viernes 16 de mayo de 2008

La ciudad ordenada versus la ciudad desordenada

Hace un par de meses tuve noticias de la existencia de un libro de Allan Brewer-Carías titulado “La ciudad ordenada”. La combinación de lo que sugiere el título con el nombre del autor me produjo un ardor asociado a cierto tipo de gastritis. Lo mastiqué unos días y de pronto me encuentro con una reseña que hace Rafael Arráiz Lucca sobre el libro. Y entonces sí me dejé de pendejadas y empecé a acercármele un poco más. A riesgo de que la gastritis degenerara en úlcera sangrante.

Según el resumen más difundido de esta obra, se trata de “un ‘Estudio sobre el orden que se ha de tener en descubrir y poblar’, o sobre el trazado regular de la ciudad hispanoamericana. Una historia del poblamiento de la América colonial a través de la fundación ordenada de ciudades”. Confieso que no lo he leído (ni lo tengo: jamás gastaré 200 mil bolos en un libro ni en nada que le proporcione dividendos a ese hampón de cuello blanco), pero sí que he tenido mi encontronazo con uno de los ensayos a manera de prólogo que contiene el libro, además de media docena de artículos, reseñas o comentarios adulantes, autoría de intelectuales, urbanistas y otros jalabolas sin profesión definida. De modo que no me siento autorizado para comentar la obra propiamente dicha, pero sí para hacerle una autopsia a sus líneas maestras, a lo que parece ser su leit motiv: convencernos de que el hombre europeo quiso hacer una vaina de pinga al fundar ciudades en América, y que entonces vinieron los indios y los negros y les volvieron mierda “su” obra. “Sus” ciudades.

Según reseñan las alabanzas que se volcaron sobre el autor y su libro, Allan Brewer Carías es tan brillante que un día se percató de que el centro o núcleo fundacional de todas las grandes ciudades hispanoamericanas es perfectamente cuadriculado, “a modo de retícula ortogonal”, tiene una plaza principal y frente a ella una iglesia. Segurito que usted no se había dado cuenta de eso: usted es un imbécil, usted seguramente es negro o indígena, usted seguro es pobre y no ha ido a la universidad, así que vaya agradeciéndole a Brewer el haberse quemado las pestañas para revelarle los secretos de ese tremendo hallazgo. Nadie se había dado cuenta de esa mierda hasta que llegó el superabogado y se propuso investigar misterio tan hondo.

Una monografía afín al libro de Brewer, titulada “La Fundación de las Ciudades Hispanoamericanas” (de autor desconocido según una indagación somera en Internet), se dispara esta tremenda sentencia, que es punto de partida de Brewer y otros: “El proceso de población del territorio Hispanoamericano, se llevó a cabo mediante una serie de disposiciones legales que emanaba la Corona en el transcurso del desarrollo de la conquista”. Es preferible entonces entrompar a la idea, precisamente a esa idea, y no necesariamente al personaje, a quien es muy fácil desnudarle la naturaleza de sus ínfulas de amor por la legalidad. Con sólo recordar que sus panas lo señalan como redactor del decreto de Carmona intuye uno por qué se afincó tanto en cierta propuesta: el imperio español lo hizo todo correcta y organizadamente en América, porque lo hizo protegido por leyes escritas. Por sus propias leyes, claro. A eso lo llaman pagarse y darse el vuelto: yo redacto un papel donde dice que es legal meterle un chuzo en la barriga a Oswaldo Álvarez Paz y voy y se lo zampo. Y ya: no me venga nadie a meter preso, aquí tengo este papel que me autoriza.

***

A ver qué se trae Brewer con esto del “orden”, y qué cosa significa en realidad. El calificativo “ordenado” aplicado a la ciudad, a seres humanos o a lo que sea, da para mil variaciones y navegaciones por los significados, sobre todo cuando lo aplica quien lo aplicó en esta oportunidad. No hay que tener muy afinados el oído o la mala intención para percatarse de las acepciones más claras que tiene la palabra “orden”: es algo que le impone a usted una autoridad o un ente considerado superior (“ordene, mi comandante; ordene, jefe o patrón; ordene, su señoría”) y es también el resultado de hacer las cosas “como Dios manda”. El ser ordenado camina derechito; el ser libre es desordenado por naturaleza. El ser domesticado necesita de alguien que le ponga orden, que le diga cómo hacer las cosas o que se las tenga hechas; el ser cimarrón y bravío tiene siglos construyendo un orden que todavía no es total y mucho menos perfecto. El sujeto que vive en una quinta de Los Chorros la compró hecha; el sujeto que vive en La Vega levantó ese rancho peleando contra los elementos, contra la policía y contra la estigmatización de los medios y del discurso “ordenado”: el hombre blanco no asesinó indígenas en masa sino que civilizó, evangelizó, fundó; el oprimido no funda sino que invade, enajena, ensucia y afea.

