martes, 22 de septiembre de 2009

El periodista imposible y la guerra en curso

Hace dos semanas entrevisté a José Pimentel, dirigente campesino de Cojedes. Setenta y dos horas después lo acribillaron a tiros. Ya antes lo habían tiroteado, en marzo. Con los documentos que me mostró y las cosas que me dijo escribí una especie de crónica sobre la cual un grupo de periodistas profesionales determinó que no era un ejercicio periodístico. Al principio me arreché, pero luego me sentí orgulloso. “Luego” quiere decir el momento en que me enteré de que José Pimentel no registra actividad cerebral y que, por lo tanto, los terratenientes que lo mandaron a matar cumplieron su cometido: aunque sobreviva, redujeron a cero a un tipo enérgico, carismático, buena gente, de los nuestros. Los multimillonarios que lo asesinaron hicieron su trabajo y entonces yo tenía que hacer el que se supone que es el mío: ir a donde los asesinos y preguntarles: “Doctor Zapata, Toledo o Boulton: ¿Usted mandó a matar a Pimentel?”. Tú sabes, para que el coñoemadre me dijera que no. Eso es lo que se llama periodismo. Algo que cumple con esos requisitos llamados equilibrio, objetividad, imparcialidad: principios del periodismo.
Nunca me sentí tan orgulloso de haberme cagado en esos principios, hermosísimos si hubiera justicia en este puto país, pero inviables en una realidad de mierda en la cual decimos que hay una Revolución pero los ricos siguen jodiéndonos y matándonos, como siempre, sin que paguen por ello.


