martes, 21 de diciembre de 2010

Disturbios y propaganda

Sí, ha habido disturbios en Caracas, merecumbé del bueno: gases, patadas, coñazos, escopetazos de intimidación. Un capítulo más de la vieja e interminable confrontación entre buhoneros y policías. Los primeros defendiendo un principio o "derecho" capitalista (la venta de mercancías, sobre todo en este tiempo de consumo exacerbado) y los segundos defendiendo el reclamo pequeñoburgués que le exige al Gobierno sacar a los buhoneros de las calles, pues estas son "para la gente". Discurso de fondo: "los buhoneros no son gente". Otro discurso de fondo: "Aquí hay falta de Gobierno". Otro discurso de fondo: "Aquí hay exceso de Gobierno". El Gobierno actúa y es una mierda; el Gobierno no actúa y es una mierda. Y no es que me parezca mal: es el viejo juego del gallo pelón con el cual el pueblo se defiende del poder. Ha sido así desde hace muchos años: contra fuerza, astucia
La coreografía de estas coñazas suele ser la misma desde hace décadas. Tal como en los años 80 y 90, ahora suele suceder que la policía desaloja o pretende desalojar de las calles y aceras del centro y otras zonas de Caracas a los vendedores informales y éstos se defienden mediante una táctica histriónica muy eficaz: apenas se acercan los tombos, una mujer se lanza al piso y alrededor de ella sus compañeros comienzan a gritar que ha sido agredida, golpeada, vejada por un policía. Y ahí entra en juego lo demás, que es la rabia colectiva y la negativa a quedarse sin el centavero que depara la venta de mercancía en estas fechas. Ahí verán ustedes el espectáculo siempre hermoso, siempre gratificante, de uno o varios ciudadanos desarmados encenciendo a coñazos a uno o varios pacos, que no logran espantarlos con la detonación de sus armas. Esa es la energía de la gente nuestra. Ese es el volcán en estado de latencia que cuando no encuentra desahogos puede torcer la historia (o acelerarla). Pero en este caso en particular esa energía suele volver al fondo porque su detonante circunstancial es bastardo: el deseo de unos de ganar plata, plata, plata, plata. Hay quien se deja matar porque le impidieron ganar plata (salud al ánima de Franklin Brito), y esas motivaciones nunca trascienden, nunca se convierten en ideal cierto de lucha. Cuando el ejercicio de la rabia tiene precio ya no vale la pena como motor de la historia. Pero sigue siendo sabroso ver a una doña enfurecida echándole una pela a un paco. ¡Uf!, qué sabroso.
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Vamos ahora con lo que cucarachea en la mente de los jerarcas del poder económico y en sus sirvientes de los los medios de información. Ellos, que siempre consideraron vandalismo cualquier manifestación popular; ellos, que sienten un profundo asco por los buhoneros, no sólo por su extracción social sino porque les quitan la clientela a los comerciantes formales (los que roban igual pero en un centro comercial o en una tienda debidamente registrada); ellos, que jamás participarán en una manifestación popular (una de verdad, no esos remedos comemierdas que han ensayado en Altamira y El Cafetal con el nombre de "guarimbas"). ELLOS, los conspiradores de papel que empujan a la gente a echarse coñazos mientras ellos se sientan a ver y agitar el peo por televisión o por internet, ahora quieren hacerle creer a la gente que la coñaza de los buhoneros es el pueblo arrecho por las expropiaciones en el Sur del Lago, contra la Ley Resorte y en defensa del derecho de Alberto Federico Ravell y Teodoro Petkoff a seguir jugando a los paladines de la democracia sin moverse del este de Caracas.
Por supuesto que no es para hacerse el pendejo e ignorar que por ahí vienen momentos críticos de agitación social, pero de la de verdad. Agitación de pueblo arrecho y no de niños lindos al servicio de manganzones tipo Ramos Allup o Leopoldo. El chavismo oficial está en el peor momento de sus relaciones con el pueblo pobre, y eso generará situaciones duras el año que viene, y seguramente también en el 2012. Pero todavía podemos fijarnos en los movimientos propagandísticos del enemigo (y burlarnos un poco, que es buen ejericio): esos que ven cualquier escaramuza en la calle y se la autoatribuyen, se autoproclaman sus promotores ideológiocos, para engañarse y engañarnos con la idea de que el pueblo está a favor de los multimillonarios. Qué rolo de güevones: como no tienen pueblo y ni siquiera saben qué verga es esa, entonces se cuadran con el primer arrebato que ven por la tele y se sienten ya comandantes de una rebelión. Es que me imagino nada más la cagazón de Miguel Henrique Otero a diez cuadras de una pelea entre niñas y se me alegra el fin de año...

jueves, 16 de diciembre de 2010

Internet, ciertas libertades, ciertos derechos y algo sobre la derecha unida (chavista y atichavista)

Reproduzco aquí dos comentarios recientes de usuarios en el post anterior (La Ley Resorte ya es un asco):

15 de diciembre de 2010 a las 21:31
Edgar Zurita dijo:

Hasta hoy le sigo compa, mire que habla de la ley resorte y revisa tus condiciones para publicarme un comentario. Compadre usted teme que perdamos el poder, compadre el poder es del pueblo y si el pueblo en verdad lo ejerse nunca lo perderemos. Por lo demas ya estas tirando a la derecha o centro pero menos pa la izquierda. Señor usted tiene su propia ley resorte vamos a ver si publicas el mio por criticarte. Je
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16 de diciembre de 2010 a las 04:10
Joe Garagnon dijo:

MI pana, Soy un consecuente lector de tus metrallas, aunque no comparta tu chavismo, no por cuestiones de valores. Lo mìo es màs superficial Eso me pasa por calarme tantos alò presidente, provovaron em mì esa sensaciòn de estar ante un show man.Cuando llegue el momento de tu vida, en el que seas condenado a la contrarevoluciòn- (algo similar a lo que el camarada Lenin hizo provocando la aniquilaciòn del constructivismmo ruso, por ser un agente peligroso por ser na amenaza para conciencia revolucionaria¡colectiva). Toda esa caterva de diputados nuevos y alcaldes y gobernadors que estàn por venir "hieden a oligarquìa" Y si Chàvez no entienede que con esas chatarras no vamos ni a la esquina, serà,el momento de reconquistar las montañas insurgentes de hace 50 años

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Garagnon, lee el comentario de Zurita.
Zurita, lee el comentario de Garagnon.

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A Zurita le pasa lo mismo que a todos los que se creyeron el cuento de la "libertad de expresión" y toda esa mariquera pequeñoburguesa mediante la cual nos han estafado durante todo un siglo. Zurita cree que yo atento contra "su" libertad porque yo ejerzo una que me da la gana de ejercer: publicar en este blog, del cual no soy dueño pero sí moderador, lo que me da la gana y no lo que quiera publicar aquí cualquier oligofrénico enamorado (y mire que hay unos cuantos tecleando parejo en internet; más adelante les muestro uno o dos). No sé si el caballero ha detectado alguna diferencia entre mi persona y el Estado. Digo, no sé, a lo mejor se dio cuenta de que hay algo así como una pequeñísima diferencia entre el poder del uno y el otro. ¿No?
Por lo demás, revise el alcance del término ese, "libertad de expresión", y después dígame si yo tengo poder para impedir que usted publique lo que le dé la gana donde le dé la gana (menos en este espacio, donde se publica sólo lo que yo quiero). Vaya, haga una prueba. Abra un blog y escriba allí sobre mí lo que le dé la gana, y luego verifique, a ver si yo puedo impedirlo. Sorpresa: no puedo impedírselo, ni que quisiera (y no tengo por qué querer).
Le propongo una prueba más: vaya a las páginas del Gobierno RRRRRRRRRevolucionario cuyas leyes, según sospecho que usted cree, son de izquierda (porque si yo me opongo a ellas soy de derecha) y trate de publicar en ellas lo que le dé la gana. Vaya, haga esa pruebita y después viene y nos cuenta.
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En cuanto a Garagnon, creo no haber entendido eso de que estoy condenado a la contrarrevolución. A lo que quizá sí pueda estar condenado es a actuar contra el Gobierno, si éste sigue girando a la derecha. Pero en la Revolución estamos los que estamos. Podré renunciar al chavismo, pero no a la Revolución. Eso no es posible, porque la Revolución es una condición inherente al pertenecer a la porción de la humanidad que ha sido expoliada, y que ha de acabar con este sistema. A eso no se puede renunciar. La Revolución no es una chapa, ni un cargo, ni un partido, ni un título.
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Regreso con Zurita. Iba a afincarme en esa afirmación de que "el poder es del pueblo" (premisa que no soporta ni un estornudo), pero prefiero volver al asunto de la presunta censura que yo aplico, y al curioso hecho de que hay coñitos de ultraderecha, tecnócratas, sicópatas, pajizos, pichones de sabios, preintelectuales angustiados y aficionados a las lecturas de filósofos europeos, que piensan lo mismo que usted al encontrarse con mis advertencias para publicar aquí. Qué coincidencia, ¿no? Los chavistas-oficialistas y los antichavistas más prohegemónicos pensando la misma cosa. Chico, ¿será casualidad eso?
Si mi poder de censurar fuera cierto no habría tanto bicho suelto por ahí escribiendo artículos en mi contra, declarándose admiradores míos pero pidiéndome a gritos que por favor los tome en cuenta, que les hable, que les responda, que les haga el favor de debatir con ellos o de echarles aunque sea el salivazo que los haga sentir menos miserables, menos despechados porque ni siquiera los ignoro. Esos blogs y páginas web existen, están disponibles en la web y allí permanecerán. Sus moderadores me han dedicado y siguen dedicándome laaaargos ensayos, artículos o aunque sea breves posts, en los cuales me han tirado de todo para ofenderme (o tratar de): corrupto, racista, marico, loco, borracho, ignorante, intelectual, burócrata, magallanero, chismoso, copión, y ahora censor. Cualquier mierda que se pueda decir contra un hombre, y que no me la hayan dicho antes en la calle y en el barrio, ya estos vergajos me la dijeron. ¿Qué he hecho o qué haré para evitar que sigan haciéndolo? Pues nada de nada. ¿Y si tuviera el poder de hacerlo? Pues tampoco, aunque no tendré nunca la oportunidad de averiguar si sería capaz, porque nunca en la vida tendré un cargo o posición de poder en las estructuras formales burguesas (Estado o corporaciones).
En cuanto a los sitios moderados por la mencionada parranda de muchachitos comelibros obsesionados conmigo (jamás comprenderán cómo es que un taxista puede tener la capacidad para discernir que ellos no tendrán nunca), ya les copiaré un enlace. Mencionarlo aquí será mi regalo de navidad para el más obsesivo de mis seguidores-adoradores-detractores. En su última entrega me llama "mi anarquista virtual preferido" (¿no te digo yo?). Lean "eso":

http://www.panfletonegro.com/volante/2010/12/14/relativismo-resorte-y-democratas-del-siglo-xxi/