No es en lo absoluto casual ni extraordinario el que un abogado (y sobre todo este abogado) piense que las leyes imponen el orden en las sociedades. En América hubo una matanza espantosa de seres humanos, pero como esa matanza vino autorizada por unos papeles sellados entonces todo va bien. La ciudad ordenada con la que sueña el burgués promedio es una parecida a la que había aquí para el siglo XVII: una cuadrícula más o menos perfecta y más o menos soportable y domeñable por parte de los blancos peninsulares y criollos, y una periferia donde malvivían, proliferaban y se hacinaban los sirvientes y excluidos. La miseria no es un problema sino hasta que se deja ver y sentir. El problema con la desordenada Caracas actual no es que haya miseria, violencia y sobrepoblación, sino que esa multitud miserable le está creando incomodidades a los ricos y pequeñoburgueses.

***

Hablando de las dos ciudades que son en realidad Caracas: ¿a que no adivinan por qué La Castellana, La Florida y Santa Mónica son cuadraditas y fáciles de transitar, mientras que El Guarataro, la Carretera Vieja Caracas-La Guaira y Mamera son laberintos eternos?

Leopoldo López se pasará su vida creyendo que él puede convertir a La Charneca en Altamira, porque ignora que la gente ordenada es gobernable y la desordenada no lo es. El lema del habitante del este es: “Tú a mí no me desordenas”; el lema del habitante de los cerros es “Tú a mí no me das órdenes”. Quien aspire a gobernar esta ciudad y no quiera partir de estas verdades se encontrará con que sus “órdenes” acabarán demolidas por la fuerza de la Historia.

jueves 8 de mayo de 2008

La solidaridad de los pobres; la misericordia de los ricos

Martín Torrijos
______________

Entre las muchas pendejadas que ha puesto a rodar la clase media, grupo social devenido cantera de racistas y neonazis que se creen demócratas, está aquella según la cual Chávez inventó el odio entre las clases. Que Chávez dividió a los venezolanos. Como “demostración” echan mano de una peculiar visión retrospectiva: antes los pobres nos dejábamos explotar tranquilamente y ahora formamos peo. Antes considerábamos sacrosanta, sagrada e intocable la pulcra majestad de los periodistas y señorones de la televisión, y ahora de pronto los vemos en la calle, rebajados a su magra condición de seres humanos, y los interpelamos, les faltamos el respeto, les agarramos el culo. “Tú a mí no me jodes”, les repetimos.

La convención mediática consideraba a Jaime Lusinchi el mejor presidente de la Historia de Venezuela, hasta que el tipo carajeó a un periodista y entonces “se descubrió” que el tipo era borracho, ladrón y sometido por su amante arribista. El pueblo era considerado por los ricos y los sifrinos, al menos de la boca para afuera, un ser sabio, dueño de su soberanía y sujeto de la democracia. Bastó que se desatara a apoyar a Chávez y que descubriera que los periodistas de academia no sólo se equivocan, sino que son más brutos, sifrinos, racistas y malintencionados que la mierda, para que las cosas cambiaran: el pueblo ahora es una masa ignorante que “cuando recupere la cordura” (así lo han dicho) dejará de votar por el negro ese y su destino pasará a manos otra vez de los grupos dominantes.

¡Qué lindo era aquel país en el cual el pobre se arrodillaba, besaba el anillo de los ricos, tenía prohibido acercarse a menos de 300 metros del Caracas Hilton y consideraba sus representantes a los señores diputados y senadores! ¡Qué nostalgia, coño, aquel tiempo maravilloso en que los malvestidos se apartaban y callaban respetuosamente cuando aparecía el doctor empaltosao! ¡Qué paz, nojoda, se respiraba en el puto país cuando las manifestaciones eran reprimidas a fogonazo y peinilla, y los canales de televisión, los diarios y la radio llamaban hampones a los manifestantes y no a los cuerpos represivos!

Eso es lo que llaman paz: la tranquilidad para los ricos y el patadón por las nalgas al pobre que protesta.

***

Dio la clase media con una interesante fórmula: no reconocerle al pueblo chavista su condición de pueblo. A los Círculos Bolivarianos les otorgaron categoría de cuerpo parapolicial, e igual así a los muchos grupos organizados en nuestros barrios. A ellos les aterra entrar a las comunidades pobres, de modo que sólo intentaban hacerlo a través de las pantallas de televisión. Adolorido y desesperado, Fausto Masó se lo restregó en la cara más de una vez: “Ustedes no están haciendo política, ustedes están haciendo televisión”, les decía. Así que se han decidido a caminar por algunos barrios pobres, a dejarse ver, a dejarse pegar unos salivazos (cosa que les viene muy bien porque cada vez que les ocurre dicen que ha sido una agresión del Gobierno), y he aquí que han conseguido crear un efecto o alucinación: uno los ve de lejos y parece que le interesaran los pobres. Que les duele la pobreza. ¿O será que quieren acabar con la pobreza porque creen que haciéndolo se acabará el hampa que los devasta?

***

Hace unos pocos días sostuve una conversa con un joven compa, estimado y valioso camarada, que se veía interesado en el discurso de un Francisco Rivero, académico de ultraderecha y filósofo santurrón que quiere parecer cristiano a punta de nombrar a Cristo por todo y para todo. Al amigo le parecía “interesante” que este ejemplar, a medio camino entre un pastor evangélico y un falangista de mala muerte, le reconociera al chavismo la virtud de compactar discurso y acción en un sistema dirigido a ayudar a los pobres. Le alerté sobre el caramelo de cianuro que estaba a punto de comerse y le comenté un análisis que le escuché en Panamá a un compatriota que residía allá en ese momento.