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Al periodismo hecho en Venezuela se lo llevó el coñísimo. No tiene salvación, se jodió irremediablemente. No es el primer artículo o espacio en el cual vomito este dictamen, y cada vez que me asomo a los espacios informativos mi impresión se reafirma. En Venezuela es imposible hacer periodismo, por la misma razón por la cual aquí no hay espacio para la indiferencia. Aquí si usted no está en un bando está en el de enfrente, y si cree que apartándose de la contienda y yéndose a la playa cuando se están decidiendo cuestiones cruciales o importantes usted se ganará la etiqueta de “neutral”, usted está jodido de la cabeza o no ha entendido de qué se trata todo esto: si usted es indiferente, cobarde o sensible a la incomodidad que genera el no declararse de ningún bando usted no es neutral o “ni-ni”, sino un maldito escuálido. Un pobre güevón que seguramente trabaja para un coñoemadre que lo explota y a quien usted considera un patrón chévere porque no le alza la voz y de vez en cuando le da un día libre, como si ese cabrón fuera el dueño de su dignidad, su libertad y su tiempo.
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Todavía me encuentro a gente que me celebra o me reclama lo dicho en un programa de Venezolana de Televisión: que el periodismo falleció de muerte violenta en el instante en que los periodistas antichavistas decidieron que todo cuanto hicieran Chávez y el chavismo está mal, y fue sepultado con más asco que honores el día que los periodistas chavistas decidieron que la mejor respuesta a eso era glorificar todo cuanto hicieran Chávez y el chavismo. Puesto en el centro de la mesa, aprobado y refrendado ese estado de cosas, está claro que en los medios de información de Venezuela no hay espacio para la verdad sino para la coñaza, el insulto barato, la descalificación inmisericorde, el certamen de injurias, la patá poerculo, el ataque gratuito, la invención de mentiras, el mordisco y el salivazo contra el enemigo y sus factores.
Muy ingenuo o estúpido tiene que ser alguien que a estas alturas del campeonato crea viable el ejercicio del periodismo, entendido éste como la hechura potable, transparente y aguerrida de un oficio que busca, respeta y confronta todos los puntos de vista, para presentarle a la ciudadanía la posibilidad de un balance y una toma de posiciones sobre la realidad. Esa forma de hacer periodismo (la única que puede calificar como tal) fue posible en Venezuela durante varios años y nos dejó verdaderas joyas del arte del equilibrio, la pulcritud y la audacia puestas al servicio de la verdad. Eran tiempos en que el país vivía eso que los ricos gustan de llamar “normalidad”: el estado de cosas en el cual los pobres son sometidos a explotación, segregación y vejación permanente por parte del Estado, las corporaciones, la televisión, la iglesia y la policía, y los pobres nos calamos ese güeveteo con aparente tranquilidad, docilidad y/o resignación. Una “normalidad” que también se fue a la mierda el día que los pobres empezamos a romper esa maldición en cómodas cuotas: todavía estamos oprimidos y sometidos pero ya estamos reventando el yugo de la palabra sacrosanta de la iglesia, los medios y muchas veces de la policía, que ya es bastante.
Debo aclarar algo que seguramente no se colegirá de lo que he dicho antes: que el periodismo haya muerto o sea inviable no me parece bueno ni malo, sino simplemente un fenómeno al cual hay que adaptarse. Sincerarse, asumir el barranco en el cual estamos y dejarse de mariqueras: estamos en una fase muy sucia de una guerra que empezaron ellos, los poderosos (llamémoslos para efectos de este artículo “los dueños y directivos de medios de información”) y los sirvientes de los poderosos (llamémoslos “periodistas y esclavos de los medios de información”).
Cito un artículo del cabrón del Roberto Giusti, publicado en la cloaca denominada “El Universal” el 21 de mayo de 2002: “En este país, aunque usted no lo crea, los periodistas y los militares se parecen en algo. Tanto ellos como nosotros, y como casi todo el mundo, en realidad, están sometidos a una serie de normas capaces de desnaturalizar principios universales referidos al comportamieno ético en el ejercicio de su profesión” ... “si usted, periodista, se encuentra en un país donde el toque satánico del caos lo tiene todo revuelto, no puede caer en el chantaje de una pretendida objetividad, en un falso equilibrio informativo que lo mantiene en el mero centro del derrumbe total, inmóvil y feliz, tirándosela de ni ni”.
Nunca estuve tan de acuerdo con este coñoemadre, a quien una vez le espeté un crimen: haberle echado una tonelada de mierda a Jorge Nieves, asesinándolo moralmente un mes antes de que lo asesinaran físicamente. La diferencia entre los hijos de puta como él y los pendejos como nosotros es que ellos saben que estamos en guerra y están actuando en consecuencia, mientras que nosotros (que también sabemos que estamos en guerra) permanecemos inmóviles y jugando a un juego indigno y desesperadamente patético que dice: “Oh, me has agredido, ¿viste, mami, que los violentos son ellos?”. Pero poco a poco cada quien ha ido tomando posiciones en esta guerra maldita y brutal (como lo es toda guerra, por definición). El mundo es una mierda y de esta mierda soy adicto, dice una canción de los raperos de Guerrilla Seca. Los parafraseo con gusto: esta guerra es sucia y de esa suciedad se vuelve uno adicto. Así que antes que salvar al periodismo, me he dedicado a indagar en los adentros y en la Historia cómo se puede ser honesto, responsable y estar blindado en la ética cuando uno está en guerra, ya que en el periodismo no se puede. La respuesta la conozco hace rato: ubicándonos del lado de los pobres y los oprimidos, que somos nosotros mismos. Y ser implacables con ese enemigo, al que hace rato se le pasó la mano.

Ah verga, aprendamos del lumpen:

13 comentarios:

enigmas PRESS / Gandica dijo...

Un post crudo.(Pero digerible)
Realista.

Con el sello particular de decir usted las cosas: Suavemente y con sabor a raíz de Regaliz.

El que quiera entender que entienda.(Ludovico Silva)

En fin lo que más me ha gustado es que el post me recuerda el verdadero sentido genuino de la edad de oro de los blogs.

Un blog es un blog fallido cuando deja a su lector igual que antes de leerlo. (Aquí por supuesto no se cumple eso sino que más de uno sale jamaqueado... casi que me incluyo)

Un post debe trastornar la vida de quien lo lee, de un modo u otro. Trastornarlo todo. Poner todo en cuestión...(Merhol)

Y ese poner todo en cuestión, pues sabemos que se llama periodismo

Nota final: cuando menciono el término periodismo incluyo también el nuevo periodismo del Estado revolucionario.

Un cordial saludo como siempre.

H dijo...

JRD:
Cada quien está del lado que tiene que estar. El enfrentamiento está ahí, la guerra empezó hace rato. nosotros, pensando con la televisión, no nos damos cuenta. La derecha aquí es tanto o más reaccionaria y cruenta que la de Chile cuando hizo el golpe del 73( o sea, la misma que ahorita), la argentina, la hondureña. Y lo peor es que el Gobierno a veces actúa como si fuera de derecha. Aquí, se cambian los nombres de los que mandan y no ha pasado nada.

