viernes, 16 de mayo de 2008

La ciudad ordenada versus la ciudad desordenada

Hace un par de meses tuve noticias de la existencia de un libro de Allan Brewer-Carías titulado “La ciudad ordenada”. La combinación de lo que sugiere el título con el nombre del autor me produjo un ardor asociado a cierto tipo de gastritis. Lo mastiqué unos días y de pronto me encuentro con una reseña que hace Rafael Arráiz Lucca sobre el libro. Y entonces sí me dejé de pendejadas y empecé a acercármele un poco más. A riesgo de que la gastritis degenerara en úlcera sangrante.

Según el resumen más difundido de esta obra, se trata de “un ‘Estudio sobre el orden que se ha de tener en descubrir y poblar’, o sobre el trazado regular de la ciudad hispanoamericana. Una historia del poblamiento de la América colonial a través de la fundación ordenada de ciudades”. Confieso que no lo he leído (ni lo tengo: jamás gastaré 200 mil bolos en un libro ni en nada que le proporcione dividendos a ese hampón de cuello blanco), pero sí que he tenido mi encontronazo con uno de los ensayos a manera de prólogo que contiene el libro, además de media docena de artículos, reseñas o comentarios adulantes, autoría de intelectuales, urbanistas y otros jalabolas sin profesión definida. De modo que no me siento autorizado para comentar la obra propiamente dicha, pero sí para hacerle una autopsia a sus líneas maestras, a lo que parece ser su leit motiv: convencernos de que el hombre europeo quiso hacer una vaina de pinga al fundar ciudades en América, y que entonces vinieron los indios y los negros y les volvieron mierda “su” obra. “Sus” ciudades.

Según reseñan las alabanzas que se volcaron sobre el autor y su libro, Allan Brewer Carías es tan brillante que un día se percató de que el centro o núcleo fundacional de todas las grandes ciudades hispanoamericanas es perfectamente cuadriculado, “a modo de retícula ortogonal”, tiene una plaza principal y frente a ella una iglesia. Segurito que usted no se había dado cuenta de eso: usted es un imbécil, usted seguramente es negro o indígena, usted seguro es pobre y no ha ido a la universidad, así que vaya agradeciéndole a Brewer el haberse quemado las pestañas para revelarle los secretos de ese tremendo hallazgo. Nadie se había dado cuenta de esa mierda hasta que llegó el superabogado y se propuso investigar misterio tan hondo.

Una monografía afín al libro de Brewer, titulada “La Fundación de las Ciudades Hispanoamericanas” (de autor desconocido según una indagación somera en Internet), se dispara esta tremenda sentencia, que es punto de partida de Brewer y otros: “El proceso de población del territorio Hispanoamericano, se llevó a cabo mediante una serie de disposiciones legales que emanaba la Corona en el transcurso del desarrollo de la conquista”. Es preferible entonces entrompar a la idea, precisamente a esa idea, y no necesariamente al personaje, a quien es muy fácil desnudarle la naturaleza de sus ínfulas de amor por la legalidad. Con sólo recordar que sus panas lo señalan como redactor del decreto de Carmona intuye uno por qué se afincó tanto en cierta propuesta: el imperio español lo hizo todo correcta y organizadamente en América, porque lo hizo protegido por leyes escritas. Por sus propias leyes, claro. A eso lo llaman pagarse y darse el vuelto: yo redacto un papel donde dice que es legal meterle un chuzo en la barriga a Oswaldo Álvarez Paz y voy y se lo zampo. Y ya: no me venga nadie a meter preso, aquí tengo este papel que me autoriza.

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A ver qué se trae Brewer con esto del “orden”, y qué cosa significa en realidad. El calificativo “ordenado” aplicado a la ciudad, a seres humanos o a lo que sea, da para mil variaciones y navegaciones por los significados, sobre todo cuando lo aplica quien lo aplicó en esta oportunidad. No hay que tener muy afinados el oído o la mala intención para percatarse de las acepciones más claras que tiene la palabra “orden”: es algo que le impone a usted una autoridad o un ente considerado superior (“ordene, mi comandante; ordene, jefe o patrón; ordene, su señoría”) y es también el resultado de hacer las cosas “como Dios manda”. El ser ordenado camina derechito; el ser libre es desordenado por naturaleza. El ser domesticado necesita de alguien que le ponga orden, que le diga cómo hacer las cosas o que se las tenga hechas; el ser cimarrón y bravío tiene siglos construyendo un orden que todavía no es total y mucho menos perfecto. El sujeto que vive en una quinta de Los Chorros la compró hecha; el sujeto que vive en La Vega levantó ese rancho peleando contra los elementos, contra la policía y contra la estigmatización de los medios y del discurso “ordenado”: el hombre blanco no asesinó indígenas en masa sino que civilizó, evangelizó, fundó; el oprimido no funda sino que invade, enajena, ensucia y afea.

