lunes, 10 de agosto de 2009

Oficialistas

Estimado burócrata:

No hay revolución sin actos revolucionarios. La institucionalidad es, por definición, lo contrario al cambio revolucionario: usted crea institución, usted proclama que esa institución es sagrada, intocable, digna del respeto y la sumisión de la gente. Crea institución y entra al maravilloso mundo del conservadurismo: nadie quiere que los vientos revolucionarios (ni ningún otro viento, brisa, huracán o flatulencia) devasten lo que uno está construyendo.

¿Es bueno o malo que lo antes dicho funcione como funciona? Depende. Si usted creó instituciones después de demoler las que había previamente, vale, convengamos en que las nuevas instituciones merecen la aprobación y el esfuerzo militante de las multitudes (ahora unos europeos decretaron que está prohibido llamar masa a las masas, y los europeos tienen razón en todo) para su construcción. Pero si usted conservó la estructura antigua y quiere que yo le rinda pleitesía sólo porque usted tuvo el valor de poner nuevos burócratas donde estaban los viejos, y de cambiarle el nombre a la estructura (antes PTJ, ahora CICPC; antes Inavi, ahora MOPVI) usted me está haciendo trampa, compañero. Usted quiere que yo lo respete, no por su aporte revolucionario a la construcción de una nueva sociedad, ya que usted no ha hecho ninguno, sino por la misma razón por la cual antes había que cargar encima un carnet de AD o COPEI, o ambos: usted pretende que yo me incline ante su in-ves-ti-du-ra, esa cuota de poder nacida bajo los auspicios, el patrocinio y la bendición del Estado adeco.

Ya sé qué es lo que le acaba de cruzar por la mente en este momento. Usted ha pensado: “Ajá, este es escuálido, porque los escuálidos también nos llaman oficialistas”. Pero resulta, apreciado burócrata, que precisamente donde es más patética y proliferante esta enfermedad del oficialismo es en las filas del antichavismo. Los antichavistas son conservadores por naturaleza, y por ende son oficialistas genuinos. Si usted se fija bien en los discursos y la acción de estos sujetos (siéntese a ver un rato Globovisión o a escuchar Unión Radio) y notará un desmedido apego a las leyes. ¿A usted no le parece raro que los bichos conozcan la Constitución de 1999 mejor que uno, y que en los últimos tiempos se hayan dedicado a defenderla con ese encono, con esas ganas, con ese aire de paladines que da dentera? ¿A usted no le chirrió un pelo esa imagen de Antonio Ledezma dizque pasando hambre frente a la OEA, con el librito azul en la mano? ¿Usted no se preguntó por un momento qué vergas está pasando en el mundo que ahora los ateos andan chapeando con la biblia?

Respuesta única: la razón es que finalmente a los antichavistas los ha vencido su inclinación vesánica a respetar las leyes (hay un verso del Himno Nacional que glorifica esta actitud: la Ley respetando) y ahora prefieren la paz aparente, el “orden” que da la santificación de leyes y papeles, han salido del clóset y se han destapado como los oficialistas que son.

Oficialista: persona que rinde culto a lo oficial.

Así que lo lamento mucho, querido burócrata, pero en eso los escuálidos se parecen más a usted que a quienes creemos que es preciso demoler lo que hay y luego construir lo nuevo. El oficialista adora el estatus que le dan las leyes. Los revolucionarios detestan las leyes porque sabe que sin su cuestionamiento, estremecimiento y destrucción no será posible construir una sociedad de otro tipo.

Lo siento, lo siento.