Entre otras cosas, se burla el pobre aspirante a neoyorkino de que yo no crea posible una sociedad anarquista o libertaria ahora mismo. Y se divierte porque cree que eso de "lucha de clases" es una guerra con cañones y misiles (y por lo tanto cree que en Venezuela no hay "de eso"). No se ha dado cuenta de que el peo ya empezó hace rato, mientras él estaba dialogando en sombrías bibliotecas con los divertidísimos autores holandeses del siglo 19.
En ese escrito se nota más bien moderado, a pesar de que su sobrecalentado subconsciente lo empuja a regodearse en mi uso de la palabra "güevo". Pero en otros anteriores (si tienen la paciencia de ponerse a escarbar en semejante clóset) verán algún despliegue de roña salvaje contra mí y contra mis escritos. Pobre patuleco reprimido que perdió su juventud yendo a una o varias universidades y ahora no soporta que un pobre sin estudios lo toree y se ría de sus provocaciones. Alguna vez lo leí con interés porque parecía tener buena capacidad y pundonor para el debate. Hasta que, en una de sus arremetidas, utilizó un recurso asqueroso, de esos que me han llevado a escribir mis "normas" para comentar en este blog. El bicho me dedicó un artículo (¡otro!) para echarme mierda, pero como no la tenía fácil se sacó esta de la manga: me puso a decir lo contrario de lo que yo había dicho, y a partir de allí construyó un personaje ficticio (el JRD de sus sueños), al cual sí pudo vapulear a placer, porque ese JRD que dice lo contrario que yo no salió a defenderse (y por supuesto, yo tampoco).
Bueno, pues ¡felices pascuas, "Krisis" (así se hace llamar el ultraintelectual en cuestión)! Al fin, después de tanto hacer maromas para figurar en este blog, aquí está tu regalo, tu premio de consolación. ¡Felicitaciones! Ya podrás decirles a tus amigos seudofilósofos que un día volteé para mirarte y escribir unos párrafos sobre tu "obra". Te los mereces.
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Así ando por la vida: diciendo lo que me da la gana y haciendo arrechar a quienes tienen una cabilla adentro que les impide doblarse, mirar por debajo, saltar. El chavismo me acusa de antichavista y el antichavismo me dice chavista, y esas cosas me indican que voy en el camino correcto, y que dentro del chavismo existe una tendencia que ya muchos detectamos hace rato: una derecha conservadora, una burguesía y unos ejemplares lamentables de clase media, que por serlo terminan pensando, actuando y deseando lo mismo que sus colegas antichavistas. El chavismo de derecha se salvará del proceso de arrase contra el chavismo que sobrevendrá cuando este Gobierno cese en funciones; nosotros seguramente no. O quizá sobrevivamos como lo hacíamos antes: bajo asedio de la hegemonía más poderosa de la historia, que está en la etapa final de su existencia pero por lo mismo se ha vuelto más voraz y agresiva.
Y acá estaré, mientras pueda. Fiel a mi decisión de no querer caerle bien a nadie sino de decir unas cuantas vergas más allá de etiquetas y posiciones prefabricadas. Tómenlo como otra declaración de principios.

lunes, 13 de diciembre de 2010

La Ley Resorte ya es un asco; ahora será más asquerosa... pero (afortunadamente) inaplicable

La Ley Resorte ya era inaplicable al nacer. Un papel que impide decir "coño" por TV mientras los chamos andan desatando sus hormonas desde los 10 años, perreando y reinventando el lenguaje en la calle, no es una ley sino el grito conservador de una burocracia conservadora.
Y ahora le agregarán más vainas inaplicables, como la prohibición de decirle burgués corrupto comemierda a Diosdado Cabello y a Henri Falcón. ¡Ah no, perdón!, antes no se podía hablar mal del güevón del Henri (como antes no se podía hablar mal de Miquilena, Pablo Medina, Alfredo Peña, Angela Zago...), ahora sí está permitido.

Ya antes hice reflexiones al respecto:


Recalco ahora la siguiente acotación: qué atrofiado sentido de la responsabilidad histórica y qué ignorancia del arte de la política, ponerse a crear estas herramientas-dinosaurio que un día caerán en manos del enemigo, y ese sí sabrá usarlas en contra nuestra. Al chavismo en funciones de Gobierno le da miedo, pena y pudor aplicar ciertas medidas, por culillo al "qué dirán". Cuando el antichavismo vuelva al control de su Estado de mierda (ese Estado podrido que no fuimos capaces de desmontar, sino que lo estamos fortaleciendo) ahí sí verán ustedes lo que es control totalitario, cierre de medios, represión y persecución. Y verán también a los derechistas declarados y a los derechistas de clóset celebrando el silenciamiento de todo lo que huela a chavismo, a izquierda y a pueblo. Hoy es malo pegarle a Globovisión; mañana el cierre de centenares de emisoras comunitarias y alternativas será motivo de fiesta. Porque aquí nadie cree en la libertad ni una cabeza e machete: aquí todo se vale (todo: desde golpes de Estado hasta acusaciones y ataques a la dignidad: todo) siempre que se le aplique al enemigo. Con el hocico se llaman demócratas pero eso es lo que bulle en los adentros: el deseo de que el otro no exista o que su vida sea un asco insoportable.

Así que, señores antichavistas, pueden dormir tranquilos: la Ley Resorte podrá decir lo que sea, pero nadie la va a aplicar. La burguesía y la clase media dentro del chavismo no se atreverán a atentar contra sus iguales antichavistas.

Y sí, la Ley Resorte ya es un asco y será mucho más asquerosa si le meten las modificaciones propuestas. En lo personal, yo me aplicaré a violarla cada vez que me salga del forro, como en efecto la violo cada vez que me invitan a la radio o a la TV. Lo más lamentable que pudiera pasarme a mi edad es tenerle miedo (o tan siquiera respeto) a alguna ley. Me cago en todas, y en esta en particular.

domingo, 5 de diciembre de 2010

196 años de la Batalla de Urica


Un aniversario más se cumple de la batalla de Urica (1814), momento emblemático, por misterioso, de la historia de nuestro pueblo: el primer jefe de la democracia, en su etapa germinal y más brutal, José Tomás Boves, cae abatido de un lanzazo en pleno campo de batalla, pero el Ejército Popular conformado por su gente, los esclavos y sirvientes alzados, continuaron la batalla y la ganaron. Mataron al jefe, pero nada pudieron hacer Ribas, Bermúdez, Zaraza y el resto del ejército patriota para contener al único ejército capaz de derrotarlo: el pueblo enardecido.
Porque las hordas de Boves no eran en realidad un ejército: era el pueblo que había entrado en combate. Cuando la masa de esclavos se acercaba a una población y llegaban noticias de ello ya el ejército mantuano comenzaba a desmoronarse. La servidumbre y los esclavos, el pueblo más pobre, comenzaba la fiesta de la victoria antes del primer disparo y el primer degollamiento: el grito que indicaba la cercanía de la apoteosis era el aterrador anuncio "¡MUÉRANSE! ¡LLEGÓ EL HOMBRE! ¡LLEGÓ BOVES!", con lo que los aristócratas y propietarios y sus fieles comenzaban en efecto a morirse.
Esto dice el cura Llamozas del traslado del cadáver de Boves a la iglesia de Urica: ""Don Josef Ambrosio Llamozas. Dignidad de Tesorero de esta Santa Iglesia Metropolitana, caballero de la Orden Americana de Isabel la Católica, condecorado por S. M. el Rey de los franceses con la Flor de Lis. Como Vicario y Capellán primero que fui del Exército de S. M. en Barlovento, certifico en debida forma que el señor don Josef Thomas Boves, Coronel de los Reales Exércitos y Comandante general de aquella División, falleció en la acción que dimos en las inmediaciones de Urica, a primeros de diciembre de 1814, cuyo cadáver conduje yo mismo del campo de batalla, en compañía de Andrés Tomé, Juan Esteban Relazques Y don José Sánchez Correa; y le di sepultura en el primer tramo de la iglesia parroquial del pueblo de Urica. Y para que conste, lo firmo en esta ciudad de Caracas, a 4 dé diciembre de 1816". Otros testimonios narran que fue enterrado envuelto en largas vendas, y que al cadáver le ataron los pies para que cesara su andar. Dejó de hacerlo, sí. Pero el pueblo sigue andando.
De José Tomás Boves rescatamos, 196 años después, no al hombre sino a la metáfora, al aporte para la historia. El asturiano demostró, en primer lugar, que cuando los pobres y desposeídos se unen quedan rebasadas y sin sentido las nociones de patria, nacionalidad y raza (ese era el dato imcomprensible por el cual el taita más querido de su tiempo, es decir, él mismo, fuera blanco y español, y sin embargo era guía y timonel de la negritud más humillada). Y en segundo lugar, que el pueblo no necesita jefes para alcanzar la victoria.
Honor y gloria al Taita José Tomás Boves, y a su pueblo furibundo (nosotros mismos), que todavía no ha alcanzado su redención.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Desobediencia y conspiradores de cartón

Primero, lo particular, y después lo general.
Yo sí estoy de acuerdo con que la gente en ejercicio de su arrechera forme peo y le prenda candela al Metro cuando éste funcione mal.
Después de esta declaración vienen reflexiones más incómodas, a saber: ¿por qué la gente forma peo si para donde la lleva el metro es a la ignominia de un trabajo mal pagado? ¿Por qué ese apuro para meterte en el infecto vagón que te llevará a un campo de concentración (lugar de trabajo) más infecto y degradante aun?
Pero vamos al plano inmediato, que es la actitud ante la ofensa: el ser humano que se siente burlado por una institución y reacciona con rabia. Eso está bien y va con la historia del pueblo: la rebelión o las rebeliones son hechos colectivos, no experimentos ni formulaciones teóricas.
Y entonces viene lo otro: ¿cuándo la rabia es genuina y cuándo es provocada por unos aspirantes a líderes que tiran la piedra y esconden la mano? ¿Cómo detectar un chispazo de alcance monumental como el del 27-F y cómo diferenciarlo de la escaramuza provocada por una macoya de maricos que ponen a la gente a pelear, pero sin ellos salir de su apartaco en Altamira?
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Una de las actitudes más hermosas y enaltecedoras del ser humano oprimido es la desobediencia. Hay caminos individuales que conducen al ser revolucionario. Un primer peldaño sería la transgresión consciente a la norma simple: el desafío al orden y la autoridad que se nos impone día a día de las formas más sutiles (en la casa, en la escuela, en el trabajo). Los pasos siguientes ya requieren más elaboración, formación y sentido de la oportunidad (las trasgresiones políticas contra leyes, instituciones y jerarquías). Pero un primer paso para ser revolucionario y/o libertario es el ser rebelde: esa cosa que nos empuja desde adentro a no besarle la mano al obispo, rendirle pleitesía al poderoso, pararnos firmes cuando suena el himno nacional o ponerse a las órdenes del figurín encumbrado.
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Pero hay conductas en apariencia rebeldes, transgresiones sonoras y efectistas, que no califican como Desobediencia porque tienen como fin el respaldo solapado a formas de opresión. Los miles de güevones que marcharon en 2007 "contra el cierre de RCTV" se creían pilares fundamentales de una presunta lucha por la libertad y la democracia, cuando en realidad estaban dejando músculo y sudor en aras de los intereses de una familia tiránica y coñoemadre. Luchar contra la tiranía de Hugo Chávez y apoyar la tiranía empresarial que se viene: gran verga. Qué clase de rebeldes, esos burros y burras (discurso de género adelante) que con tal de liberarse de este espantoso comunismo son capaces de darle el culo a los pervertidos de Primero Justicia, AD o el club de fans de Manuel Rosales.
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Las últimas semanas han sido un hervidero de rebeldías posibles que al final han resultado ser puro lameculismo encubierto. ¿Usted quiere identificar a un conspirador genuino, a un transgresor desde la sangre, a un rebelde honesto? Observe su acto de desafío a la autoridad y luego su actitud ante la opinión pública. Alguien que desafía y transgrede y después ratifica su posición, interpélelo quien lo interpele, es un señor conspirador y merece respeto, no importa de qué bando sea. Pero dígame usted el caso de este relambepipe:

http://www.noticias24.com/actualidad/noticia/180429/enjuiciaran-a-hombre-que-ofendio-a-jefes-de-gobierno-con-mensaje-en-franela/

Públicamente, ante las cámaras de su televisora favorita y rodeado de la gente que piensa igual que él, le informaba a Hugo que se cagaba en su revolución. Todo bien: tipo valiente, ¿ah?
Transcurridos unos días, el bicho vuelve a ser noticia al meterse de esta manera su rebeldía en el hueco del culo: No traté de insultar a Chávez.