No es en lo absoluto casual ni extraordinario el que un abogado (y sobre todo este abogado) piense que las leyes imponen el orden en las sociedades. En América hubo una matanza espantosa de seres humanos, pero como esa matanza vino autorizada por unos papeles sellados entonces todo va bien. La ciudad ordenada con la que sueña el burgués promedio es una parecida a la que había aquí para el siglo XVII: una cuadrícula más o menos perfecta y más o menos soportable y domeñable por parte de los blancos peninsulares y criollos, y una periferia donde malvivían, proliferaban y se hacinaban los sirvientes y excluidos. La miseria no es un problema sino hasta que se deja ver y sentir. El problema con la desordenada Caracas actual no es que haya miseria, violencia y sobrepoblación, sino que esa multitud miserable le está creando incomodidades a los ricos y pequeñoburgueses.

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Hablando de las dos ciudades que son en realidad Caracas: ¿a que no adivinan por qué La Castellana, La Florida y Santa Mónica son cuadraditas y fáciles de transitar, mientras que El Guarataro, la Carretera Vieja Caracas-La Guaira y Mamera son laberintos eternos?

Leopoldo López se pasará su vida creyendo que él puede convertir a La Charneca en Altamira, porque ignora que la gente ordenada es gobernable y la desordenada no lo es. El lema del habitante del este es: “Tú a mí no me desordenas”; el lema del habitante de los cerros es “Tú a mí no me das órdenes”. Quien aspire a gobernar esta ciudad y no quiera partir de estas verdades se encontrará con que sus “órdenes” acabarán demolidas por la fuerza de la Historia.

7 comentarios:

normanclaret dijo...

Me quito el sombrero. Estas reflexiones, palabras más palabras menos, las hemos hecho algunos docentes y estudiantes en la UBV-Zulia. La próxima semana compartiré tu interpretación del orden con ellos; porque hace poco la secretaria, Xiomara Muros, chantajeaba a los estudiantes en un discurso diciéndoles que "...el verdadero revolucionario es ordenado"
¿Qué te parece?

Daniel Lara F. dijo...

No entendí si lo que querías decir es que lo que Brewer llama "orden" para ti es malo y el desorden que prolifera en nuestras ciudades es bueno porque lo hace el pueblo bravío. Si ese es el planteamiento y tengo que darte la razón ¿tengo que salir entonces a votar por el mamaguevo de Bernal ahora que se lanza a gobernador aquí en Vargas? Porque si lo bueno es que las ciudades sean promontorios de basura, caos vehicular, aceras derruidas, nula planificación urbana...si eso es lo bueno, Bernal ha sido el mejor alcalde que ha tenido Caracas.
Por otro lado, creo que el punto no es si Leopoldo podra o no podra ordenar la ciudad. Cuando Leopoldo llegue a la alcaldía mayor (si llega, claro está), su primer problema será conocer el problema de las zonas por las que el nunca jamás ha pasado. No creo que sepa que la gente del barrio "la chevrolet" en la carretera vieja CCS-LGR, bajando por la vuelta de la llanera, no tienen agua, ni transporte despues de las 5 de la tarde,ni recoleccion de basura y, además, muchos no tienen electricidad. Creo que cualquiera que desee ser alcalde o gobernante debería tener al menos una mínima aproximación a lo que es la vida de los habitantes de la zona que aspira a gobernar: Bernal, Barreto, Leopoldo, Capriles, Rangel o Diosdado se montan en el metro para llegar a sus oficinas? O utilizan autobuses de alguna de las 700 mil líneas que hay en la ciudad? Caminan por el bulevar de Sabana Grande en la madrugada sin escoltas y sin miedo? Pasan 4 días a la semana sin agua? Creo que no.
Por eso es que uno les tiene arrechera: porque quieren darte soluciones para problemas que no conocen.

JRD dijo...

NormanClaret. Sí, es vieja la polémica, tiene que ver con el asunto de la disciplina: ¿cuándo debe ser rebelde y cimarrón el revolucionario y cándo debe domesticarse? ¿Debe funcionar la militancia revolucionaria como un cuartel, organizado (ORDENADO) en la clásica jerarquía piramidal, o debe ser un ejercicio de la democracia plena, directa y sin jefes o superiores con la que soñamos?
Bien sabroso exigir orden y disciplina cuando uno es el jefe, ¿ah?

Daniel. No, no hablé en términos de bueno versus malo. Ahora, ya que lo mencionas, cada quien pudiera evaluar qué tal ha resultado para la gente este tipo de sociedad que nos transplantaron aquí. Nosotros nacimos y esto ya estaba "ordenado" así. Nuestro deber en este fulano "contrato social" es amoldarnos a lo que hay.