Y seguimos creyendo que "el venezolano" es un tipo simpático y echador de vaina como el vecino de al lado, como tu pana de la universidad, como el jefe que te da un dia libre de vez en cuando y te invita a los sancochos familiares a pesar de que te tiene tó jodío, como dices tu.

Yo no tomo parte por el gobierno porque a veces los que están manejando el Estado toman decisiones y se comportan de la misma forma que los oligarcas. Nos van a cojer si la gente no asume con responsabilidad las riendas de lo que tiene que asumir y se dejan de la pendejera. Pa unirnos no necesitamso un partido. Unión somos todos los mismos y conciencia de lo que en verdad somos, eso necesitamos. Que haya justicia, que se haga justicia porque la paz sin justicia es la "normalidad" que mencionas tu en el artículo.

Gracias por el espacio.

Reinaldo Iturriza López dijo...

Duro ahí, cámara.
Abrazo.

simone dijo...

Cumpa,no es sólo para darle la razón, es que la tiene y con creces. Usted sabe que el Tribunal Supremo de Justicia sigue siendo una entelequia, las estructuras mentales del periodismo venezolano son las que promueven Ugalde en la Católica y la Arocha y sus predecesores en la Central y nuestro amado Presidente es una pieza nueva dentro de un motor viejo que no quiere arrancar. ¿Qué hace La Asamblea Nacional mamagüeviando, como decía mi santa abuela, cuando se necesita trabajar horas extras para aprobar las leyes que necesitamos para echar a andar este país? No niego su trabajo ni lo descalifico (el de la AN), hay allí compañeros valiosos, pero la mitad sobra, aparte de la ineptitud y la flojera que campea. Los pocos ministros que le echan bolas de verdad no alcanzan a cubrir todos los frentes, pese a sus esfuerzos, porque hay otros que paracen cristos, pero por lo pesadas que son sus cruces. Lo más doloroso es la soledad de Chávez. Está terriblemente solo en todo lo ancho de la palabra. La proxémica aquí se nota irremisiblemente cuando contrae los músculos de la cara porque tiene que calarse a alguien porque es el menos malo. La esperanza está en el pueblo, en la gente, en los grupos que motorizan en los barrios y dentro de ellos formas de organización novedosas, muchas veces creadas por ellos. Eso me consta, porque me han dado lecciones en ese sentido. De esos grupos emergerá, por fin, un nuevo orden que, de abajo hacia arriba, empuje este proceso. Lo contrario es imposible. Adelante, camarada, por acá, estamos empujando la carreta, aunque los hijos de puta sigan haciendo peso. Un abrazo, Simone.

Fuego negro dijo...

Cuando en un país no hay periódicos sino panfletos, no hay partidarios sino partisanos, se habla de los otros con nombres como "adversario" o "enemigo" y se forman dos grupos impermeables e irreconciliables, basta un puñado de armas bien repartidas y ya tenemos el lío formado. Pero no hace falta que salga humo de los cañones para tener una guerra. La guerra no comienza cuando suena el primer disparo sino cuando dejas de ver al prójimo como a un semejante y le cuelgas una etiqueta que lo identifica como distinto, adversario, enemigo. Visto así, la guerra ya hace años que ha comenzado en Venezuela y en otros muchos sitios aparentemente pacíficos.

Leo Felipe dijo...

El periodismo en este país se fue al coñísimo, pero de bolas que sí se puede hacer con ética, transparencia, profundiad, respeto y contraste de posturas. Todos saben que esta guerra la vamos a ganar los ingenuos y los estúpidos. Un abrazo.

mary dijo...

Saludos!cada quien observa la verdad real y cruda que vivimos los humanos,venezuela por el momento historico que vive la realidad es dura pero los inteligentes como tu y como yo tenemos que expresaremos siempre realidad con vocacion de transformarla.

Kenny García Ortega dijo...

