Sí, ha habido disturbios en Caracas, merecumbé del bueno: gases, patadas, coñazos, escopetazos de intimidación. Un capítulo más de la vieja e interminable confrontación entre buhoneros y policías. Los primeros defendiendo un principio o "derecho" capitalista (la venta de mercancías, sobre todo en este tiempo de consumo exacerbado) y los segundos defendiendo el reclamo pequeñoburgués que le exige al Gobierno sacar a los buhoneros de las calles, pues estas son "para la gente". Discurso de fondo: "los buhoneros no son gente". Otro discurso de fondo: "Aquí hay falta de Gobierno". Otro discurso de fondo: "Aquí hay exceso de Gobierno". El Gobierno actúa y es una mierda; el Gobierno no actúa y es una mierda. Y no es que me parezca mal: es el viejo juego del gallo pelón con el cual el pueblo se defiende del poder. Ha sido así desde hace muchos años: contra fuerza, astuciaLa coreografía de estas coñazas suele ser la misma desde hace décadas. Tal como en los años 80 y 90, ahora suele suceder que la policía desaloja o pretende desalojar de las calles y aceras del centro y otras zonas de Caracas a los vendedores informales y éstos se defienden mediante una táctica histriónica muy eficaz: apenas se acercan los tombos, una mujer se lanza al piso y alrededor de ella sus compañeros comienzan a gritar que ha sido agredida, golpeada, vejada por un policía. Y ahí entra en juego lo demás, que es la rabia colectiva y la negativa a quedarse sin el centavero que depara la venta de mercancía en estas fechas. Ahí verán ustedes el espectáculo siempre hermoso, siempre gratificante, de uno o varios ciudadanos desarmados encenciendo a coñazos a uno o varios pacos, que no logran espantarlos con la detonación de sus armas. Esa es la energía de la gente nuestra. Ese es el volcán en estado de latencia que cuando no encuentra desahogos puede torcer la historia (o acelerarla). Pero en este caso en particular esa energía suele volver al fondo porque su detonante circunstancial es bastardo: el deseo de unos de ganar plata, plata, plata, plata. Hay quien se deja matar porque le impidieron ganar plata (salud al ánima de Franklin Brito), y esas motivaciones nunca trascienden, nunca se convierten en ideal cierto de lucha. Cuando el ejercicio de la rabia tiene precio ya no vale la pena como motor de la historia. Pero sigue siendo sabroso ver a una doña enfurecida echándole una pela a un paco. ¡Uf!, qué sabroso.
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Vamos ahora con lo que cucarachea en la mente de los jerarcas del poder económico y en sus sirvientes de los los medios de información. Ellos, que siempre consideraron vandalismo cualquier manifestación popular; ellos, que sienten un profundo asco por los buhoneros, no sólo por su extracción social sino porque les quitan la clientela a los comerciantes formales (los que roban igual pero en un centro comercial o en una tienda debidamente registrada); ellos, que jamás participarán en una manifestación popular (una de verdad, no esos remedos comemierdas que han ensayado en Altamira y El Cafetal con el nombre de "guarimbas"). ELLOS, los conspiradores de papel que empujan a la gente a echarse coñazos mientras ellos se sientan a ver y agitar el peo por televisión o por internet, ahora quieren hacerle creer a la gente que la coñaza de los buhoneros es el pueblo arrecho por las expropiaciones en el Sur del Lago, contra la Ley Resorte y en defensa del derecho de Alberto Federico Ravell y Teodoro Petkoff a seguir jugando a los paladines de la democracia sin moverse del este de Caracas.
Por supuesto que no es para hacerse el pendejo e ignorar que por ahí vienen momentos críticos de agitación social, pero de la de verdad. Agitación de pueblo arrecho y no de niños lindos al servicio de manganzones tipo Ramos Allup o Leopoldo. El chavismo oficial está en el peor momento de sus relaciones con el pueblo pobre, y eso generará situaciones duras el año que viene, y seguramente también en el 2012. Pero todavía podemos fijarnos en los movimientos propagandísticos del enemigo (y burlarnos un poco, que es buen ejericio): esos que ven cualquier escaramuza en la calle y se la autoatribuyen, se autoproclaman sus promotores ideológiocos, para engañarse y engañarnos con la idea de que el pueblo está a favor de los multimillonarios. Qué rolo de güevones: como no tienen pueblo y ni siquiera saben qué verga es esa, entonces se cuadran con el primer arrebato que ven por la tele y se sienten ya comandantes de una rebelión. Es que me imagino nada más la cagazón de Miguel Henrique Otero a diez cuadras de una pelea entre niñas y se me alegra el fin de año...