Pues no, tampoco soy tan estúpido para reducir mi cosmovisión a un asunto de "Chavista-bueno, antichavista-malo". El proceso de salvación de esto que llamamos Caracas fracasará sea quien sea el "gerente" de turno. Por eso comparto el resto de tu reflexión, palabra por palabra.

Anónimo 18 de mayo de 2008 02:13 PM. Otro güevón que me cree chavista ciego y autoimático.

Anónimo dijo...

Claro. Es que el orden de esas mentes es un orden artificial. Sólo refleja una absurda estaticidad impuesta a la sociedad en función de los intereses de quienes la idearon. Me atrevo a pensar que el origen de ese absurdo está en en la necesidad de desarrollar patrones de comportamiento "controlables" nacidos de la idea del "gran ordenador". Dios y/o el estado, pa más señas.
El desorden, o mejor la crisis del orden es evidencia de que aquel no era tal. El orden visto como lo cuentas por allá arriba es lo que se podría traducir como "seguridad" impuesta al individuo y a la sociedad. Lo de la cuadrícula de la ciudad es una de las expresiones más contundentes, es más facil ver que la turba viene enardecida a 10 cuadras de distancia que en un plano citadino de calles curvas y recovecos. Tan fácil como ver a un (o una) oveja descarriada entre la multitud de corderos. Orden y poder son conceptos ligados a la dominación no a la armonía. El desorden es algo sumamente chimbo para los que se educaron para mandar. con el desorden aparecen la autogestión, la solidaridad, la igualdad y la libertad... como se te ocurre.

petoro.

alejandra szeplaki dijo...

agregare que desde la epoca de la colonia, los mapas solo incluyeron, la ciudad "ordenada" hecha por los españoles, fuera de los planos quedaron las comunidades "extra urbanas" , es decir las comunidades pobres e indigenas. y la ciudad fue creciendo de forma de ir arrimando a lo que siempre se llamo "sub-urbano",( o marginal es decir al margen de la ciudad) y hasta que sectores los sub-urbanos, se combirtieron en barrios pobres mas grandes que la ciudad, y estos sub-urbanos fueron construyendo la ciudad sin plano español, segun la necesidad y la practica se imponia. Hoy lo "sub-urbano" es mas grande que lo "urbano", por que a nadie nunca le intereso que necesidades tenian los "sub-urbanos" con arrimarlo tenían. hoy estos "sub-urbanos" tienen voz y voto y si no lo tuvieran a tipos que quieren ser alcaldes o son alcaldes, le importaria CERO hacer algo por estas zonas de pobres desordenados, que hasta el 2004 no existian en los mapas oficiales de Caracas y seguian estando denominados como zona verde (la vega completa por ejemplo era zona verde) por lo que para que poner luz, aguas negras, gas a una ZONA VERDE.

Lorenzo Albano F. dijo...

Coincidimos en mas cosas de la que imaginas:

"No es en lo absoluto casual ni extraordinario el que un abogado (y sobre todo este abogado) piense que las leyes imponen el orden en las sociedades. En América hubo una matanza espantosa de seres humanos, pero como esa matanza vino autorizada por unos papeles sellados entonces todo va bien."

Solo que curiosamente y por alguna razon tu aun no crees que al tercio de al lado, a tu projimo se le debe dejar en paz y en libertad, a menos que expresamente pida tu interferencia. Yo, lo veo como la unica base razonable para el derecho y la justicia, que esta por encima incluso de la ley.

JRD dijo...

Petoro y Alejandra. Tal cual. Por eso al Estado le ha costado más penetrar espacios insólitos como el Petare profundo. Allí están creciendo formas de organización que resultan insólitas para la gente acostumbrada a orientarse por coordenadas "X" y "Y". Las urbanizaciones están llenas de mentes cuadriculadas diciendo y creyendo que aman la libertad, como si supieran qué es esa verga.

Albano. No seas falta de respeto, muchacho e verga. ¿Cómo que yo no creo que "al tercio de al lado, al projimo se le debe dejar en paz y en libertad?" A quien yo creo que no hay que dejar en paz ni en libertad es la los hijos de la gran puta esclavistas de la era moderna, bautizados "empresarios". Yo creo en la paz y creo que la libertad consiste en acabar con la opresión, y para que la humanidad tenga algo de eso debe desaparecer el sistema de relaciones que le da "libertad" a unos ricos coñoemadres para que esclavicen y le expriman la plusvalía a los pobres y oprimidos. Los empresarios-esclavistas ni son mi prójimo ni son "el tercio de al lado". Son una aberración de la humanidad con la que es preciso acabar.