El amigo tenía dos años viviendo en Panamá y ya el país le tenía los testículos largos, por varias razones. Me mencionó varias: el sifrinismo galopante, la falsa prosperidad embaucadora de bobos, el relax generalizado más cercano al agüevoneamiento colectivo que a la paz social (¿le vieron la cara de güevofrío al presidente Martín Torrijos, allá arriba? ¡Mierda! Eso lo explica todo o casi todo), y cierto asuntico que afectaba a su pequeño hijo de cinco años. Este chamín estudiaba allá en una escuela pública, y el proceso de adoctrinamiento al que era sometido iba paralelo con el del país en pleno. Dijo el compa: “Uno se entera por la prensa de que en Venezuela se quiere inculcar, como valor social predominante, la solidaridad. Bueno, marico, en la escuela les inculcan a los chamos como valor supremo la MI-SE-RI-COR-DIA, y en el parlamento hay una interesantísima discusión a ver si se decreta a septiembre como el MES DE LA BIBLIA”. Todo el mundo a leer la Biblia en septiembre. Esa es la discusión y la atmósfera política de un país presidido, el coñísimo de su madre, por un hijo del general Torrijos.

***

Diego, hermano: la diferencia entre un rico o clase media y un pobre, es que los pobres somos solidarios por naturaleza. Los pobres nos ayudamos y queremos a nuestros iguales porque es nuestro mecanismo natural de supervivencia en una sociedad como esta. Forzándolo un poco: somos solidarios porque, enfrentados a la clase que nos expolia, no nos queda otra (o nos queda otra peor, que es matarnos). Un sifrino, en cambio, si tiene muy buenos sentimientos, a lo sumo que llegará es a tenernos misericordia. ¿Ya vamos entendiendo la diferencia entre gobernarnos y ser gobernados? ¿Ya sabemos por qué es mejor un pésimo gobernante revolucionario que un “excelente” gerente de clase media?

miércoles 30 de abril de 2008

Tombos atracadores en Sabana Grande

Artículos referenciales:

__________________

Más o menos desde que tengo uso de razón tengo bien claro lo que son los cuerpos represivos, mal llamados “de seguridad”. Durante buena parte de los años 90 le dediqué mi esfuerzo y mi tiempo vital a recopilar los casos de abuso y brutalidad policial contra la ciudadanía, y esto me fortaleció en mis convicciones primeras: los cuerpos policiales no tienen salvación porque fueron creados para hacerle un sucio trabajo al Estado Burgués, que es mantener a raya a los pobres, a los segregados, a los excluidos y a los que tienen cara de güevones. Reprimir, humillar y liquidar al que tiene aspecto de delincuente para que las clases acomodadas vivan tranquilas. La más clara expresión del fracaso del Estado Burgués es la degeneración de sus cuerpos policiales. Un ciudadano en la calle siente más rabia, molestia o miedo que tranquilidad al ver a lo lejos una patrulla o un paco: eso es lo que se llama inseguridad.

Alguien les dijo a estos hampones de uniforme que ellos son “la máxima autoridad en las calles”, y que por lo tanto ellos están allí para vejar a los ciudadanos, no para servirles. El “criterio de servicio público” es algo con lo cual se limpian el culo: ellos se acostumbraron a que su misión en las calles es demostrar que son más arrechos que los demás. Hoy, la institución policial está en proceso de descomposición, y no debe extrañarnos ya que el sistema para el cual sirven también está cayéndose a pedazos. Putrefacción en acción, lo llaman.

El viernes 25 de abril fui víctima de unos policías atracadores, quienes utilizaron un modus operandi del cual conozco varios testimonios. El sábado, tipo 3 am, al salir de un local en Sabana Grande, unos policías nos abordan (a mí, a mi pareja y a dos compañeros más) y nos piden los documentos. A mí me pegan contra la pared, me meten la mano en el bolsillo, me sacan el dinero (unos 1.600 Bs.F, mi primer sueldo en lo que va de año) y me dicen que me vaya. Así, sin más. El librito dice que si te pones bruto (y para bruto, lo que se llama bruto, yo mismo soy) te recoñacean por faltarle el respeto “a la autoridad”. Armé un verguero de tal magnitud que el tombo tiró la plata en el piso y se largó junto con los demás. Los perseguí durante varios metros gritándoles a todo pulmón la opinión que tengo de ellos. Lo más suave que me salió fue “malditos policías corruptos”. Regresé al local porque aquello empezó a llenarse de pacos, pero los empleados me sacaron.

Por supuesto, apenas salí los bichos volvieron a caerme e intentaron meterme en una patrulla, a lo cual me opuse con toda la fuerza de la que soy capaz. Me esposaron, se buscaron a un recogelatas cualquiera, el primero que encontraron, y lo obligaron a declarar que él me había quitado el dinero. Lo pusieron a mi lado y cuando estuvimos solos el bicho amenazó con chucearme en la cárcel. Bueno, ahí sí comenzó mi presentación en serio, cámara. Ustedes más o menos me conocen el natural antipático cuando escribo; deberían verme batiendo esa lengua cuando me hacen arrechar y además con unos tragos encima. Mínimo les solté unos dragones y unas mapanares por ese hocico, y ellos intentando meterme en la jaula. Pero no pudieron. Si lograban meterme ahí iban a desaparecerme, con toda seguridad: para eso son las jaulas sin placa, tomen nota. Buen aliciente para aguantar los vergajazos.

