recordar permanentemente que hay una guerra.

Tan sencillo como recordar cómo está dividida la humanidad y a causa de qué. En el mundo se ha enriquecido y llenado de poder una minoría cuyos privilegios tuvieron su origen en el exterminio y la explotación de enormes conglomerados humanos, personas que cometieron el error de nacer fuera de lo que se conoce cultural y políticamente como occidente, y por lo cual fueron y siguen siendo víctimas de la voracidad y la depredación del hombre culto-blanco-occidental-creyente de cualquiera de las religiones hegemónicas. Las víctimas de esta masacre son sus antepasados (de usted) y usted es el continuador de un largo proceso de resistencia y contraataque. El capítulo venezolano de la guerra (lucha de clases, se apresura un marxólogo a corregir) ha adquirido tales matices que es preciso un esfuerzo para ubicarse correctamente: para muchos lo más cómodo es creer que el conflicto aquí es entre chavistas y escuálidos, pasando peligrosamente por alto, o por debajo de la mesa, el precedente tremendo de la lucha entre quienes acumulan y los que producen o son segregados.


2.-Entender y recordar permanentemente que la guerra es más perversa cuanto menos se noten la masacre y los tiros.

A muchos nos cuesta entender que el único requisito que existe para que haya lucha de clases es la existencia misma de las clases. Usted es pobre y ve pasar a su lado a un rico en su nave espacial: eso es un signo de que hay una guerra. Porque si usted y yo no entregáramos nuestra fuerza de trabajo como en efecto la entregamos, a ese y otros potentados no les sobraría lo que a usted le falta. Lo más sano, para efectos de lo que conocemos como Proceso (o curso de la Historia, o viaje irreversible de la humanidad hacia la democracia plena, directa, sin jefes) es que esa guerra sea franca, abierta, que los potentados exhiban su prepotencia y nosotros nuestra rabia. Que nos repriman con violencia corporativa y que nos defendamos con violencia revolucionaria. Nos ha pasado muchas veces en nuestras sociedades en estado de descomposición que se dan momentos de estabilidad, de liquidez monetaria y de desahogo, y suele uno entonces confundir ese estado con la armonía o la “normalidad”. Lo cual es sumamente peligroso, porque puede hacernos olvidar que hay una guerra que es preciso radicalizar y acabar

3.-Entender y recordar permanentemente a qué bando uno pertenece.

Usted es de los nuestros si forma parte de la porción de la humanidad sometida a explotación, exclusión u otras formas de vejación para garantizarle el confort a las minorías acomodadas. En este caso su misión en la vida es recordar su origen, y hacer cuanto haya que hacer, no para salir usted individualmente o con su familia de la miseria o la pobreza, sino más bien para que el sistema que convierte a unos en esclavos y a otros en amos sea sustituido por otro donde todos quepamos y podamos vivir con dignidad. Haga lo que usted haga, suceda lo que suceda con su situación económica o vital (¿se ganó un premio gordo de la lotería? ¿Heredó una fortuna? ¿Atracó un banco? ¿Asumió un importante cargo que le deparará un buen sueldo y un acumulado en prestaciones? ¿Se está cogiendo a un(a) viej@ millonari@?) usted debe llevarse en los adentros, y manifestarlo en la expresión y en la conducta, el germen vital que le recuerda de dónde viene y a quién y a qué se debe. Usted nació pobre y su familia hizo magia para sobrevivir en pobreza. Usted no puede traicionar a su gente. Ponerse a vegetar y a transplantarse artificialmente en una clase a la que no pertenece (desclasarse) es una de las formas más vergonzosas de la derrota clasista.

4.- Entender y recordar permanentemente a qué bando le pide su conciencia que pertenezca.

¿Y qué hay si usted es rico, viene de familia rica o es eso que llamamos clase media? ¿Qué pasa si su familia acumuló riqueza (y usted mismo incurrió en ese –llamémoslo- desliz) pero su conciencia le indica que el camino correcto para la humanidad es la redención plena de los pobres, es decir, de sus enemigos de clase? Basta recordar que grandes hombres y mujeres, que muchos grandes revolucionarios traicionaron a su clase y son respetables figuras ejemplo y orgullo de humanidad: Ghandi, el Che, Bolívar. Si usted pertenece al bando de allá traicione a su clase, véngase para acá y colóquese del lado correcto de la humanidad.

5.- Entender y recordar permanentemente quién es el aliado y quién es el enemigo.