Hay un error conceptual al creer que es el "periodismo" lo que está descompuesto y no los periodistas. Los periodistas son corresponsables directos del devenir del periodismo y ellos son la fuente de la que surgen aguas descompuestas o no. A la final, el que redacta, investiga, entrevista, etc es el periodista y no la sociedad, pero si el comunicador basa su trabajo en función del "qué dirán" o en función del "bozal de arepa" ya se empezó mal. Repito, el detalle son los periodistas, la decisión última es de los periodistas y la "debacle" del periodismo es consecuencia directa de la "debacle" de quienes lo ejercen. Periodistas antiéticos, cómodos, faranduleros,mentirosos, etc abundan y en todos lados. Muy fácil culpar a la sociedad y al "país de mierda" por las faltas de los profesionales o no de la comunicación. La NEGACIÓN va por delante y la ausencia de reflexión e instrospección es evidente.

JRD dijo...

Kenny. Es que reducir el problema a un conjunto de responsabilidades individuales es no ver el problema estructural: la gente no se vuelve mierda sola, es el producto del sistema descompuesto en que vive. En el caso de los periodistas, ¿qué otra cosa puede salir de una fábrica de burgueses como la Academia? Hay quienes escapan a esa lógica, cómo no. Pero cuando alguien va allí a "formarse" pues se deforma.

Kenny García Ortega dijo...

El detalle es que las estructuras son modificadas partiendo de iniciativas individuales que, luego, se convierten en grupales, luego, en movimientos y así sucesivamente. Es como justificar a un corrupto porque la "estructura" le facilita la corrupción, cuando son los principios, valores y creencias del individuo lo que lo frena o ayuda a actuar en X o Y dirección. Yo siempre he dicho que más he aprendido por mí mismo que por lo que ví en la universidad. Creo que la introspección es necesaria en cada quién para evaluar con claridad y sensatez el camino que se quiere seguir. Si vamos al núcleo primario de toda sociedad llegaremos entonces a la familia, pues a ella habría que echarle la culpa también de los males. Curioso que haya gente que creció en circunstancias y escenarios 100% adversos que orientaban a una vida delincuencial pero hayan dado un vuelco total y sean hombres y mujeres de bien. Creo el problema acá es la identidad y conciencia que como individuos tenemos en el hecho social. La culpa es de uno mismo y del enfoque que le das a las cosas que pasan y en las cosas que puedes repercutir. Creer que la culpa es de un "ente", "estructura" o sociedad es atribuirle la toma de decisiones propias a quien o quienes no tienen vela en ese entierro. Saludos

JRD dijo...

En fin. Sospecho que esto se puede convertir en una discusión acerca de qué es un "hombre de bien". Aunque por ninguna parte dije que la gente no debe hacerse responsable de lo que hace; aunque en ninguna parte justifiqué el coñoemadrismo y la responsabilidad de TODOS los profesionales, tengo en cuenta que el ser humano es un ente colectivo, producto de interrelaciones y de un ámbito, y no sólo de un trabajo solitario de reflexión y decisiones individuales. Esa posición que pretende poner a la tía de uno como ejemplo de cómo deben ser todas las mujeres (porque la tía fue pobre, no tuvo padre, la mamá le pegaba y tal y ahora no es prostituta sino empresaria) es un recurso individualista y egocéntrico: insinúa que si YO pude salvarme de ser un sicópata los demás también pueden, y si no lo hacen entonces que se jodan. Dale, gracias por el aporte a la discusión.

JRD dijo...

Por cierto. Lee esto sobre la familia: ginoelsocorro.blogspot.com/2010/05/la-familia-celula-fundamental-del.html

Kenny García Ortega dijo...

Mi punto es el enfoque. Recuerda que los análisis societales parten del individuo, eso no es supremacía del egocentrismo o individualismo. Debes fragmentar a la sociedad en cada una de sus partes. La contradicción puntual está en el hecho de que hay individuos periodistas que no se dejan arrastrar por el torbellino de lo que los rodea que según tu análisis es de "mierda", allí es donde viene la pregunta ¿por qué? igualito, creo que si la "estructura" fuese perfecta como tú quieres y en las escuelas y universidades se formara como tú anhelas, de seguro habría gente "torcida" ejerciendo. Vendría de nuevo la pregunta ¿por qué? y la respuesta surgiría al analizar a cada individuo por separado. "Cada cabeza es un mundo" dice la sabiduría popular y hay que tomar eso en cuenta. Saludos