Por fortuna para mí, y acá es cuando debo reconocer que en medio de todo soy un privilegiado, mi mujer y amigos se dedicaron a hacer unas llamadas claves. Recibí varias respuestas y apoyo efectivo. La facción maluca de la Misión Boves no hizo acto de presencia. Todos estuvimos de acuerdo en que esta pelea la gano yo por las buenas.

La acción salvadora provino del alto Gobierno. Hay un par de ministros que me conocen o al menos me han leído, y al poco rato ya el Rodríguez Chacín estaba girando instrucciones para que se detuviera aquel circo nauseabundo: cuando dejaron de “ablandarme” y de responder a mis explosiones de indignación, ya había aclarado el día. Tenía cuatro horas recibiendo castigo con un perro (que lo soy, no se me olvida) en mitad de la avenida Casanova. Se habían acercado cuatro jaulas grandes y varias unidades motorizadas. Ni las motos ni las jaulas llevaban placa. Los tombos llevaban oculta su identificación. Todos menos uno de los que me quitó el dinero (y me lo volvieron a quitar): un coñoesumadre que responde al nombre de Jota Eichman, placa número 3222. Contra este delincuente me ensañé. Los demás no tenían nombre.

Como a las 8 am llegó un supercomisario que ordenó quitarme las esposas (supongo que por órdenes de arriba), pero insistía en que yo tenía que ir a declarar en la Zona 7. ¡Muchacho! ¡Si yo no supiera qué mierda es la Zona 7 me hubiese dejado llevar y ya sería una mancha en la Historia! Luego aparecieron unos defensores y un fiscal. Me llevaron a la sede de la Defensoría, y los tombos se fueron tranquilazos con mis centavos. Y la metáfora reflotando: alguien sin nadie a quién llamar la hubiese pasado peor. Tal vez ni la estaría contando.

Esto no es una acción aislada. Ya hay varios casos registrados en Sabana Grande. Yo voy a hacer lo que tenga que hacer para que al Eichman y sus compinches los metan presos o los boten de la verga esa. Aunque sea para quitarles la sabrosidad de andar atracando en uniforme. Y tal vez algo más, porque esa aberración llamada PM n o debe permanecer en las calles.

jueves 24 de abril de 2008

Algo más sobre el Milton Friedman

Y bueno, resulta que el tipo cuyo nombre se le da a un premio a la Libertad, el Milton Friedman ese, andaba de besitos con Augusto Pinochet. Confieso el terrible pecado de no haberlo sabido hasta ahora.
Si usted, después de enterarse de algo tan escabroso como que existe un premio Adolfo Hitler de la paz, no tiene claro lo que significa la palabra cinismo, vaya a la página del Cato Institute y lea, letra a letra, la carta que el pana Milton le envió al paladín chileno de la libertad (de mercado), dándole recetas para zamparle a Chile recetas liberales duras. No lo descubrió o lo inventó Venezolana de Televisión: lo dice el propio instituto que homenajea al bicho.
Resulta conmovedor sobre todo el párrafo donde le recomienda "la eliminación de la mayor cantidad posible de obstáculos que, hoy por hoy, entorpecen el desarrollo del libre mercado. Por ejemplo, suspender, en el caso de las personas que van a emplearse, la ley actual que impide el despido de los trabajadores"...
Y otra:
"Tome las providencias necesarias para aliviar cualquier caso de real dificultad y severa angustia que se dé entre las clases más pobres. Tome en cuenta que las medidas tomadas no producirán, por sí mismas, daño en estos grupos. El despido de empleados públicos no reducirá la producción, sino que simplemente eliminará gasto2".

Si usted tiene nervios de acero, ármese con su merengada de Primperam y lea la mierda esa completa:

http://www.elcato.org/node/2067

Hay otro texto que desenmascara a este delincuente:

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=42670


¡Felicidades, Yon! ¡Molleja e galardón te han otorgado!

Cocinando al líder del futuro

Antes de desmenuzar algunos significados, es preciso leer la reseña que hace Cato Institute de la entrega del premio Milton Friedman:
Washington, DC— El Cato Institute ha anunciado que Yon Goicoechea, líder del movimiento estudiantil venezolano que derrotó la reforma constitucional que le habría otorgado al presidente Hugo Chávez amplios poderes dictatoriales, es el ganador del Premio Milton Friedman por la Libertad 2008.
Goicoechea, un estudiante de 23 años, juega un papel decisivo en la oposición a la erosión de los derechos humanos y civiles en su país. En su compromiso por una Venezuela moderna, Goicoechea enfatiza la tolerancia y el derecho de las personas a aspirar a la prosperidad.
El Movimiento Estudiantil de Venezuela nació en mayo del 2007...
Basta.