Tan fácil como mirar a los lados y saber quién está oprimido y quién es el beneficiario de la opresión. Sólo que, en el caso venezolano, el fenómeno llamado chavismo puede perturbar la visión de ciertas cosas y hacernos olvidar los postulados básicos de nuestra guerra, o lo que es lo mismo, hacernos perder el norte de nuestros principios. Hay un ministro o funcionario que le hace formidable trabajo al equipo político del Presidente y hace que éste gane elecciones. Pero ese compañero vive en una mansión, tiene servidumbre (esclavos), se desplaza en una nave que es un monumento al individualismo, al consumismo, a la contaminación y a la vanidad. ¿Estamos seguros de que ese sujeto merece ser llamado camarada? ¿De verdad pertenece a nuestro bando?

6.- Entender y recordar permanentemente que toda acumulación de riqueza es un acto de violencia contra los nuestros, y por ende contra la humanidad.

Incluso las formas legales de acumulación. Es tan despreciable y declarable objetivo de nuestras rabias y acciones el funcionario corrupto que se roba los centavos de un ministerio como el banquero que acumula ganancias apegado a las leyes. Un rico es un miserable, un elemento contra natura; es nuestro enemigo.

7.- Entender y recordar permanentemente que es imposible hablar en términos de reconciliación con el enemigo. Lo único que puede reconciliarnos es la liquidación del sistema que hace posible la existencia de explotadores y explotados.

8.- Entender y recordar permanentemente que estamos en una fase o momento de la guerra (lucha de clases) no convencional, y por lo tanto las armas que usamos nosotros y ellos no son convencionales ni pueden serlo. Liquidar físicamente a un enemigo en momentos en que no ha comenzado la fase bélica de nuestra guerra (caso venezolano) es perder una importante batalla, ya que éstas se desarrollan habitualmente en el escenario de la opinión pública.

9.- Entender y recordar permanentemente que no somos un ejército aislado sino parte de un ejército planetario de pobres y oprimidos contra la opresión y la discriminación.

10.- Entender y recordar permanentemente que en esta guerra las ideas clave son la demolición, la vida, la libertad y la creación: hay que demoler lo que existe, hay que aplicarse al formidable acto de vivir en libertad, y hay que construir aquello que sustituirá lo que estamos destruyendo.

3 comentarios:

Angel Proletario dijo...

Excelente decálogo compañero, muy pertinente para esta etapa del proceso donde más de un "camarada" sigue soñando que aquí haremos la revolución agarrados de manos con los explotadores de este país mientras ellos nos terminan metiendo el dedo en el culo todos los días!!!

Creo ademas que sirve mucho para más de un(a) "opositor@" al socialismo para que vea por donde es que van los tiros, pues conozco gente que son muy panas, muy explotad@s, con mucha sensibilidad social, conscientes de que en el Estado que vivimos hoy hay muchas perversiones de la gente que ostenta cargos de dirigencia en las instituciones y empresas, pero en vez de ponerse del lado de l@s explotad@s y organizarse en torno a las reivindicaciones de nuestra clase, se siguen arrodillando al burgués al comerse el discurso barato de que "no se puede hacer una revolución excluyendo a la discidencia" y que "aquí no hay porque atacar a los empresarios ni a los medios". Pero bueee...como decía mi abuelita QEPD: "Pa' la leche que da la vaca, que se la mame el becerro"!!!

Cuando se bajen de la nube rosa en que viven (y si es que algún día se quieren bajar), se darán cuenta de que han estado legitimando indirectamente el sometimiento de todo un pueblo, aun siendo ell@s parte de los sometid@s!!!

Esta fino el blog Jose Roberto, saludos desde Ciudad Guayana, a ver cuando te pegas una visita por acá para que te vaciles como el fascismo rojo boli-burgués esta volviendo mierda esto por aquí!!!

Saludos Fraternos Compa!!!

Juan J. Espinoza dijo...

Pana que vaina tan arrecha, clarito, para no tener ni que que digerirlo... Ya esto suena a lugar comun, pero...el que tenga ojos que vea.

shogun dijo...

Buen decálogo Roberto, que no son mandamientos sino entendimientos. Eso que mencionas es lo único que Saturnino Longoria, anarquista español, personaje de la novela mexicana Cuatro Manos, nunca se permitió olvidar: De que lado de la barricada estan los amigos y de cual están los enemigos.
Otra cosa hermano, estoy tratando de arreglar el blog, ahora que estoy de regreso a Margarita, y ando buscando sin éxito como incluir un cintillo como el que tienes en la cabecera de tu blog. Te agradezco me indiques como hacerlo. Un abrazo.