***

Vamos al terreno de la práctica, del cochino mundo real, que aquí sobran los ejemplos de cómo el chavismo adorador de lo que nos han impuesto creen que se la están comiendo con eso del respeto a las leyes y a las costumbres de los ricos. El día 23 de junio fui a La Vega a vacilarme el San Juan de esa parroquia (¡parroquia! ¿La llamaremos Comuna algún día?), que es de los mejores de Caracas, y me encontré con un espectáculo lamentable. Usted me dirá: “Ah, ¿revolucionario y adorador de santos?”, a lo cual la negritud le responde: esa fiesta es un ataque formidable al catolicismo y la reivindicación del carácter pagano y cimarrón del hombre descendiente de africanos. Pues bien, ese día un batallón de Policías Metropolitanos quería impedir que los cultores y custodios del santo lo sacaran a las calles y le dieran rienda suelta al repique de tambor. Una discusión absurda surgida a partir de un argumento absurdo (estamos hablando de funcionarios de la PM: absurdo todo): que por instrucciones de no sé qué dependencia del MPPIJ no podían permitir que se celebrar el San Juan porque eso siempre termina a tiros y a coñazos. A William Ochoa, organizador de la fiesta durante muchos años de vida, le gritaron en la cara: “Si hacen la fiesta la culpa de lo que pase va a ser tuya, y te vamos a meter preso”.

El gentío estaba fuera de la capilla del barrio El Carmen esperando, pidiendo a gritos al San Juan, y los pacos intimidando, obstaculizando, jodiendo. Me retiré de ahí como a la una de la madrugada, despechado e incrédulo: una gloriosa institución (Ministerio del Poder Popular para Interior y Justicia, guao) estaba acabando de un solo pingazo con una de las celebraciones más hermosas, corajudas y pundonorosas de la cultura venezolana. Cuando me levanté en la mañana supe cómo terminó todo: la gente se hartó de la intromisión de los policías y empezó a sacar sus tambores y su curda a las calles, sin pararle pelotas a pacos ni a cultores asediados, y el San Juan se llevó a cabo. El pueblo derrotando a la mentalidad obtusa, conservadora y reaccionaria de un puñado de oficialistas.

***

Domingo 2 de agosto, La Vega. El oficialismo se llevó para allá a la orquesta juvenil del “maestro” Abreu, con Dudamel al frente, y hasta los medios de la derecha celebraron que hubiera ocurrido “eso”. Que el estado venezolano hubiera llevado un concierto gratis de música académica para La Vega. Qué chévere, que los pobres escuchen a Bach y a Mozart. Y qué cagada que escuchen, toquen y bailen tambores.

En eso también se parecen a ti los escuálidos, estimado: creen que las manifestaciones del pueblo son buenas sólo si las patrocina lo oficial, las instituciones.

Iba a comentar algo sobre el concierto homenaje a Caracas, organizado por la alcaldía de Libertador, con Don Omar, Jorge Celedón, Chino y Nacho, Olga Tañón. Pero se me acabó el espacio.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

El Cayapo Menol

Que paso perro, como ta la vaina, una vez le escuche decir en una entrevista a Silvio Rodriguez que el no tenia nada en contra del movimiento Hip Hop que se estaba gestando en Cuba, que en realidad lo unico que a él le parecia mal de eso era que cuando los tanques Abrahams AM1 de la armada norteamericana desembarcaran en la Habana, los jovenes en vez de combatirlos saldrian a pedirles los discos de hip hop de moda que venian escuchando los soldados Yankis. Justo ahi esta el problema,si en este momento el imperio tuviera su sede en Africa central y el hombre más poderoso del mundo fuera africano mandingo, entonces estariamos igual de jodidos, pues resulta que esos tambores no son nuestros y en lo unico que se asemejan a nosotros es que los dueños de los tambores, siguen siendo tan repelabolas como nosotros. La converza entonces va mas alla no te parece?, somos un pueblo sin cultura propia todo nos vino endosado junto con la invasion española, y despues vino el petroleo y asi sucesivamente, ahora bien eso es como dice Ramon (el cayapo mayol) una ventaja, pues un pueblo sin cultura no tiene nada que perder y mucho por ganar y construir, el problema es que para construir hay que echarle bolas y la mayoria de nuestros burocratas no esta dispuesto hacerlo, y el pueblo en lo colectivo tampoco tenemos conciencia de eso. Y en lo individual somos pequeños come mierdas que juramos tener la razon cada uno según nuestros muy individuales pensamientos. por ahi viene el peo de la ley de educación la ley asi como el famosos curriculun bolivariano son una mierda nada revolucionarias, no tocan nada ni promueven nada, sin embargo la atacan aún cuando sigue beneficiando a fedecamaras y la industrai de la educación, esta sera aprobada despues de algunos cambios introducidos por aristobulo y el ppt, dentro de un año cuando veamos el bodrio que es, trataremos de reformarla y veras a los mismos que hoy le dan martillo defendiendola, dijera eduardo "misterios de la ciencia". Sin embargo tengo la esperanza que antes de eso la guerra ya estara entre nosotros, y como nuestra miserable historia de humanos todo lo definiremos a coñazo limpio ya yo estoy haciendo sombra, tu sabes pa aceitar las articulaciones.

Saludos lo esperamos por San Diego

Franco Tirado R. dijo...

Qué arrecho es el poder popular de ese ministerio. El otro día me lancé una contra Dudamel en Panfleto Negro y de vaina no me crucifican. Hay gente que se la tira de arrecha y de estar contra los convencionalismos sociales pero en lo que te les pones iconoclastas te sacan el conservadurismo en bruto a pasear.

Kira dijo...

Sabes que soy entusiasta de Dudamel y el sistema de orquestas pero no puedo estar más de acuerdo contigo en este artículo... La expresión popular no, pero la académica sí... Yo estoy por las dos... Porque creo que pueden convivir sin rollo haciendo lo que saben hacer. Que sería lo ideal. Que conviviéramos todos haciendo lo productivo y creativo que sabemos hacer... Son las hegemonías las que joden todo. Las exclusiones... No concuerdo con destruir para construir en todos los casos. A veces hay vacíos que no necesitan de la destrucción de nada, sólo de construcción. Este país aún necesita de mucha construcción porque aún hay muchos vacíos.

Anónimo dijo...

La expresión popular y la académica se necesitan la una a la otra. Cada una de ellas no es nada sin la otra. Ahora que hayan acogido mejor a una que a otra, habría que investigar si es cuestión de ignorancia o de una mala interpretación de la ley o simplemente, actos impulsivos de policías que no tienen ninguna vocación de servicio.

Anónimo dijo...

toy de acuerdo con la vaina de arriba.
Lo que quiero preguntarle al cayapo menol ese, es qué coño tienen los pueblos indígenas, para que diga una guevonada tan grande como que "somos un pueblo sin cultura propia" ? Ta peklando mas bola quel fugitivo compa.
Mónica

hectorpal dijo...

De acuerdo en casi todo. Yo ví las fotos del concierto con Dudamel y lo pensé, que la contradicción estaría por ahí. Lo que cuentas del San Juan es justamente la comprobación de esa contradicción.

De las Leyes, yo creo que más que detestarlas, hay que entender su condición. Son limitadas, sujetas a manipulación, torpes, generalizan, pero también son útiles para medio organizar, para marcar una dirección o dar un golpe de timón. Se hizo la Ley para las persona y no las personas para la Ley decía uno por ahí.

Yo creo que una cosa que hay que rescatar de las Leyes es que deberían reflejar los acuerdos a los que vamos llegando, aunque poco despues se tengan que cambiar, modificar.

De la gestión política oficial, también me da dolor proyectos de cine de primera calidad que no están siendo apoyados por no apoyar cierta línea oficial. Eso también es oficialismo. También es oficialismo puro y duro que el presidente de PDVSA diga que no se va a reunir con síndicatos que no sean rojos-rojitos. También es oficialismo que las Leyes las aprueben rapidito porque el jefe lo pidió, dejando a la gente por fuera. La gente, aunque le parezca bruta o manipulada a los que legislan y gobierna, es la gente y hay que respetarla.

Yo no se donde abundan más, si entre chavistas o entre opositores, pero no quiero saber nada de esos especímenes.