***

Pensar el futuro no es un acto tan poco frecuente ni tan banal como el que sugiere la palabra esa, “futuro”: horóscopos, adivinadores, mercachifles y demás profetas. De hecho, el ser humano se la pasa en eso. Imaginándose qué va a ser de nosotros, cómo debería ser, cómo sería si hiciéramos tal cosa. Sin esa soñadera perenne estaríamos estancados y sin posibilidad de mejorar esto.
O de empeorarlo.

***

También es frecuente que uno busque en el pasado las gestas ejemplares que habrían de moldear el futuro. Pero lo que sí escapa a toda lógica, a todo soñar productivo o promisorio, es que a una banda de carajitos se les quiera imponer como ejemplo y comparación a la Generación del 28. Molleja de las mollejas: al niño Goicoechea lo quieren convertir en la reencarnación de Rafael Caldera o Rómulo Betancourt, en el menos lamentable de los casos.
Ese, al menos es el sueño de una clase política en estado de descomposición, que vio pasar hace rato momentos de esplendor y hoy son la hez fecal de la historia. Pero hay un segmento, más depravado y más poderoso, dentro en ese espectro repulsivo de la derecha, que tiene otros planes.

***

¿Cuál será el sueño de esos muchachos? Eso no importa. Lo que pesa ahora, y seguramente seguirá pesando hasta que la larva reviente y dé paso a la mosca mierdera, es lo que les tienen reservado a ciertos ejemplares los maquinistas del poder económico mundial.

***

No fue una mención casual esa de Goicoechea. No podía serlo, ya que a este pimpollo del sifrinaje lo están cocinando dentro y fuera de Venezuela, pero en serio, como futuro líder de la derecha. Suficientes demostraciones de cariño y algo más le han llovido de todas partes. Aquí mismo en Venezuela la revista de Rafael Poleo le concedió la distinción de “Hombre del Año”. Poco antes lo habían invitado a España para codearse con el nazismo en sus formas más vergonzosas. Allá tuvo el “honor” de retratarse al lado de Mayor Oreja, un sujeto cuya más alta hazaña consiste en haber hecho una defensa febril del dictador Franco, sin que por ello el diario El País lo deje de llamar demócrata.
Esta misma semana se le concedió al Yongo el “Premio Milton Friedman a la Libertad”. En la pugna entre adecos y sus derivados versus derecha-derechita, aristocrática y con vocación mundial, por conquistar los derechos sobre el eventual capital político de este pichón de facho, nada tienen que buscar los primeros: a mierda debe saberle al muchacho el ser “Hombre del Año” de una revista leída por 35 personas, todas ellas momificadas o fulminadas por el alcoholismo, cuando una institución norteamericana le obsequia un premio de 500 mil dólares y le otorga además con ese acto jerarquía de distinguida personalidad mundial. Algo le tiraron también al gordito Sánchez en la versión criolla de la revista Times, pero los segundones aquí no cuentan.
Acotación al margen: el Yongo ha dicho que donará los 500 mil verdes a una institución equis donde se fabrican políticos. Lo cual ya habla de cómo va el entrenamiento: su objetivo no son los reales (que le sobran o sólo tiene que pedirlos) sino el poder. Cosa que dejó caer en unas declaraciones a EFE: “Me gustaría optar por un cargo público en mi país”.

***

¿Por qué se premia y se endulza tanto a Goicoechea y no a otros? ¿Por qué tanto revuelo a su alrededor? Se supone que porque es el líder del movimiento estudiantil venezolano. Se supone (o suponen ellos) también que dicho movimiento estudiantil derrotó al chavismo en el referendo de diciembre. Ambas premisas son falsas, pero allá ellos con sus fantasías. Lo que importa es el trasfondo y sobre todo el contexto de esas mentiras: Yongo dizque es “el líder” del movimiento estudiantil. Supongamos que ellos quieren decir “el movimiento estudiantil antichavista”. De modo que el Stalin González y otros más están pintados en la pared, y en este caso concreto se entiende: Stalin carga con el enorme lastre de su nombre (el cual informa que su familia no soportaría una prueba de pureza política), y además es negro y cree que es de izquierda. Jamás el nombre de Stalin aparecerá al lado del de Milton Friedman, como no sea para echarle en cara la traducción literal del apellido judío: “fried-man” significa “hombre frito”.
Tan jodido está el pobre muchacho que ni siquiera lo han asesorado correctamente. Por ahí anda dando lástima, lanzándose a candidato a la alcaldía de Caracas y con algo así como el 0,3% de aceptación.
Tenemos entonces: negro ucevista, diez veces repitiente, que no sólo se llama como se llama sino que la otra vez dijo ser más izquierdista que Chávez. Y en la otra esquina: blanquito ucabista con más de un gen europeo; derechista genuino a quien sólo le falta decir públicamente que lo es. ¿Ya adivinaron cuál es el consentido de la derecha, del club WASP en busca desesperada de propagadores en todo el mundo? ¿Se entiende ya por qué a uno lo espera la unción por parte de lo más rancio de la hegemonía mundial olorosa a yuppie y a cortes, mientras al otro lo espera apenas el papel de escudero de los adecos y neoadecos?