Y esa es apenas una actitud individual. Pero está la actitud de todo un partido, los neonazis de Voluntad Popular, quienes promovieron disturbios en la estación del metro de Propatria, y luego le han dicho al país: "VP desmiente presunta participación en protesta del Metro de Caracas". Y se entiende: esa no es la actitud de los vergajos que agitaron la masa sino la del dueño del partido, el Leopoldo López.
Conspiradores de televisión y café con leche, son incapaces de responsabilizarse de nada que amenace su confort o contradiga lo que les ha chorreado por la jeta en forma de proclamas altisonantes.
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Una única moraleja al respecto vendría a ser la verificación de algo que está de cajón: usted sólo puede ser rebelde y transgresor en presencia de una opresión o tiranía real. Cuando usted juega al insurgente es porque no tiene nada real contra qué insurgir. Sólo el pueblo oprimido es capaz de verdaderas insurrecciones: los pobres luchamos por derechos, los ricos y la clase media luchan por privilegios.
El pueblo venezolano ha llevado a cabo una rebelión que en cualquier momento pudiera hacerse revolucionaria: esto de elegir y reelegir una y otra vez a un sujeto como nosotros mismos (irresponsable, ingrato a la vista y al oído de los pichones de aristócrata, audaz y contracultural) es apenas el primer paso de actos desobedientes más profundos. Eso es lo que el antichavismo en pleno no termina de entender: así derroquen a Chávez, así ganen alguna de las elecciones presidenciales venideras, la índole libertaria está aquí adentro, presente y latente, y eso no se apaga con propaganda ni con terrorismo ni con policía. Ya se darán cuenta, quizá cuando sea demasiado tarde para ellos.

viernes, 12 de noviembre de 2010

La rebelión desde el habla

Los datos de rebelión humana que fluyen y estallan en distintos puntos del planeta son de una variedad sabrosa, multicolor, sincrética. No parece gratis que sea caribe una de sus manifestaciones político-institucionales más visibles.
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Los actos revolucionarios son actos de pueblo, y estos son muchas veces ignorados o secuestrados por las hegemonías y los poderosos en su acción opresora. Uno de los actos de rebelión más constantes del pueblo todo, de la humanidad en rebelión en contra de los saberes impuestos, es tan natural y cotidiano que casi no se percibe o no se toma por revolucionario. Fíjense en el inútil y ridículo empeño de La Academia y las academias (y también en la ignorancia de muchos sumisos por vocación) en querer secuestrar, mediante el control institucional o imposición del “criterio de autoridad”, un asunto tan bullente y relampagueante como el idioma. Caso particular, el idioma castellano: esta materia con la que nos comunicamos.
En los últimos días he pasado revista a toda una suerte de preocupaciones, indignaciones, apoteosis de la ridiculez y el maquillaje, por parte de elementos que para parecer “cultos” se han lanzado a apoyar o cuestionar las “nuevas” reglas del castellano. A comentarlas desde la falsa premisa de que hay unas nuevas reglas y deben respetarse. Qué verga con estos bichos entrenados para mandar y obedecer (ellos obedecen a la Academia, y le exigirán a sus alumnos, súbditos o subalternos que los obedezcan a ellos). Gente escandalizada porque ahora unos relambepipes y aspirantes a momias han publicado un libraco que “ordena” poner o desaparecer unas tildes, unas grafías y unos fonemas. Valga acotar que la mayoría de los nuevos términos incorporados, según los académicos responsables de la compilación, provienen del habla vulgar de América y de las nuevas tecnologías: bienvenidos el pendráiv y el malandro a los diccionarios españoles. Eso es una revolución, o expresión de la revolución de la que hemos hablado antes.
Pero atención: lo ridículo del asunto no es que los viejos verdes de la Real Academia Española de la Lengua se sientan con el derecho y la misión de indicarnos a los hablantes de “esto” (que parece castellano pero que ya no lo es) cómo es que deben escribirse las palabras, sino que una legión de imbéciles, profesores casi todos, crean que si la Academia da una orden usted debe acatarla porque si no corre el riesgo de ser execrado por “inculto”, mal escribiente o mal hablao.
Hace mucho tiempo el pueblo transgrede e irrespeta toda regla (sobre todo esas reglas que se refieren al “buen hablar” y el “buen escribir”) y es la Academia la que anda pegando brincos tratando de registrar y sepultar en sucesivos diccionarios (“cementerios de palabras”, según un personaje de Cortázar) el dinamismo, la índole inasible, el fenómeno telúrico e incontenible que es el lenguaje. Ángel Rosenblat dijo que el futuro del castellano está en América. Yo creo lo contrario: creo, y esto es un dato de la lenta e irreversible revolución de los pueblos, que nuestra gente no escolarizada acabó con el idioma que vinieron a traernos de España. Esto que hablamos y escribimos parece castellano, pero no lo es: es algo deformado, remotamente parecido a lo que farfullaban aquellos cronistas, maleantes, curas y aventureros del siglo XVI, y conste que lo que ellos hablaban también era jerga hamponil, idioma a coñazos del asesino, el aprendiz de pirata, el ladrón, el malandro español que se vino en esos barcos a enfrentar a otros como él.
Pasa algo parecido, o quizá idéntico con la música popular, hija de sucesivas filtraciones de instrumentos y sonoridades. Y el primer ejemplo que se me viene a la cabeza es lo que hicimos con el laúd, ese patriarca árabe: escuche a ese laúd señorial, vénganse pa los llanos y escuche ahora trepidar a su tataranieta, esa loca tropical, puta, sabrosa y juguetona: la bandola.

Laúd iraquí



Bandola llanera:


De modo que la bandola es al laúd lo que la lengua llanera, oriental, malandra/urbana, es al castellano, a lo castizo que muchos güevones confunden con “el lenguaje correcto”.

He oído a mucho comemierda decir que “en Bogotá se habla mejor español que en toda América”, y mejor me refiero a eso después, no se me vayan a arrechar los bogotanos.
Otra lectura, que también me agrada y veré cómo la complemento con la otra, es que en América no acabamos con el idioma sino que lo hemos ido enriqueciendo (cambiando) mediante la incorporación de términos tecnológicos, anglicismos, expresiones indígenas y africanas que después de la pela y el exterminio de siglos vuelve a reaparecer. Es una lectura optimista porque despoja de toda demonización al proceso de incorporación de palabras del inglés: no está mal que castellanicemos lo que venga, porque es inevitable que venga. En eso andamos desde hace tiempo. Y total, nadie nos quitará la gloria de los inventos lingüísticos más espectaculares, que embellecen y enriquecen esto que hablamos y escribimos. En lo personal, yo tuve revelaciones del poder creador del pueblo la vez que escuché a una hembra llamando a otra “mamagüeva”. Y la vez que oí a un carajo diciéndole a otro que le iba a desmamagüevar la vida. Y a otro diciéndome: “Deja la mortandehambrés”, queriéndome decir que no fuera muertodehambre.
Eso es Revolución. La creación de un idioma que cada vez se parece menos al de los conquistadores de antes y de ahora.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

El odio racista, los nazis declarados y los racistas de clóset

El domingo pasado, Hugo Chávez hizo una de las declaraciones más hermosas, trascendentales e importantes que le he escuchado desde que llegó a la presidencia de la república. Hablaba desde Barlovento, y dijo a propósito de los planes y proyectos para la zona: “Me gustaría traer juventud mandinga, jóvenes africanos a Barlovento. Pero no amarrados, como a nuestros abuelos, sino libres, para estudiar, trabajar”. “Debemos conectarnos con la negritud”, dijo Chávez, en un momento que me recordó, pese a mis arrecheras contra el burocratismo y el desparpajo de la boliburguesía, por qué a pesar de todo sigo siendo chavista: ese tipo cree que es posible una Revolución y anda pegando gritos a ver quién entiende también la idea y se mueve en consecuencia.
Independientemente de la eficacia o prontitud con que se piense o vaya a implementar esa política, el anuncio me trajo a la mente estadios sombríos de la historia republicana venezolana. Como por ejemplo, aquel en el cual a un Alberto Adriani se le ocurrió que traer europeos para “blanquear” nuestro componente social, e inculcar aquí la presunta vocación de “culturas laboriosas” de italianos, alemanes y españoles, en contraposición, por supuesto, al carácter de negros e indios flojos que somos por estos valles. Recuerdo a Eduardo Rothe: “La flojera u holgazanería atribuida a los pueblos equinocciales es un prejuicio colonial basado en el poco entusiasmo de quienes eran obligados a trabajar con el único fin de enriquecer a quienes no lo hacían. La grandeza de España, la riqueza de Europa, la acumulación primitiva capitalista, no fue el resultado de la laboriosidad caucásica, sino de la explotación europea de todos los pueblos de la tierra (…) El primero en desmentir ese prejuicio fue Alexander von Humboldt, refiriendo que un indígena era capaz de cruzar el golfo de Cariaco, remando tres horas de ida y tres de vuelta, para pasar la noche con su amada. Los indígenas no carecen de energía, explicaba Humboldt, sino de motivación (…) los científicos europeos pasaron décadas atribuyendo las ruinas mayas a los fenicios, los egipcios o los chinos, porque juzgaban imposible que fueran la obra del ‘flojo’ pueblo de Yucatán”.
El punto es que la sociedad burguesa que conocemos ha considerado siempre a la culta Europa como modelo y cantera de saber, progreso, desarrollo, organización: civilización. En el folleto de compra-venta de la ilusión de progreso que el capitalismo y sus hegemonías políticas y económicas tiene para los países y pueblos pobres del mundo, hay un párrafo que dice: “Si usted quiere adquirir los más altos valores de la civilización, imite a Europa, convoque a Europa, páguele la prote a Europa: admire, honre y derrítase ante lo europeo, y verá que…”. ¿Y verá qué? Pues nada: verá que se acentuará su proceso de adoración del “orden” mundial y su proceso de autodesprecio, de endorracismo, de autoexclusión y de autodestrucción. A esa lamentable visión del mundo, Chávez opone el viraje total, revolucionario: no hay que volver a Europa sino a África; no hay que blanquear nada sino repotenciar nuestra negritud (algo más sobre la visión inversa del asunto: Europa y el inmigrante indeseable).
Puestos en el tapete el tema y la discusión por parte del camarada Hugo Chávez, dos cuestiones me hicieron torcer la sonrisa y cambiar el frescor por la cotidiana amargura del que combate o trata de combatir contra convenciones, costumbres vesánicas, miedos colectivos e irracionales. La primera, el hecho de que ningún medio de información del Estado, y creo que tampoco ningún medio alternativo libertario o prochavista, reseñó esa tremenda declaración. Y la segunda, el verificar que la página fascista Noticiero Digital sí la haya reseñado, y que en su foro los participantes se hayan expresado de esta forma (copio y pego algunas de las intervenciones plasmadas aquí: Foro de Noticiero Digital):


* Aparte vas a traer mas pobres a que jodan a los Barloventeños .
*La oposición debe tomar ésta bandera y recorrer Barlovento para decirles lo que les espera, les van a meter a unos Africanos en su territorio que ni la negrura debe ser parecida. El hombre está loco.
*Y ahora además de destruir la infraestructura y economía del país, vamos a degenerar la raza. QUE ASCO CON EL SOCIALISMO.
* Si Luis, pónganse a creer… quién aguanta esa brujería como la palería y vudú original multiplicado con los negros criollos... lo que se va a mejorar es la producción de la ignorancia, hambre y la brujería magia negra.
* Este Sr lo que quiere es que Venezuela sea un país parecido a los africanos, que andemos descalzos con guayucos comiendo gorgojos con quinchonchos y seamos sus esclavos (…) traerá a los mayores transmisores de sida del mundo, pero eso lo hará mientras lo dejemos; ojala se traiga tambien a Tarzan, Cheeta y Jane, quizá ellos puedan domar a los salvajes que vendrán en esas jaurías.

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No es necesario que hable aquí del asco, de la rabia profunda. Sólo una cosa, mi primer pensamiento al respecto: “eso” de lo que padecen estos sicópatas sólo se cura con la muerte. Nadie extrañará a esos enfermos anónimos de internet. Josefina Payró me bajó de la nube: “No, estos nazis estructurales declarados no son los peligrosos. Los peligrosos son los prohombres y figurones que hablan por los medios de información; los que dicen actuar y hablar en nombre de la democracia y la libertad, pero que también piensan como esos tipos del foro: ellos nunca dirán esas barbaridades porque eso quita prestigio y votos, pero es lo que tienen en la cabeza y están actuando fieles a ese pensamiento”.
No sé por qué, me desfilaron los rostros de Leopoldo López, María Corina Machado, Antonio Ledezma, Julio Borges, Peña Esclusa, Marta Colomina, Álvarez Paz, Leopoldo Castillo, César Miguel Rondón, Jon Goycoechea, los Rosales y Capriles Radonski del puto país…

lunes, 18 de octubre de 2010

José María Korta, los yukpa, el derecho a la tierra y ciertas formas de lucha

Referencia:

Razones de mi huelga de hambre (José María Korta)

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Hoy a las 11 de la mañana, en la sede de los tribunales en la esquina de Pajaritos (Caracas) el hermano Jesuita José María Korta comenzó una huelga de hambre "por los derechos de los pueblos indígenas en Venezuela". Voceros de movimientos sociales en solidaridad con esta acción han dicho que denuncian "El silencio y la evidente voluntad dominante dentro del Estado-gobierno para condenar a los luchadores yukpa por la tierra; y el irrespeto a los derechos territoriales indígenas a favor de la mineria transnacional, han llevado a uno de nosotros, un luchador ejemplar y muy querido por todos, a tomar una decisión radical de protesta con la esperanza de que los de abajo despierten y los de arriba rectifiquen".

En concreto, se denuncian situaciones como el encarcelamiento del cacique yukpa Sabino Romero Izarra en el Zulia, y la negligencia en hacer cumplir la demarcación de territorios ancestrales de los yukpa, para beneplácito de una macoya de militares y terratenientes.

Abajo, mi posición personal al respecto.

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Considero noble y corajuda la decisión del compai Korta. Pero no puedo suscribir ni apoyar una acción personalísima de alguien si lo pone en riesgo a él mientras yo lo observo, o peor: si estoy a su lado dándole palmaditas en el hombro para que se arriesgue. Yo no puedo animar al hermano a que ponga en riesgo su vida con una huelga de hambre, porque yo voy a almorzar ahora mismo y seguramente comeré otra vez esta noche. Una huelga de hambre es un asunto demasiado serio y grave como para que yo anime a ese hombre a que lo haga, si yo no lo voy a acompañar. Invito a los camaradas que están acompañando a Korta para que revisen si de verdad están agotadas todas las formas de lucha, si no hay algo más que se pueda hacer colectivamente. Algo que haga prescindible o postergable la individualización de la protesta en un solo hombre, Korta en este caso.

Por otra parte, si me pareciera una medida necesaria y decisiva para el triunfo de una causa iría yo mismo a inmolarme, pero no lo es. Este episodio será aprovechado por la derecha para echarle mierda a un Gobierno aliado como el de Chávez. Sí, el Gobierno ha fallado y cometido injusticias en el caso de los yukpa y su derecho a la tierra, pero ninguna falla es tan grave como para poner nustro esfuerzo militante a hacerle comparsa y entregarle argumentos a la derecha. ¿Cuánto tardará Globovisión en ir a entrevistar a Korta, y los neodiputados de la derecha en ir a ofrecerle su solidaridad?

Y que le conste a la derecha de este país, antes que salgan a llenarse el hocico con comparaciones malabarísticas: la huelga de este caballero es por justicia y libertad, por un viejo anhelo de los pueblos indígenas. La huelga de Franklin Brito tenía por objeto que le dieran unos reales (más de los que le dio el Gobierno). Es la diferencia entre alguien que lucha por ideales y alguien cuyo “ideal” tiene precio: si me das plata suspendo la huelga.

Así que mis respetos y saludos a José María Korta. No lo animo a que se inmole porque sería irresponsable de mi parte, desde mi comodidad. Y los cámaras que están con él, antes de darle aplausos para que se sacrifique piensen en el pabellón que se van a comer más tarde, y mañana, y los días siguientes. Y después piensen en las muchas formas de lucha que hay, distintas al sacrificio de este viejo combatiente, que nos hace más falta vivo que muerto.

martes, 5 de octubre de 2010

¿Y como pa qué simpatizarle al enemigo?

La reflexión me la removieron unos compas que se acercaron, más o menos llorosos, con esta joya del análisis político: “Si no hubiéramos pateado al PPT y a Podemos hubiésemos sacado (en las elecciones) 500 mil votos más”.
Mi respuesta: “Y si en vez de declararnos en revolución o al menos en rebelión, y hubiésemos pactado con los adecos, Primero Justicia y UNT, hubiésemos sacado ocho millones de votos”.
Pregunta para los compas, para el camarada Presidente y para el chavismo en pleno: ¿cuál es nuestra maldita misión histórica? ¿Ganar elecciones a costa de lo que sea o hacer una Revolución? Si la misión es ganar elecciones pues listo, vamos a hacer alianzas con AD y el reguero de partidos de derecha; les jalamos bolas a los burgueses y a los gringos, financiamos a Globovisión, les damos una patada por el culo a los comunistas, a los negros, indios y pobres (a quienes captaremos vía propaganda mediática para que se odien a sí mismos y nos quieran a nosotros), proclamaremos que esto es una revolución que le abre los brazos a la sociedad civil y la libre empresa, y ya: segurito que así ganaremos las elecciones del 2012 con 18 millones de votos.
¿Qué? ¿No les gusta la fórmula? Entonces volvamos a la pregunta de arriba y ahora pongámonos serios para responderla: ¿Nuestra misión es ganar elecciones a costa de lo que sea o hacer una Revolución?
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Se comprende el pánico de algunos compas chavistas y camaradas con el GPS dañado, para quienes la Revolución sólo es posible hacerla desde el Gobierno y con Chávez en la presidencia. Hay gente que cree que cuando el chavismo ya no sea gobierno entonces se acabará la Revolución, la historia se detendrá o volverá atrás y entonces estaremos todos perdidos. Habrá que recordarles que la Revolución no es un acto de Gobierno sino un acto de Pueblo; que si bien en este período llamado Gobierno Bolivariano el avance hacia la Revolución ha sido gigantesco y relativamente poco doloroso, cuando el actual gobierno cese en funciones la Revolución continuará su avance aunque bajo condiciones lamentables, muy distintas a las actuales: habrá que seguir haciendo actos revolucionarios pero éstos serán ilegales (las leyes las volverán a dictar ellos, los enemigos) y por lo tanto quienes continuemos haciendo Revolución seremos perseguidos, asediados, encarcelados, torturados y asesinados por las hegemonías.
Hacer una Asamblea u organizar una protesta ya no será algo bien visto en los medios sino que será criminalizado, aplastado, proscrito. Quien quiere hacerse una idea de lo que nos espera a quienes reunamos a diez o veinte personas para ensayar métodos de formación y discutir de política, favor remitirse a los casos Yumare, Cantaura y El Amparo, masacres de los años 80 en contra de gente que quería hacer cosas menos graves que las que estamos haciendo ahora.
En esas condiciones habrá que continuar la tarea de organizarnos como pueblo, y, lamentándolo mucho por los compas que le han cogido el gustico a echar cuentos y cantar hazañas por Venezolana de Televisión, lo que recibiremos ahora de los medios del Estado (y de los privados, como siempre) será insulto, bofetada y patá e kung-fú.
Será muy doloroso, pero al menos tendremos claro algo esencial para continuar y afirmarnos en la historia: que las Revoluciones no son ni pueden ser actos oficiales sino ilegales, al margen y también en contra de las leyes burguesas.
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Continuemos con el síndrome del que le quiere caer bien al enemigo histórico. Todavía resuena por todas partes el clamor de varios grupos que solicitan el Premio Nobel para Fidel Castro, Chávez, las Madres de la Plaza de Mayo y otros. Es decir: increíblemente, hay quienes quieren que alguna gente revolucionaria o cercana a la revolución o a la sociedad que queremos reciba un premio que fue concebido para premiar a los constructores de la sociedad burguesa.
Es la misma condición mental de los que cargan un nudo en la garganta por lo que hubiera pasado si Chávez no hubiera carajeado a Ismael García y al PPT en pleno. La misma condición mental de los que creen que es revolucionario darle un aporte millonario al “maestro” Abreu para que sus orquestas salgan a mostrarle al mundo lo bien que imitamos a los europeos. Y es la misma condición mental de los que creen que la labor de los alcaldes y gobernadores chavistas, y de los nuevos diputados, es hacer lo mismo que hacían los diputados de antes: promulgar leyes burguesas, gobernar para fortalecer la sociedad que tenemos; ocuparse del ornato público, de defender la moral y las buenas costumbres. Que la clase media piense así, se entiende; pero que alguien se llame revolucionario pero no desee destruir esta sociedad sino maquillarla y remendarla, ya es materia metafísica.
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No sé exactamente por qué razón este tema se me emparenta con la vieja discusión acerca de si hay una o más formas de ser “socialista” o “de izquierda”. Desde hace muchos años, Teodoro Petkoff anda llenando de ladridos los medios de información de la derecha, en busca de un reconocimiento que él ha pateado y desechado con sus actos: Petkoff quiere ser reconocido como el último socialista, y para lograrlo ha tenido que perfeccionar una insalubre maniobra retórica que le ha conseguido adeptos. Su misión ha tenido éxito en ciertos círculos, y no es extraño para nada: el hombre ha logrado embaucar a una o dos generaciones de sifrinos y aristócratas con la leyenda autorrefrendada de que él fue guerrillero, anduvo con un fusil por las montañas y se fugó del Hospital Militar. Resultado: a alguna gente le cuesta poner en duda que Teodoro Petkoff sea un hombre de izquierda.
Todo un personaje cinematográfico, en cuya boca resuenan muy convincentes algunas tesis, como por ejemplo esa según la cual hay dos formas de ser de izquierda: la forma caduca, fracasada y fea representada por Cuba, Castro y los extintos comunismos de la Europa Oriental, y por otra parte la forma linda, potable y soportable representada en él: la “izquierda” que negocia con los empresarios y terratenientes las condiciones en que seguirá explotando obreros y campesinos, la izquierda que tiene el enorme cinismo de autoproclamarse izquierda mientras defiende a los figurines de la derecha. Teodoro puso a la Bachelet como ejemplo de lo que debe ser un izquierdista latinoamericano, y días después el Departamento de Estado (administración Bush) hizo lo mismo: decir que había un socialismo con el que se podía dialogar y negociar: Lula, Bachelet, el güevón de Uruguay antes de Pepe Mujica.
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Post-datas. 1) El PPT seguirá siendo promocionado como una izquierda chévere que resulta grata a Globovisión. Vladimir Villegas, Kico y otros fantasmas se están encargando de eso. 2) Presidente Chávez: no se le vuelva a ocurrir ofrecer neveras y lavadoras baratas una semana antes de las elecciones. Sobra la explicación del porqué.

sábado, 2 de octubre de 2010

Más allá de los números

Pese a lo que anuncia el título, y pese a la certeza de que la Revolución no es un fenómeno matemático sino político, es muy difícil apartarse de la tentación de ensayar un análisis puramente electoral, de numeritos y tal. Así que ahí va, brevemente.
El PSUV tenía al menos dos metas numéricas. Tuvo éxito en una y falló en otra. Consiguió elegir más diputados que la oposición pero no los 110 de la mayoría calificada. Efecto sicológico en algunos compas chavistas: no alcancé lo que me propuse, entonces me deprimo. Ha sido muy difícil reanimarlos con la bofetada de rigor: muchacho pendejo, no podemos decirles a más de 5 millones de chavistas que se suiciden en masa. Ya lo entenderán. O lo desecharán. Y habrá que seguir; si los que sabemos qué es una Revolución somos diez güevones, pues con esos habrá que darle. Los “emos” y creyentes de que la política es un campeonato de beisbol, pues que sigan deprimidos.
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Hay que sincerar la detección de ciertos datos, admitirlos y digerirlos, y empezar a trazar tácticas a partir de ellos. Primer dato: el antichavismo superó su máximo histórico de votos y sigue creciendo electoralmente. Segundo: pese al bombardeo propagandístico indiscriminado, sostenido, implacable y artero del poder económico y sus sirvientes de los medios de información, el chavismo no se vio disminuido electoralmente (son sus cinco millones y pico de siempre, con la excepción de los 7 millones de 2006). Tercero: el chavismo volvió a ganar en los sectores populares de Caracas, excepto Petare, donde Primero Justicia ya es fuerza gobernante. Cuarto: traicionar al chavismo no es negocio (descansen en paz el PPT y su Henri Falcón, Podemos y demás cadáveres). Quinto: una cosa es que la gente se niegue a votar por los diputados que Chávez apadrina, y otro muy distinta que deje de votar por Chávez, cuya popularidad no baja de 50 por ciento. Sexto: si el ataque antichavista fue así de grande para alcanzar unos puestos en la AN, imagínenselo cuando los bichos vayan por la presidencia…
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Ahora, retomando el contenido y el espíritu de la columna anterior, creo que a partir de ahora, si de verdad creemos que procede profundizar la Revolución, debemos estar más atentos a lo que hemos de hacer en el ámbito comunal-comunitario y las otras formas de organización como pueblo. El salto adelante que ha de captar a molestos e indecisos consistirá en demostrarnos que miles de asambleas comunales en barrios, caseríos y otros puntos de encuentro (fábricas, planteles, puestos de trabajo, colectivos, sindicatos) tienen tanta o más potencia democrática, tanta o más índole revolucionaria, que el quehacer de los señores diputados en la Asamblea Nacional. Esto, hablando exclusivamente en términos de elecciones y proselitismo, que es lo que interesa al aparato institucional aunque también al ser político que nos define.
Pero profundizando en la necesidad de hacerle aportes a nuestra Revolución nos encontramos con que es preciso retomar el discurso matriz y la línea rectora de nuestras luchas: difundir y hacer masivo el dato clasista que sigue moviendo al pueblo. Que hubo millones de pobres y explotados que fueron captados por el antichavismo, es verdad, como también lo es el que los barrios obreros y asiento de desposeídos y marginados volvieron a votar mayoritariamente por el chavismo. En Caracas los barrios populares (23 de Enero, El Valle, Macarao, Antímano, Catedral, Coche, La Vega, San Agustín, Sucre/Catia, y los barrios populosos de Petare) volvieron a votar rojo, y no es casual el que siga moviéndonos esa intuición histórica, que es el dato crucial a exponer y desnudar para discutirlo masivamente: cómo hacer conciencia el instinto profundo de rebelión del ser humano explotado, en contra de la caterva de señorones y señoritos ricos y de clase media que quiere volver a gobernar a Venezuela.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Qué va a pasar y qué no va a pasar el 26 S (y después)

Es probable que se produzca el escenario que el antichavismo intuye y calcula: el PSUV obtendrá más diputados pero menos votos a nivel nacional. Algunos aspirantes a agitadores (porque ni a eso llegan, esos bichos que han llamado a la rebelión popular varias docenas de veces y el pueblo se sigue rebelando pero en contra de ellos) han anunciado lo que vendrá si este escenario se produce: comenzarán a agitar con la historia de que existe una “crisis de legitimidad”. Nada nuevo: que el chavismo es ilegítimo lo han dicho desde antes que Chávez ganara en el 98. Y seguirán diciéndolo, incluso si el chavismo vuelve a revolcarlos con más votos y más diputados.

En cuanto al chavismo oficial, debería de una vez por todas asumir una rotunda realidad: en tiempos de construcción de una Democracia Participativa es incongruente seguir haciendo esfuerzos por mantener viva a la máxima expresión de la representatividad (la democracia representativa: lo que está muriendo), de modo que lo único que hace deseable una victoria del PSUV-PCV no es la victoria en sí misma sino el impedir que la derecha gane. El 26 de septiembre en la noche yo no celebraré que el chavismo elija su centenar de burócratas (de los cuales varios saltarán la talanquera antes de 2012, estoy seguro), sino que la derecha antichavista conseguirá elegir menos burócratas, y que el PPT y Podemos serán barridos como fuerza política. Eso es lo único que me mantendrá pendiente de la elección y sus resultados.

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Desechado lo que pudiera ser el mayor motivo de preocupación para el chavismo (el ser derrotado o disminuido electoralmente), hay que concentrarse más en los posibles efectos inmediatos de esa posibilidad en la percepción que tiene la gente sobre el Gobierno, la Revolución y la reacción, y no en la discusión doméstica acerca de qué va a hacer la derecha con sus curules y privilegios burocráticos (por cierto, ellos sí saben usar el poder que da el ser diputado). En lo personal, creo que “eso” llamado Asamblea Nacional pasará a ser un asunto más dinámico y sabroso desde el punto de vista de la discusión y el espectáculo, pero no por ello algo útil. La institución llamada Asamblea Nacional es un espacio administrativo en decadencia y en proceso de desaparición. A los pobres votantes del antichavismo los han convencido de que desde las AN es posible resolver asuntos como la inseguridad, los apagones y la escasez de azúcar, y el chavismo ha replicado de manera insólita: diciendo que la AN sí sirve para eso, pero que los chavistas son más eficientes que los otros para lograrlo. Y se entiende: ninguno de los aspirantes a diputados, ni los funcionarios chavistas ni conspiradores antichavistas tiene los cojones, audacia o sentido de la responsabilidad histórica para reconocer ante la gente que esa institución no sirve para nada. Que los esfuerzos para elegir diputados sólo conseguirán meter gente en un cascarón vacío desde donde se produce mucho ruido y mucha muela (por algo se le llama “parlamento”: ahí la gente va es a hablar) y nada o casi nada der acción concreta.

Pero vaya que será interesante ver como la derecha antichavista obligará a sus adversarios (y colegas) diputados chavistas a ponerse creativos, a sacudirse las telerañas, a argumentar, replicar, contraatacar y sudar su maldito sueldo. Yo sí quiero ver a los chavistas aspirantes a líderes nacionales toreando y contragolpeando a la Machado, al Mendoza y otros bichos de uña que saben cómo discursear (y más nada sino eso). Por fin valdrá la pena sentarse a ver la televisora de la Asamblea para gozar un rato. Las sesiones y discusiones volverán a ser algo digno de verse y oírse, y juro que mi mayor expectativa será esperar el momento en que se caerán a coñazos, porque eso también va a suceder.

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¿Y si se produce la fantasía de una repetición del caso Honduras? No sucederá. Primero, porque la derecha antichavista no logrará la mayoría de los escaños, y segundo porque un golpe como el de Honduras necesita, además de diputados, una porción de pueblo, una fuerza armada golpista y un poder judicial entregado al poder económico. Aquí no va a pasar lo que pasó en Honduras.

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Las páginas web, los foros y blogs de la derecha y todas sus variantes y escalas en el espectro del comemierdismo burgués y clasemedia se han desatado por estos días a mostrar señales de su auténtico motor interior. Ellos dicen que los mueve el amor a la democracia y el anhelo de libertad, el derecho a la paz y a la calidad de vida, pero la realidad se les chorrea de la siguiente forma: arremetiendo contra el origen y formación de Nicolás Maduro. A las clases altas y medias (y no sólo al antichavismo, por cierto) les molesta, les duele, asquea, repugna, atormenta y enerva, el hecho de que el canciller de Venezuela sea un autobusero. Ellos, que creen en la democracia, sigen suspiranmdo por un “diplomático de carrera” que no pase pena en los banquetes porque ya aprendió a hablar, pensar y moverse como francés. Esto parece un asunto cosmético y circunstancial pero en realidad apunta y muestra al fondo del problema: aquí sigue creciendo la brecha clasista que nos hace distintos a unos y otros. Es decir, a ellos les perturba el asunto que a nosotros nos enorgullece: por eso es genuino decir que estamos en guerra. Ellos dicen que aman la democracia pero creen que el país debe ser representado por aristócratas. Esa es la esencia de la discusión que debe sobrevenir: el tipo de país y de sociedad que ellos quieren, y el que queremos nosotros. Los sueños nuestros versus los de ellos: esa es la pelea que debe ocuparnos, y no el episodio medio pendejo acerca de si lograremos 110 diputados o más.

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¿Qué haré entonces el 26 de septiembre? Primero, votar en el 23 de Enero (Caracas) por los candidatos del PSUV, nominales y en lista, y por la tarjeta del PCV al Parlatino. Luego, volar a El Cogollo (Cojedes) para transportar gente a sus centros de votación. Hay más de 70 por ciento de chavistas allí, pero para votar necesitan caminar dos horas. Esa será mi tarea: vencer el obstáculo de la enorme ladilla que debe darles el realizar esa proeza.

¿Y después del 26? Pues a lo mismo: seguir discutiendo en términos de clase, de país, de sociedad y de planeta, y no desvelarme por la efectividad de los señores diputados. Allá ellos y lo que piensan hacer con sus cargos.

jueves, 16 de septiembre de 2010

A 228 años del nacimiento de José Tomás Boves: ¿cuándo escribiremos la Historia del Pueblo?

Artículos referenciales:
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En un tiempo que queremos llamar, saber y sentir revolucionario, deberíamos comenzar por masificar la idea de que todo lo existente debe destruirse o al menos conmoverse desde sus cimientos. Nunca podrá construirse una nueva sociedad si antes no demolemos, o al menos cuestionamos, el sustento ideológico, estructural e infraestructural que le dio vida a lo que está muriendo. Hartos deberíamos estar, por ejemplo, de biografías de héroes que libertaron y fundaron naciones (¡ellos solitos, con su genio, unos cojones, un caballo blanco y una espada!) y de narraciones heroicas acerca de cómo 50 hombres hambrientos, semidesnudos y sin armas destrozaron a un ejército de seis mil soldados armados con cañones, misiles, un perro pitbull y siete condones saborizados. Seguimos creyéndonos los cuentos que nos echaron los invasores, y por eso nos sentimos orgullosos de un tal Guaicaipuro que dizque medía dos metros de estatura (¿qué indígenas de estas tierras miden más de 1 metro 70?) y movilizó un ejército de 20 mil hombres (hoy, septiembre de 2010, el ejército venezolano no tiene 20 mil hombres en toda Caracas, pero ni de verga) y después se dejó agarrar en su guarida por 80 españoles.

Hartos estamos ya algunos, pero el proceso masivo y obligatorio de inculcación de doctrina y de “valores patrios” continúa. Nos llamamos revolucionarios pero nos da terror apartarnos del discurso, los contenidos y el método utilizado por quienes nos sometieron. Utilizamos sus mismos códigos, sus mismas fantasías, sus mismos símbolos y valores: queremos acabar con el mal y encaminarnos hacia un mundo de justicia y de paz, y lo hacemos en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo, triunvirato al que también se encomendaban los criminales y torturadores que despedazaban gente bajo el amparo de la santa inquisición. Nos aterra cuestionar e interpelar a Bolívar, a los próceres, a la caterva de oportunistas dueños de esclavos que fundaron “la patria”.

Ese es el clima ideológico y emocional en que nos sorprende una fecha que a nadie “le suena”, porque la historia oficial decidió que no debe sonarnos, o que debe sonarnos pero razones que convengan al culto de la nacionalidad. En estos días de septiembre, por ejemplo, a usted le dijeron o le dirán que en este mes nacieron o murieron (da lo mismo) Atanasio Girardot, Luis Razetti, Alejandro Humboldt, Vicente Lecuna, Lisandro Alvarado, José Laurencio Silva, Lino de Clemente, Fermín Toro, Miguel José Sanz, Rómulo Betancourt y su criatura estelar, el partido Acción Democrática. A usted le dirán que en septiembre los españoles fundaron Maracaibo, que Bolívar escribió la Carta de Jamaica y que la virgen se le apareció a un indio por allá por Guanare. ¡Oh!, qué grande y glorioso es el mes de septiembre.

A usted le dirán que el día 19 de septiembre cumple años José Félix Ribas, pero ni de santa vaina le recordarán que un día antes, el 18, cumple años también el antihéroe por antonomasia de la historia de Venezuela. O tal vez se lo recuerden, pero sólo para acotar que ese hombre era muy malo porque defendía la Corona española y porque degollaba prohombres y violaba doncellas, y que mediante esos procedimientos acabó con la Primera y Segunda Repúblicas. Pero difícilmente le hablarán del volcán de pueblo que se fue tras ese hombre, ni por cuáles razones y motivaciones. Difícilmente en las instituciones educativas de Venezuela algún docente les explicará a los estudiantes qué significó para el pueblo (nuestro ancestro verdadero: el ser humano oprimido y vejado por los poderosos) José Tomás Boves. Tal vez algún audaz alcanzará a decir que Boves era un gran general, un militar excepcional, y será un gesto contracultural respetable, pero ese docente estará equivocado. Porque Boves no era un ser excepcional. Boves ganó las batallas que ganó, y “su” gente destruyó lo que destruyó, porque tras de sí se movilizaba todo un pueblo con una mezcla de agradecimiento, respeto, amor y una rabia apretada en el pecho desde hacía 300 años.

Estuve a punto de decir que el día que estas cosas se expliquen y debatan en la universidad entonces sí habrá comenzado en serio la Revolución. Pero en la Revolución verdadera el conocimiento y la historia del pueblo no se impartirá en quejumbrosos salones ni en vanidosas cárceles (que eso son las escuelas y universidades) sino en las casas y esquinas, en los bares y canchas de bolas criollas, en los caminos y montañas, en las aulas sin paredes construidas a puro verbo, al aire limpio de la libertad que algún día han de respirarse en estas tierras, cuando nos liberemos de las ideas opresoras de Dios, Bolívar, los símbolos patrios y la maldita república mantuana que todavía nos aplasta.

viernes, 10 de septiembre de 2010

La misión de la próxima Asamblea Nacional (o de su fracción revolucionaria, si la hubiere): comenzar a morir

Va la idea principal que mueve estas reflexiones: si en mis manos estuviera el poder de decidir cuál es la misión de la próxima Asamblea Nacional (o la facción de la Asamblea que uno supone o prefiere revolucionaria, o de izquierda, o aunque sea chavista) yo exigiría de los asambleístas que comiencen el proceso de demolición de esa institución y el traslado del poder a la multiplicidad de asambleas de ciudadan@s que podrán conformarse. Ese poder no está en mis manos. Me corresponde entonces mostrar el aspecto y vocación de cosa posible de ese íntimo deseo, que por cierto es el deseo de muchos sujetos libertarios de este país y del mundo: el anhelo de una sociedad que supere la organización convencional (presidente, gobernador, alcalde, consejos, juntas) y se atreva a dejar que la gente se organice territorialmente o en función de saberes e ignorares comunes.
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Tiene su dificultad el responder a la pregunta aparentemente simple: “¿Cuál es la misión de la Asamblea Nacional que será elegida el 26 de septiembre?”. Hubiera sido menos engorroso responder a la pregunta colateral: “¿Por quién y por qué usted votará el 26 de septiembre?”. Fácil: yo votaré por los candidatos del chavismo porque no es conveniente que la derecha antichavista recupere ningún espacio de poder en Venezuela. ¿Y qué hay de la derecha chavista, esos diputados pesuvistas que al cabo de un rato saltarán a su bando natural? Ya de ella nos ocuparemos cuando se digne salir del clóset, y esperemos que eso ocurra rápido y no se dé la bomba que se dio Henri Falcón. Pero ese no es el objeto de estas líneas.

Rebasado y superado otro detalle, como el criterio de autoridad (¿quién soy yo para estar determinando qué debe hacer la Asamblea Nacional?) vale la pena ponerse un poco cínico como corresponde a todos los opinantes habituales: este artículo no pretende fijar, ni crear, ni imponer un criterio o medida de lo que deberán hacer los señores asambleístas una vez comiencen sus funciones, ya que si usted quiere saber eso puede consultar la Constitución y el reglamento interno de la AN. El “problema” es que por lo general las leyes y reglamentos recogen el deber ser en tiempos normales, convencionales; ese tiempo bostezante y fatuo de las sociedades en las cuales el Estado y los poderes hegemónicos (económicos, culturales y religiosos; partidos y sindicatos) forman una unidad monolítica, y los esclavos debemos adaptarnos a lo que hay, y en el más triste de los casos estar contentos de ser esclavos. Las leyes, constituciones incluidas, funcionan o pueden llegar a funcionar sólo donde reina ese concepto de gloriosa normalidad tan caro y grato a los poderosos: abajo, cadenas, gritaba el señor, y el pobre en su choza libertad pidió: los ricos derriban lo que sea a punta de gritos, y al pueblo se le dice que al menos puede seguir pidiendo.

Pero hoy no vivimos ese tiempo fatuo sino el tiempo de una sociedad sumida en un ensayo de Revolución, en una etapa de nuestra historia cuya generación de seres vivos puja por echar las bases para un cambio profundo. Vivimos un tiempo formidable en el cual ese coloso ineluctable que la raza humana llama poder hegemónico, está fracturado: hoy el Estado y el poder económico, cabeza y motor de las hegemonías, viven un proceso de confrontaciones y tensiones. En la jefatura del Estado se encuentra un sujeto que poco o nada le concede a los poderosos de siempre; negocia con ellos, no puede o no se atreve a liquidarlos, pero la tensión está allí y lo bueno de todo esto es que Estado y burguesías no forman ahora la potente unidad destructora de iniciativas libertarias que existía hace una década. Por debajo de ellos, el pueblo oprimido está aprovechando, o al menos ha sido llamado a aprovechar, esa batalla de colosos que sucede “allá arriba”, para desatarse a crear formas de organización “aquí abajo”.

Aunque parezca narrativa fantástica o utópica, es hora también solicitar de los revolucionarios (y aspirantes a demostrar que lo son) la audacia necesaria para admitir que, en los últimos años, el futuro nos ha alcanzado ya varias veces. Hay soñadores que hacen cojonudas y poéticas formulaciones con la esperanza de no estar vivos para cuando sean posibles, pero vaya: las asambleas de ciudadan@s están contempladas en la Constitución vigente, las comunas en construcción contemplan también formas de autogobierno en pequeñísimos territorios. Y, en cuanto a la Asamblea Nacional, ya está dicho, aunque no ejecutado en toda su profundidad, el concepto “parlamentarismo de calle”. ¿Qué cosas tienen que suceder para que el pueblo le meta mano a esa letra muerta y le inyecte vida?

Las revoluciones son actos al margen de la ley y muchas veces contra la ley. El soñador que llevamos dentro nos hace imaginar el momento glorioso en que una asamblea de ciudadan@s irrumpe en el hemiciclo, sede de esa anquilosada y moribunda Asamblea, y se apropia de las funciones de unos diputados que desde ahora, desde antes de ser votados en elecciones, ya son detestados por quienes les entregarán su voto. Todas las consultas y mediciones indican una sorprendente tendencia del votante chavista a desconfiar de los candidatos del PSUV, comparable sólo con el franco rechazo del antichavismo a los aspirantes antichavistas. Conclusión lógica: salvo casos en los cuales sí se ha dado el surgimiento de liderazgos emergentes, nuevamente los venezolanos votaremos a favor o en contra de Chávez el 26 de septiembre.

Pero la soñada toma de la sede de la AN pudiera ser innecesaria o sustituible por otros actos. La convulsión llamada “proceso bolivariano”, esta maltrecha e imperfecta pero querida revolución nuestra, nos otorga derechos y potestades mediante las cuales el pueblo puede ensayar formas inéditas de organización. Respuesta a la primera pregunta del primer párrafo: la misión del chavismo en la próxima Asamblea Nacional será adaptar el funcionamiento de lo que queda de AN a las nuevas formas de organización (comunal y otras). A la AN, lo mismo que la viejo Estado que todavía respira, es morir con toda la dignidad posible (si quiere) para darle paso a otras dinámicas, donde el ser humano pobre le busque salidas al laberinto que está heredando de este mundo gobernado por ricos. Tratar de fortalecer la Asamblea o intentar disfrazarla de “Asamblea Revolucionaria” sería ir contra la corriente histórico-social que moviliza a la humanidad pobre en este siglo. Tratar de salvar la Asamblea Nacional es ponerle curitas a un cadáver que hace rato empezó a descomponerse.

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Contrariamente a lo que indica el lenguaje utilizado por la convención, el 26 de septiembre no se elegirá una Asamblea Nacional sino dos bandos con misiones y visiones distintas

La derecha “meterá” unos diputados en la AN el 26 de septiembre, de eso no queda ninguna duda. La misión que tendrán esos diputados será que la Asamblea Nacional funcione. Si de verdad el proyecto llamado “bolivariano” tiene vocación revolucionaria, y si de verdad existe coherencia entre el espíritu del PSUV y la organización comunal que se ha propuesto y formulado al país, la misión de los diputados del chavismo debería ser evitarlo. Si viviéramos lo que arriba se denominó “tiempos normales” la misión tendría que ser fortalecer la Asamblea, perfeccionar su funcionamiento: mantenerla viva como instancia de representación. Pero puesta en la mesa la idea de “democracia participativa y protagónica” ya comienza a carecer de sentido, incluso semánticamente, seguir insistiendo en elegir representantes.

Mantener la vigencia de una Asamblea Nacional, cuando ya están abiertas las compuertas para que se conformen y organicen cientos de miles de asambleas territoriales y temáticas (las asambleas de gente que no vive en el mismo sitio pero que trabaja, disfruta y construye de acuerdo con intereses comunes) es una contradicción que ha sido necesaria, pero que es preciso suprimir o ir suprimiendo con cierta urgencia.

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El proceso venezolano está en un momento crucial para dar un salto revolucionario: hacer que los conceptos “parlamentarismo de calle”, “organización comunal” y “democracia participativa y protagónica” se activen en dramática organicidad. Que dejen de ser discurso y pasen a ser territorio para la praxis.

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El lema que más me impactó de las pasadas elecciones primarias del PSUV, en las cuales se eligió a los candidatos del chavismo, fue aquel que invocaba el ejemplo de Fabricio Ojeda. Juan Contreras, candidato del circuito que aglutina al 23 de Enero, Sucre y Catedral (y creo que una parroquia más), les dijo a los caraqueños que el diputado que nos merecemos debe ser como Fabricio Ojeda. Meses después de esas declaraciones lo suscribo: los diputados revolucionarios (si los hubiere) deben tener clara su misión histórica, e inmolarse, pero no necesariamente quitándose la vida o exponiéndola hasta hacerla blanco de los asesinos, sino exterminando a la institución para la cual fueron electos. Será una buena ocasión (y quizá la única) para poder decir, sin que nos sintamos hipócritas: vivan los diputados, muera la Asamblea Nacional.

martes, 31 de agosto de 2010

Por qué Franklin Brito olía a formol

Franklin Brito olía a formol desde el día en que lo convencieron de que la propiedad privada era más importante que la vida, incluida la suya propia.
Franklin Brito siguió oliendo a formol cuando su familia confundió esa actitud suicida con dignidad y bandera de lucha.
Franklin Brito olió todavía más a formol el día que la derecha venezolana lo estimuló y le otorgó un falso carácter de heroísmo a su decisión de morir.
Franklin Brito olía a formol, como huelen a formol todos los estudiantes y demás manifestantes que salen a la calle a protestar genuinamente por reivindicaciones, y los zamuros de la política comienzan a rezar (y a echar algún empujoncito) para que haya violencia y muertos, porque en tiempos de elecciones la muerte produce dividendos. Se los produce al antichavismo, no al Gobierno.
Franklin Brito olía a formol porque, al contrario de las guerras convencionales, en tiempos de Guerra de Cuarta Generación las batallas no las ganan quienes matan más gente sino quienes se dejan golpear para aparecer como víctimas. Si usted quiere ganar este tipo de guerras no debe atacar a nadie: debe esperar ser atacado. En una guerra cuyo fin primero es la destrucción moral y de la imagen del enemigo, para luego proceder a su destrucción física, gana el que puede recibir y resistir golpes. Franklin Brito era un valiente que prestó su cuerpo para ganarle una batalla al Gobierno, y se la ganó, pero los beneficiarios de su sacrificio serán otros: el antichavismo, sus "dirigentes" y figuras públicas, esa banda de comemierdas que en la mañana deploran la muerte de Brito y en la noche se irán a comer en un restaurant de Las Mercedes.
Franklin Brito olía a formol porque sus asesinos (los políticos de oficio, la derecha antichavista, la caterva de hijosdeputa que nunca sabrán qué cosa es una manifestación de calle, una huelga de hambre o tan siquiera un acto personal de rebeldía) lo convencieron de que el comunismo consiste en quitarle bienes a todo el mundo, incluso a los pobres.
Franklin Brito olía a formol porque, cuando se dijo que estaba trastornado o perturbado (cosa completamente natural, comprensible y previsible en un ser humano que tenía meses sin comer) sus familiares y allegados se rehusaron a contemplar esa posibilidad y siguieron animándolo a que acabara con su vida para minar la imagen del Gobierno.

Quien cree que la propiedad privada vale más que la vida es capaz de matar por un objeto, por dinero, por un televisor, por un celular.
Brito: en esta guerra que todavía no ha entrado en su fase bélica todos olemos a formol.
Franklin Brito, nos vemos en el infierno

lunes, 23 de agosto de 2010

La foto de El Nacional, el amarillismo, la guerra nuestra (y II)

Si tan sólo fuera una cuestión de semántica sería tan fácil volverlos mierda. Los medios de la derecha han impuesto (y del lado de acá mucha gente les ha aceptado la mercancía) la idea de que “el principal problema de los venezolanos es la inseguridad”. Burros de universidad en su mayoría, ni se percatan del detalle, dato o explicación más vieja y cansina: la inseguridad es, en buena medida, una sensación colectiva adquirida mediante (y a causa de) el consumo irreflexivo de medios y noticias. Dije consumo, sí, porque en este sistema la noticia ha dejado de ser resultado de la exploración y búsqueda de verdades, para convertirse en mercancía: se compra y se vende lo que te exalta y conmociona, no lo que te quita el miedo. La tranquilidad no vende; los medios necesitan mucha inseguridad para estar en el tapete, y para minar el prestigio y la imagen del sujeto a quien se quiere sacar de Miraflores.
Volvemos al tema “inseguridad”. Si a ti te bombardean 24 horas al día con la advertencia: “Si sales a la calle te van a matar, te van a secuestrar, te van a robar, te van a violar”, y de pronto aparece un encuestador y te pregunta: “¿Cuál es tu mayor preocupación?”, pues ni modo: los medios te han convertido en un sujeto in-se-gu-ro. Los medios te han saturado de una información según la cual en Venezuela es imposible sobrevivir.
Primera conclusión: según la derecha antichavista (y casi todo el mundo en este país, según parece) el problema no es el crimen violento o la violencia criminal, sino LA INSEGURIDAD: el efecto o sensación colectiva que el crimen provoca en los ciudadanos, y que los medios se encargan de potenciar cuando les da la gana. Segunda conclusión: por lo anterior, los culpables de la inseguridad son los medios.
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Pero no, no es semántico el fondo del asunto. Quien quiera explorar esto de la violencia criminal debe fijarse en todas sus manifestaciones, y no sólo en la clasista, racistoide, elitesca, sifrina y coñoemadre visión de la delincuencia según la cual sólo los pobres somos violentos y aspirantes a malandros y criminales. En la bucólica Caracas suceden cosas que no son mostradas en toda su morbosidad por la “gran” prensa, entre otras cosas porque la “gran” prensa la hacen gentes de la misma extracción social que los delincuentes, en este tipo de casos: un señor taxista (Pastor Aranguren) pasaba por Las Mercedes en su viejo carro y un niño exaltado (un maldito sifrino hijo de la gran puta, apoyado en todas sus “excentricidades” por su papá millonario) le golpeó el carro para que se apurara al pasar. El taxista se bajó para reclamar pero ni siquiera de eso tuvo tiempo, porque otro niño exaltado le cayó por detrás y lo mató de dos tiros. ¿Por qué la prensa no está llena de los crímenes de los niños lindos que van a discotequear en Las Mercedes? ¿Por qué no se escribe ni una coma sobre la cantidad de muertos y mutilados de los jueves en la noche, cuando los niños lindos del este salen con sus naves envenenadas a echar piques por la autopista? ¿Por qué la única vez que esta frívola y pueril pero mortal diversión de los cachorros de millonarios fue noticia fue cuando mataron al deportista Rafael Vidal?
No, mejor respóndanme una sola pregunta: ¿por qué cuando hablamos de crímenes enseguida hablamos del cerro y de los barrios pobres?
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A la clase media, a quienes hacen sus periódicos, emisoras y televisoras, no les importan la suerte, el drama, la tragedia del pueblo pobre. De vez en cuando se asoman a nuestra desgracia y se aplican a gritar y a denunciar sólo con objetivos específicos: cuando les servimos de fuente de noticia, cuando nuestra sangre les sirve para maniobrar políticamente, cuando fundan ONG’s que cobrarán en dólares presuntas investigaciones para ayudarnos. Yo hubiera querido estar ahí cuando CNN convocó a Izarra para que opinara sobre lo que decían un Briceño León y un Pablo Elisio Guzmán, porque yo también tengo algo de qué reírme: me cago de la risa al ver a una cadena como CNN apoyando su parecer sobre Venezuela en la opinión de un maldito jefe de asesinos (¿o no fue jefe de la PTJ el Guzmán? ¿No cometieron crímenes sus corruptos subalternos durante su gestión? ¿O es que las policías sólo cometen crímenes cuando tienen jefes chavistas?) y en un viejo burgués, el Briceño, que nunca en la puta vida ha pisado un barrio? ¿No les provoca una risa amarga el saber que el único asesino que ese viejo idiota, dueño de un “laboratorio de ciencias sociales” (como si los seres humanos fuéramos ratas que él puede estudiar encerrado en una oficina en Los Chaguaramos) ha tenido cerca es el bicho que tenía al lado en el show ese de CNN?
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Ya vendrá un estúpido a decir que según mi opinión no hay delincuentes pobres. Ya voy tres pasos más allá: en vista de que creo que el problema es la violencia criminal y no la inseguridad, reseño los casos que conozco en que las comunidades pobres, al menos sectorialmente, han reducido la delincuencia a cero. Son al menos dos en el 23 de Enero y una en Las Casitas de La Vega. En estas comunidades han logrado reducir a cero el crimen. Cierto que por poco tiempo, pero eso tiene una razón: han sido experimentos germinales, no estructurales. Pero han tenido éxito.
En el bloque 16 del Veintitrés estuve hace años en una asamblea, en la cual la gente formulaba ideas y claves de esta conmovedora altura: los delincuentes tienen una madre o un padre, o un amigo no delincuente, o un entorno íntimo, o unos vecinos. Esas personas son las que es preciso convocar para que controlen o modifiquen el accionar de ese delincuente; la policía viene a reprimir y ya quedó claro que eso no soluciona sino que agrava el problema. ¿Qué tal probar con la justicia comunal, el control comunal de los factores de violencia?
Eso se llama gestión social de la violencia: el proceso colectivo mediante el cual las comunidades buscan y encuentran fórmulas para derrotar lo que el Estado no puede ya combatir mediante procedimientos tradicionales. La policía ha demostrado ser un error histórico, porque su misión es mantenernos a raya, presos o muertos a los pobres, para tranquilidad de la “gente de bien” (las clases medias y altas). La misión de nosotros, zambullidos o por zambullirnos en una etapa que han llamado Democracia Participativa y Protagónica, es participar protagónicamente. Pero todavía nos doblega el miedo a la democracia, el miedo al pueblo, el miedo a nosotros: nos produce terror imaginarnos sin policía ni Estado, nos dan miedo los linchamientos. Y ¿qué será peor? ¿Que una comunidad linche al que ya se sabe que seguirá atentando contra la población, o lo que tenemos hoy? Lo que tenemos hoy son cárceles, policías, abogados y tribunales. No hacen falta calificativos: ese sistema que existe hoy supera cualquier película de terror. El viaje patrulla policial-tribunales-cárcel es peor que cualquier escena de linchamiento. Es la combinación Estado-corporaciones mostrando lo peor de lo que es capaz.
Afortunadamente, y sin que nos demos cuenta (porque se trata de un proceso lento, de generaciones) vamos en busca de esa situación ideal en que el pueblo gobernará al pueblo. Nos falta, pero para allá vamos.

viernes, 20 de agosto de 2010

La foto de El Nacional, el amarillismo, la guerra nuestra (I)

Primero, lo primero. Es verdad que estamos en guerra, y que en esta fase llamada Guerra de Cuarta Generación, en la cual lo primordial es hacerle daño al otro en el ámbito de la opinión pública, hay que aprovechar las fisuras que el otro muestre para acusarlo de lo que sea: de pelear sucio, de ser inmoral, de ser malo. Denunciar a El Nacional y hacerse el horrorizado porque publicó en primera página una docena de cadáveres, es lo que dice “el librito” de la guerra sicológica que debe hacerse. Es la misma actitud del futbolista a quien le rozan un dedo y se lanza al piso a gritar su enorme dolor, como si le hubieran dado con una mandarria en la cabeza. Un poco más de volumen: en el teatro estúpido y efectista que muchos confunden con “hacer política”, eso está bien. Pero sentirse de verdad-verdad escandalizado porque en un tiempo en que cualquier niño de 12 años puede ver en Internet todos los cadáveres despedazados que quiera (asómense a las páginas quelacreo.com y theync.com), y venga un periódico de y para consumo de idiotas de clase media y publique la foto de unos muertos apilados, es un acto de pacatería, y sólo eso. El mundo no va a cambiar porque escondamos la basura y las enfermedades que produce. La basura está ahí y hay quien la ve y hay quien voltea para otro lado. Pero la basura está ahí. Usted puede aplicarle la ley al periódico o televisora que quiera, y con ello sólo estará reproduciendo el discurso y la práctica política del enemigo, porque la ley que prohíbe mostrar la putrefacción burguesa es también burguesa.
Hay gente nuestra que todavía cree que debemos y podemos obligar al enemigo a ser pulcro y limpio. En una guerra sangrienta, dura e implacable como la que nos hemos declarado los que queremos cambiar el puto mundo y los que quieren mantenerlo como está (pero sin comunistas ni contestones), hay quienes se sonrojan porque alguien eructa en la mesa. Y como siempre, el fondo del asunto queda debidamente escondido. Nos gusta hablar de la muerte en abstracto, como si esa bicha no estuviera aquí cerca y aquí arriba: en el explotador que tritura y destruye seres humanos pobres, y en el ser humano pobre que reacciona ante la injusticia con violencia criminal. Las cárceles están llenas de estos últimos; ¿cuándo veremos presos a los ricos generadores de toda la miseria y de toda la violencia en el mundo?
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Sobre El Nacional, creo que procede más denunciarlo por lo que ha ocultado que por lo que ha publicado. En 1989, cuando el Sacudón devino masacre colectiva, los fotógrafos de planta se echaron a la calle a tomar gráficas de la represión y la brutalidad, y la directiva decidió no publicar esas fotografías. Lo hizo después en un libro, lo cual resultó mejor negocio: los pobres les servimos a los ejemplares de clase media para estremecerles el morbo y para que vendan sus “productos editoriales”. Y esto sí toca el tema de fondo: el disfrazamiento de tácticas de mercadeo bajo el aspecto de “defensa de la libertad de expresión”.
Nada le conviene más a los dueños de un periódico que un escándalo que lo haga vender, mostrarse, ser ellos mismos la noticia del día. La gente que trabaja en El Nacional (pasquín hecho por periodistas y editores de clase media para consumo de lectores de clases alta y media) siempre despreció a la gente que hace, lee y trabaja en diarios como 2001 y El Nuevo País, entre otras cosas por sus “procedimientos” para vender periódicos. El diario 2001 publicó en 1998 una fotografía del cadáver del mayor Ocando Paz, asesinado en La Planta por otros reclusos. La foto mostraba un close up del rostro del militar, con los ojos sacados a chuzo. José Campos Suárez me dijo en aquella ocasión: “Si el fotógrafo no me hubiera traído esa gráfica lo hubiera botado del periódico”. Me consta, porque también estuve ahí (no me lo contaron) la reacción de asco de la sifrinada en El Nacional, que bajo ningún respecto entendía, toleraba o admitía el que se vendieran periódicos a costa de imágenes macabras.
Por cierto: una compa argentina, habitante de Catia, el día de la foto del escándalo se tomó la molestia de preguntar en un par de quioscos qué tal las ventas de El Nacional. ¿Saben cuál fue la respuesta? Adivinaron: ese día los distribuidores dejaron el doble de periódicos en los puestos de ventas, porque en la empresa SABÍAN que ese día el periódico se iba a vender más. Y no es ningún descubrimiento, porque todo el mundo sabe que la muerte vende más y a todo el mundo le fascinan de manera morbosa las historias y situaciones en que alguien pierde la vida. Algo al respecto, en el prólogo de una compilación de mis crónicas de sucesos, Guerra Nuestra (lea en la columna derecha de este blog el texto titulado “Sobre estas crónicas”. Es un texto de 1999).
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Unos pocos años transcurren. A Israel Márquez, director del diario 2001, lo asesinaron a tiros el primero de marzo en Caracas. El Nacional, cuya directiva se ha cagado olímpicamente en el dolor de los familiares de esas personas cuyos cadáveres aparecieron en su primera página; y 2001, cuya tradición de mostrar cadáveres y regodearse en el detalle sangriento de las noticias de sucesos es memorable, no publicaron fotografías del cadáver de Israel Márquez. ¿Es noticia digna de ser mostrada la foto de los cadáveres de venezolanos anónimos, pero no la del director de un diario de circulación nacional?
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El problema para el chavismo en funciones de gobierno, con este tipo de temas, es que siente que debe tomar decisiones acerca de si permitir que se muestre lo que ocurre, o se reprima el acto de mostrar. Del lado del antichavismo hay un metadiscurso muy efectivo consistente en culpar al Gobierno de todo cuanto ocurre o deja de ocurrir. Nuestra disyuntiva contiene también nuestra misión: explicarle a nuestra gente, y que suene convincente, que quienes combatimos el capitalismo lo hacemos precisamente porque sabemos que ese sistema es el que produce miseria, pobreza y violencia criminal. ¿Cómo explicar que el arma con que el delincuente mató a tu hijo fue fabricada por unos sujetos que tienen mucho dinero, vendida por otros sujetos con mucho dinero, revendida por un sistema corrupto que no hemos logrado derrotar porque en la sociedad pulula mucho interesado en defender la “libre empresa” y el derecho a esclavizar pobres? ¿Cómo decirle a nuestra gente que mientras vivamos en capitalismo la máquina de destruir seres humanos no se detendrá? ¿Cómo explicarles a los nuestros que la guerra de los dueños de El Nacional contra Chávez tiene su origen en la necesidad de darle aire al sistema de privilegios que enriquece a unos pocos mientras la mayoría es explotada, segregada y vejada y finalmente muere asesinada? ¿Conviene decir estas verdades o no es conveniente hacerlo, o no es atractivo ni tiene gancho, y menos en tiempo de elecciones?
(Sigue...)

miércoles, 11 de agosto de 2010

Sobre los gays y otras divisiones artificiales de la sociedad

Cierta concepción de las relaciones entre grupos humanos sugiere o exige de todos que seamos inclusivos, que echemos mano de la nobleza, la bonhomía y la índole solidaria inherentes a todo revolucionario, para que ningún hombre (¡o mujer!, se apresura uno ¡y una! a corregir) resulte excluido ¡ni excluida! en el proceso de cambio de una a otra sociedad. En este planeta cabemos todos, indica el capítulo primero de su librito existencial con una contundencia que hace olvidar el detallazo: que en ese “todos” está también la gente que quiere acabar con el planeta y lo está logrando.
Esa concepción, con todo y lo justa y edificante que suena, resulta al final ser más burguesa que cristiana, más inoportuna que pertinente y más reaccionaria que audaz. Ha querido cierta izquierda sifrina parcelar la sociedad de manera tal que en ese parcelamiento termina también parcelado el pueblo, y por supuesto sus luchas.
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¿Qué cosa es la izquierda sifrina? Para no ir muy lejos, es la legión conformada por ese tipo de gente que vive como los burgueses que dice odiar, y que en su desesperación por parecer socialista o de izquierda se dedica a decir cosas y ejecutar actos que en su forma parecieran apuntar hacia la construcción de otra sociedad, pero en realidad la consolidan, galvanizan y reproducen la que hay. Gente que siempre detestó a los pobres, pero que ahora, enterada de que la pobreza puede ser un buen trampolín político y aun económico, no tiene empacho en taparse la nariz para que la fotografíen en un barrio con las aguas verdes al fondo. Abunda mucho de esto en el chavismo. Ya antes le hemos dedicado cuartillas a esta especie maléfica, algunos de cuyos representantes internacionales vienen a cobrar en dólares el “honor” de dedicarnos algo del tiempo de su cojonuda militancia: tipos que escriben a favor del proceso venezolano, instalados en lujoso hotel o en su fastuosa residencia que no tiene nada que envidiarle al hotel.
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Lo peligroso, o tal vez simplemente triste, es que mucha gente buena, gente de la nuestra, gente valiosa y pundonorosa, que por andar rindiéndole embelesos al “enfoque de género” se olvida del enfoque de clase. En Venezuela han aflorado en los últimos años varios grupos y movimientos que se han desbocado a difundir ese discurso “de género”, que es potente y efectivo a la hora de denunciar, enfrentar y neutralizar ciertos tipos irracionales de violencia, pero en cuya contundencia se ha dejado permear por valores burgueses y resulta en contumacia: la activista del feminismo que para poder disertar en pomposos salones sobre los derechos de la mujer deja en su casa a la muchacha pobre, negra y extranjera, para que le lave la ropa y los platos, le limpie el piso y le haga el trabajo sucio que ella, revolucionaria muy ocupada (y su señor esposo, un revolucionario tan revolucionario que es casi feminista también) no tiene tiempo de hacer.
Del movimiento que reclama los derechos de homosexuales, transexuales y afines, tuve el año pasado una referencia cercana, aunque no hubo ocasión de discutir el punto en profundidad. Fue el día siguiente al golpe de Estado en Honduras, fecha en que también tuvo lugar, en alguna avenida del este de Caracas, una marcha del orgullo gay. Esa vez se convocó también a una concentración en apoyo al pueblo hondureño en Miraflores. Un compa que trabajaba con nosotros en Ávila TV tuvo una idea interesante: pedirle a una activista o defensora de los derechos de los homosexuales que convocara a los participantes de la marcha gay, para que engrosaran la manifestación por Honduras. La respuesta de la amiga fue: “Es muy difícil, porque en la marcha gay hay chavistas y antichavistas, gente nuestra y gente de derecha: hay de todo”.
Fue toda una revelación, que Ramón Mendoza se encargó de explicar con su lógica maldita y aplastante: “Cuando esa marcha sea en Nueva York no van a poder ir los pobres peluqueros sino los coñoemadres que los explotan: los maricos con real”. Una exacta radiografía del tema: yo no puedo decir que apoyo al movimiento gay porque “eso” no es un movimiento sino una juntura artificial de gente que tiene inclinaciones parecidas pero son socialmente distintas y antagónicas entre sí. Yo pudiera apoyar a los homosexuales pobres, los que son vejados y explotados, los excluidos que no sólo son rechazados por ser homosexuales sino por ser pobres, pero nunca apoyaría a los gays poderosos que también explotan y humillan gente. Una agrupación artificial, pequeñoburguesa, vacía y muy frívola de seres humanos según su íntimo e individual sentir erótico-corporal quiere hacerme creer que los gays pobres y los ricos son la misma gente, pero eso no puede ser verdad en una sociedad dividida en explotados y explotadores. Mis respetos al peluquero de la esquina y al muchacho amanerado por naturaleza; mi salivazo a los Osmel Souza, los Joaquín Riviera, los Nelson Bocaranda Sardi.
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Ni la condición de mujer, ni las preferencias sexuales, ni las discapacidades, pueden ser elementos que conviertan a una persona en especial y libre de todo sobresalto o sospecha. Tampoco deberían obligar a la humanidad a profesarle postración y respeto. Quizá sí les debamos solidaridad, como a todos los seres humanos, pero no apoyo automático. ¿Que si yo respeto a las mujeres, los gays y los discapacitados? Depende, mi hermano. Hay mujeres que merecen mucho respeto y otras que merecen el tratamiento del enemigo, porque muchas de ellas son el enemigo. Entre los expoliadores del mundo (el enemigo) militan y actúan chuecos, homosexuales y mujeres, y uno no tiene que andar exigiendo respeto para la Hillary, la Condoleezza, el Ricky Martin ni la cantidad de ciegos, inválidos, tuertos y tartamudos con plata y poder. Que se mueran todas esas lacras, y ojalá podamos echarles una ayudadita.