***

Yongo ha donado los 500 mil dólares del premio a una escuela de formación de líderes políticos. No es que le ordenaron hacer un simulacro de donación para propiciar una forma elegante de destinar fondos de una institución gringa, subsidiada entre otros entes por el Departamento de Estado, a una fábrica latinoamericana de engendros proyanquis. No, chico, cómo vas a pensar eso. Tú como que eres comunista.

viernes 28 de marzo de 2008

La SIP, la libertad y las responsabilidades

Existe, más allá de los mares, más allá de las fronteras y más allá de la ética, una cosa llamada Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), especie de club de viejos verdes, propietarios todos ellos de medios de comunicación. Tras muchos años sin nada de qué ocuparse (los dueños de los medios han sido por décadas los dueños de nuestros pobres países, así que la vida les languidecía fácil y sabrosa) saltó al ruedo el fenómeno que les ha llenado la agenda: ahora no saben hablar de otra cosa que no sean Chávez, la Revolución bolivariana y los esfuerzos por la integración latinoamericana protagonizados por Cuba y Venezuela.

Vista en perspectiva, la situación resulta interesante, y para las almas descuidadas pudiera resultar también sana: aquel combo de momias que antes se reunía sólo para sobarse mutuamente el ombligo ahora le han encontrado una razón de ser a sus reuniones periódicas: luchar contra Chávez y contra el comunismo. Ganada la lucha contra el ocio. Y algo más: ha servido este “renacer” de la SIP para que algunos venezolanos antichavistas viajen como nunca antes, se den a conocer allá afuera, vendan en los auditorios mayameros una imagen seductora de perseguidos: ¡qué atractivo resulta para la gusanera un bichito empaltosao asegurando en público que Chávez lo quiere matar, cará!

Pero para nosotros, curiosos vigilantes de las andadas de la derecha convertida en show ambulante, la situación tiene otro valor: cada vez va quedando más claro que las fuerzas que se han activado contra Venezuela y contra el relanzamiento de nuestra identidad, no son fuerzas que ejercen una oposición digna que reacciona desde lo latinoamericano, sino simples piezas de las cuales se vale Estados Unidos para intentar permanecer aquí en plan de dueños de almas y riquezas. Triste rol el de las marionetas.

***

Mi percepción del asunto era, grosso modo: “es mentira que los dueños y directivos de los medios sean responsables de lo que dicen y hacen sus periodistas: éstos saben lo que dicen, saben cuál es la función de sus manipulaciones y mentiras en la guerra actualmente en curso”. Debo rectificar en este momento, y precisar que, aunque cada uno de ellos debe (o deberá, o debería: la impunidad es el mayor privilegio de la derecha y el sifrinaje de este país) responder por sus crímenes contra el país, contra el periodismo, contra el honor de las personas y contra la verdad, es preciso establecer diferencias, sobre todo de jerarquía, entre los payasos y los dueños del circo. Cierto que más de un payaso ha escalado posiciones, pero siempre hay que saber distinguir entre el maquiavelismo y el comemierdismo más pueril; entre la mente avezada que sabe cuánto daño puede hacer su discurso, y el pobre pendejo que se lanzará a asaltar a Miraflores creyendo que al frente de la tropa marchan sus comandantes (no, nadie recuerda ya el 11 de abril).

En concreto: hay diferencias claras entre el papel conspirativo de Nelson Bocaranda y el gafo del Unai Amenábar; no es lo mismo la histeria ilustrada de Marta Colomina que la histeria mongólica de las reporteras y anclas de Globovisión; no están en el mismo paquete el refinamiento cortesano y jalabolas de Julio César Pineda y la falsa sabiduría, tirando a retraso mental severo, de la redacción de El Universal en pleno; no es lo mismo un rolitranco e Teodoro como el Petkoff o un increíblemente Roberto como el Giusti, y un pobrecito Osío como el Cabrices. Si le echan bolas, los segundos pudieran llegar a ser como los otros en el futuro. Pero todo parece indicar que no será así: güevón es güevón de nacimiento y así se queda hasta que se muera.

***

En ese abismo cualitativo que existe entre uno y otro grupos pergeña una fauna de bolsas, atorrantes, mojoneaos y trepadores de oficio, militantes o herederos de aquella generación boba que mancilló a los 80, y que hoy hace el papel de segundona por mucho que se disfrace de protagonista. Algunos de ellos conducen programas muy vistos o escuchados en su círculo social, escriben a veces, se dejan ver en fiestas, cocteles o algún que otro foro. Son esos infelices que no fueron tan bien formados como para ser manipuladores estelares tipo Petkoff, Giusti o Bocaranda, pero están un poquito por encima de los reporteros rasos que repiten como loros y nada más que eso. Tienen hasta nombre: César Miguel Rondón, Elizabeth Fuentes, Kico y sus dos cauchos de repuesto, el Miguelito de RCTV, la María Párraga.

Los tres grupos han perpetrado infinitas coñoemadrías desde sus tribunas propias o prestadas, y seguirán perpetrándolas. Y el Gobierno, a estas alturas, está atado de manos: o permite que estos sujetos y sus jefes lo llenen de sombras, o le caerá encima una acusación de genocidio si intenta un día darle un palmetazo en el dorso de la mano a alguna de estas joyas.

***

La SIP suele implorarle a la OEA que “vigile a Venezuela”. Y “vigilar”, en ese organismo que todavía le tiembla a Norteamérica aunque ya se hayan atrevido a votar contra algunas de sus propuestas, significa enviar aparatos gringos para que vengan a acabar con esto a cañonazos. Tan predecibles son que ya sabemos qué ocurrirá durante su reunión acá en Caracas: seguirán reforzando la fábula de que en Venezuela no hay libertad de expresión y que los periodistas son perseguidos. A nosotros aquí dentro nos da risa porque vemos y sabemos qué cosas ocurren en realidad en materia de prensa. Pero allá afuera hay gente emocionadísima porque, interesada como está en hacer ver que esto es una dictadura, ha encontrado en los propagandistas del martirio unos agentes importantes de preparadores del escenario final: mientras haya un Globovisión y unos alegres viajeros diciendo que aquí la cultura y los intereses gringos están en peligro, habrá allá quien les financie la lengua y las mentiras.

jueves 13 de marzo de 2008

Así terminará el plan “Negocia con la burguesía”; así terminará la revisión de las supercomputadoras de Uribe

Hace poco Chávez habló de “negociar con la burguesía e inculcarle sentimientos nacionalistas” como un acto que no niega el hecho de hacer una revolución. Dijo además que no fueron vainas de él: lo aprendió de Lukashenko y de Fidel Castro. Sería muy mezquino no reconocerles, a él y a los funcionarios ejecutores de su Gobierno, que durante este primer trimestre de 2008 se han dedicado a serles fieles a ese principio, o más bien a esa estrategia. Después de saludarle y desearle todo lo mejor para su familia, paso a decirle que el objeto de la presente es hacer una tímida aproximación a la pegunta: ¿cuál es el fin de esa estrategia? Y esta otra, más amarga: ¿sabrán Chávez y el Gobierno que ese fin (si es el que sospechamos) no será logrado?

***

Hace unas pocas semanas el Presidente y varios personeros de su entorno se declararon opuestos a la acción repudiable de grupos anárquicos (creo que también nos llamaron “anarquistas”: ¡gua!) que, en lugar de acatar dócilmente las líneas del líder, se dedicaban por su lado a hacer vainas al margen del gusto de los señores ministros. Y vaya, uno acepta el regaño cuando la acción objeto del reproche tiene que ver con explosivos o violencia. Pero caramba. Que a la gente se le señale por marchar y concentrarse 1) para protestar contra Globvovisión; y 2) para homenajear al pueblo rebelde que se alzó el 27-F-89, ya comienza a sonar raro.

Quiero recordar, por cierto, lo que sucedió el 27-F-2008: varios grupos organizados convocaron a esta marcha y la misma fue desautorizada pese a haber sido solicitado el permiso respectivo hacía semanas. En cambio, los estudiantes de derecha sí fueron autorizados a marchar el mismo día, a la misma hora y desde el mismo sitio. Así que los “anarquistas” y anárquicos somos más despreciables que los niños neonazis que marcharon para protestar porque la Universidad ha de llenárseles de negros, por la suspensión de las pruebas internas. Eso se llama hacerle concesiones a la burguesía: nueva línea maestra del Estado revolucionario.

Hace unas horas se anunció que serán desalojadas las personas que han tomado (invadido) edificios y terrenos ociosos en Caracas. Hace cuatro años esas tomas (invasiones) eran consideradas por los gobiernos municipales y el nacional actos genuinos de un pueblo con derecho a los espacios de la ciudad. Hoy son consideradas perturbaciones pues hay delincuentes en las invasiones (como si en los edificios de Los Palos Grandes, La Lagunita y El Cafetal no se planificaran y perpetraran crímenes contra el pueblo y las instituciones). Eso se llama hacerle concesiones a la burguesía: nueva línea maestra del Estado revolucionario.

Hace unas horas también fueron desalojados de un fundo en Yaracuy varias familias de campesinos, que se instalaron allí en cumplimiento de su derecho natural y constitucional a convertir un latifundio en tierra productiva. Hace cuatro años esas tomas (invasiones) eran consideradas por los gobiernos municipales y el nacional actos genuinos de un pueblo con derecho a trabajar la tierra. Hoy son consideradas perturbaciones del “orden” y atentados contra la propiedad privada. Hay una Ley de Tierras sobre la cual se mean los terratenientes cada vez que les provoca. Eso se llama hacerle concesiones a la burguesía: nueva línea maestra del Estado revolucionario.

Hace unas horas (¡también!: el día miércoles 12 de marzo de 2008 fue un día muy activo de negociación con la burguesía) el Gobierno tuvo largas jornadas de conversaciones con los “sectores productivos” (las burguesías, los empresarios, los dueños de los medios de producción, los artífices del exitosísimo plan de desabastecimiento artificial que sufre Venezuela: los dueños del país). Esto puede interpretarse como sea, pero para mí tiene un solo nombre: al Gobierno lo convencieron de que no es posible satisfacer la demanda de alimentos en Venezuela sino mediante mecanismos y políticas CA-PI-TA-LIS-TAS. Hace unos meses el Gobierno amenazaba con expropiar, con meter presos a los acaparadores, con crear un sistema alterno de producción y distribución, con satisfacer la demanda de alimentos a punta de importaciones. Hoy, el Gobierno acepta escuchar a esos acaparadores y conspiradores y termina convencido de una falacia horrenda, gigantesca, aunque convincente porque suena a concertación y diálogo: “Es preciso crear una mesa de trabajo, donde el Ejecutivo nacional y la industria privada puedan discutir en forma abierta sobre la producción de alimentos y buscar soluciones”. Las palabras pertenecen al presidente de las Empresas Polar, Lorenzo Mendoza (El Universal, 13 de marzo de 2008).

Eso NO se llama hacerle concesiones a la burguesía (nueva línea maestra del Estado revolucionario) sino algo mucho más monstruoso, humillante y vomitivo: el Gobierno ha desistido de ensayar alternativas que nos hubieran conducido hacia el socialismo, y se ha dejado convencer de que sólo el capitalismo, los capitalistas, los enemigos del pueblo, son capaces de frenar el desabastecimiento que ellos mismos crearon.

***

Otra de Lorenzo Mendoza (en El Universal): “…reconoció como un logro gubernamental el aumento del poder adquisitivo de los venezolanos, lo que ha impulsado la demanda en los últimos años, pero agregó que esto debe ser acompañado por incentivos para que esa demanda pueda ser satisfecha con producción nacional”.

Volvamos al principio. ¿Qué busca el Gobierno y qué ha de obtener en realidad?

Ya que no estamos en el pellejo de Haiman El Troudi ni en el de Chávez, hablemos con suposiciones y condicionales. Si el Gobierno pretende retractarse y olvidarse de construir el socialismo, va en el camino correcto. Si el Gobierno pretende que la burguesía con la cual se ha desatado a negociar le dé un tratamiento digno, respetuoso o tan siquiera compasivo, debería ir sabiendo que eso no va a ocurrir. Lo único “bueno” que obtendrá el Gobierno a cambio de una rendición tan palmaria y concluyente como esa de darles a los empresarios la razón y la oportunidad de seguir enriqueciéndose, será las gracias y una palmada en el hombro. Así deben leerse las declaraciones de Mendoza: tú me devuelves mis privilegios y te olvidas del socialismo, y yo le declaro a los medios que tú sí eres de pinga: aumentaste el poder adquisitivo de los venezolanos. Tan sólo eso. Una felicitación que apareció en un párrafo escondido por alláaaa lejos. Nada de titulares ni aplausos: un parrafito apenas.

***

Si en el “caso” venezolano la política consistiera en dialogar, ceder y presionar hasta encontrar puntos de acuerdo; si el procedimiento más eficaz para no reventar o terminar reventado fuera la negociación; si los gestos de buena fe fueran gestos de buena fe y no fintas macabras para luego proceder a zamparte la puñalada por la espalda, ya Hugo Chávez y su Gobierno se hubiesen salvado del ametrallamiento al que los tienen sentenciados la derecha y las hegemonías políticas, militares y corporativas del planeta. Los elementos mencionados suelen funcionar en política, cómo no. Pero esas semillas no prenderán en Venezuela, por varias razones Una: este pedazo de comarca que habitamos es el charco de petróleo más grande de la tierra. Dos: la derecha no se conformará con que el Gobierno les entregue el jugoso negocio de los alimentos, porque el objetivo de ellos es el poder, no unos piches reales.

El Gobierno seguirá cediendo. Los “anarquistas” y anárquicos seguirán llevando palo de ese mismo Gobierno. Los empresarios seguirán llenándose de billete. Los gringos seguirán escarbando en las computadoras de Uribe. Al próximo grito de Chávez empezarán a salir de esas computadoras de fantasía los elementos de ciencia-ficción que han de sentenciar a Chávez como narcotraficante y terrorista.

Cuando la coñacera estalle y la derecha venga por el Presidente para aplicarle diez o veinte cadenas perpetuas, no serán Diosdado Cabello y los otros que se han llenado de poder y de billete a costa de Chávez quienes pondrán el pecho para defenderlo. Pueden ustedes jurarlo, anotarlo en letras de titanio; registrarlo en papel Biblia, grabarlo en la más monumental montaña de granito: quienes saldremos a defender a ese caballero cuando caiga en desgracia seremos nosotros, los malditos y maldecidos, los “anarquistas” y anárquicos; los güevones que creemos en una Revolución y no en un Gobierno que negocia con burgueses; los malvestidos, malhablados y peor educados; los pendejos que llevamos leña de los cuerpos policiales y aun así salimos del trance gritando “Viva Chávez”; los mamagüevos pelabolas que jamás aspiramos ningún monopolio como no fuera el de ser tratados con dignidad; nosotros los pendejos, los pobres soñadores sin paltó y corbata; esta parranda de desobedientes, insurrectos, inconformes malditos, maldecidos, maldicientes y güevones que todavía hoy tenemos las bolas de creer en la posibilidad de hacer una Revolución, cuando otros se están encargando de mandarla a la mismísima mierda.

Enlaces relacionados: