miércoles, 30 de junio de 2010

Socialismo (o como se llame) desde el cuerpo

Socialismo (o como se llame) desde el cuerpo
De "El socialismo de carne y hueso", de Ramón Mendoza (El Cayapo) puede extraerse la reflexión básica, la clave (llamémosla "filosófica" para arrechar al compa) para entender y entenderse mejor con la idea de la otra sociedad por construir. Esa clave es a un mismo tiempo llamado a la acción y desmontaje de algunos íconos que a veces ayudan, pero a veces también estorban: el que busca el socialismo en los libros, o cree que ser socialista es poder recitar de memoria a Marx y Lenin, está jodido y en vías de joder a otros. Jodido, porque ese sujeto comenzará a llamarse a sí mismo revolucionario, cuando en realidad el mucho leer no necesariamente te hace revolucionario sino apenas aspirante a erudito o a marxista; y en vías de joder a otros, porque todavía un dañino fantasma recorre la conciencia colectiva del pueblo y es el fetichismo de la palabra escrita, del estudioso devenido intelectual, del burgués que no produce un coño sino palabras, y que para poder dedicarle tiempo a su "oficio" tiene que pagarle a esclavos que le hagan más fácil su vida cotidiana.
Hay mucho camarada noble, valioso; mucho guerrero y constructor de la otra sociedad, que por no saber leer o hacerlo rudimentariamente se considera a sí mismo obligado a rendirle pleitesía al camarada que sí leyó, estudió y fue a la universidad. El viejo atavismo del "Estudie, mijo, pa que sea alguien en la vida" se nos ha convertido en un lastre mortal, pues el verdadero hacedor de sociedad (y el verdadero destructor de lo obsoleto) suele postrarse ante el farsante que no ha hecho más nada en la vida que no sea leer y echar su sapiencia de papel por el buche. El hacedor de cosas útiles y necesarias dominado por el que no produce un coño más allá de los discursos. En este tiempo, que nos empeñamos en llamar prerrevolucionario, el intelectual, el patiquín, el recitador de párrafos aprendidos, sigue dominando y mandando a callar al campesino, al obrero, al desocupado que por ley natural debería ser el comandante de este proceso.
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Un intelectual que sólo sabe, quiere y puede hacer "eso" (pensar, decir y plasmar lo pensado) es la negación de lo que llamamos Pueblo. Hay quienes llaman a esos especímenes "intelectuales inorgánicos": los que se fajan a pensar mientras otros se fajan a producir, y no sólo eso: les parece que el mundo debe seguir marchando así. Que debe haber trabajo corporal para unos y trabajo intelectual para otros, y que éste está por encima de aquél. El intelectual organiza, sueña, piensa; el trabajador suda y se rejode la vida por un sueldo inferior al de Pascual Serrano y Fernando Buen Abad Domínguez. Perdón, del engreído intelectual "revolucionario" que quiere cobrar en dólares y con alojamiento en el hotel Alba su ¡enorrrme! aporte a la Revolución: pensar.
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¿Definición de pueblo?: porción de la humanidad sometida a explotación, exclusión, vejación y/o genocidio por parte de hegemonías o potencias políticas, militares y/o económicas; ente colectivo depositario de las injusticias más antiguas y crueles de la historia. El pueblo es esa mayoría cuyo trabajo, segregación y exterminio han garantizado históricamente el confort de unas minorías. Alguien que considera que es correcto que muchos seres humanos se partan el lomo para producir el alimento que ese alguien se lleva al hocico, porque ese alguien necesita "trabajar" leyendo y escribiendo (y discurseando) es alguien que causa risa o angustia: del enemigo nos reímos porque ya sabemos que así piensa y funciona el derechista promedio; pero al que nos dice “camarada” pero le es imposible apartarse de las mieles de la burguesía...
Del Cayapo extrae uno también ejemplos vivos, no sólo palabras: el hacer casas no industriales para vivir, el inventar y experimentar el otro mundo posible. Así vale la pena llamarse intelectual. Orgánico hasta las metras.
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Del "caso" cubano puede uno lamentar muchas desviaciones y errores que no deberíamos repetir en nuestra condición de pueblo en proceso de rebelión y revolución, pero puede extraer acciones y políticas ejemplares. Es fama que en los primeros años de la Revolución todo el mundo debía ponerse a trabajar, a producir con las manos, y "todo el mundo" incluía a los intelectuales y artistas. Esa práctica horrorizó a muchos y enriqueció en conciencia a otros; muchos se fueron de Cuba y otros tantos se quedaron. El mejor alegato humano y artístico de alguien como Silvio Rodríguez no son sus canciones de estética pequeñoburguesa, sino su aceptación de que un hombre debe ser obrero, soldado, caminante y mundano antes de meterse a artista. El trabajo con las manos es la más sólida base para el trabajo con la mente, porque le otorga probidad.
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Y sí, va a parecer engreído y repulsivamente individualista, pero quiero cerrar este artículo respondiendo a la pregunta que con toda seguridad está revoloteando en la mente del lector: "¿Y qué haces tú además de pensar y escribir?". Paso a confesar que pocas veces en mis cuatro décadas y pico de vida, o casi nunca, me había sentido en el trance de estar haciendo algo útil o más bien productivo. Pobre por origen, por sensibilidad y por incompetencia para acumular dinero o bienes, nunca le saqué el cuerpo a los trabajos "menores" (taxista, mensajero, ayudante de camionero) pero es ahora, en la etapa en que todavía puedo experimentar la madurez sin espantarme por la vejez que por allá se asoma, cuando me estoy sintiendo aprendiz de lo mejor y al mismo tiempo más doloroso de la vida: pelear contra lo que este cuerpo capitalista me pide y hacer lo que dicta la conciencia.
Divorciarse del capitalismo (esa cosa donde nacimos y a lo que pertenecemos) o tan siquiera cuestionarlo es difícil, pesado; duele. Porque un día decidí que la otra sociedad, esa en la que creo, no debe alojarse sólo en la mente sino manifestarse en el cuerpo. Yo uso ropa hecha por esclavos, manejo un carro fabricado por esclavos, uso un teléfono cuyos componentes fueron sacados de las tierras africanas por esclavos; consumo alimentos y alcoholes que llegaron a mis manos por dinámicas capitalistas: yo soy capitalista. Pero sé algo, tengo la íntima conciencia de un importante dato: el capitalismo está produciendo los gérmenes que están acabando con él, y yo soy uno de esos gérmenes mortales. Porque tengo conciencia, porque tengo voluntad (que flaquea a veces, pero ahí está) y con esa voluntad estoy comenzando a violentar esto que el capitalismo ha hecho con mi cuerpo. El consumismo es duro rival. Pero por eso mismo hay que darle pelea.
¿Cómo va esa pelea? Ya zumbé unos chapaleos para hacer adobes de barro para hacer casas, estoy quitándome de encima (y de adentro) el caraqueño engreído que aprendí a ser durante 29 años de mi vida; estoy aprendiendo a sembrar (ese asunto mágico que es meter una pepa en la tierra para que nazca una mata cuyo fruto te comerás tú y los tuyos), ya sé lo que es comenzar a trabajar a las 6 am (trabajo físico) y sentarse hecho mierda a descansar a las 9:30 de la mañana; todo esto allá en compañía de otros diletantes y enloquecidos buscadores de la magia de la otra sociedad, en El Cogollo: Freddy Mendoza y Manuel Armas. Ando trashumante y sin empleo formal como la mayoría del tiempo, pero ahora me siento fuerte y útil, tengo el ánimo arriba, tengo erecciones más poderosas, la flaquita que quiero me mira más bonito (lo último seguramente a causa de lo penúltimo, o al contrario); formo parte de un proyecto que a lo mejor florece o a lo mejor fracasa, pero ahí está lo esencial del aprendizaje: el socialismo (o como se llame lo que estamos construyendo) tiene que trabajarse desde el cuerpo, con violencia, con dolor militante y con conciencia de estar trabajando para el futuro, para un tipo de sociedad que no alcanzaré a ver.
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pd: La sociedad del futuro no está "adelante" en la industrialización y cybermomificación de todo, sino "atrás", en las nobles artes que nunca debimos abandonar: la tierra, el río, la cultura profunda, la palabra de los viejos sabios que todavía susurran.

13 comentarios:

Zhandra dijo...

Como ya esperaba, esto no resultó ser un articulito ahí, como lo calificaste en el Twitter. De todas las cosas que he leído de ti, esta es sin dudas, la que más hondamente me ha calado. Me vi retratada en esa intelectualidad inorgánica, vi mi pequeñez, mi fascinación a la erudición y a todos esos valores burgueses a los que tanto les rindo culto.
Gracias por ponerme los pies en la tierra. Me toca andar aún mucho trecho para considerarme revolucionaria.

JRD dijo...

No te gtrates así, Zhandra, todos estamos así de crudos y empequeñecidos. Sólo que un par de locos estamos dando pasos adelante a ver qué pasa.
Abrazo pa ti.

alfredo dijo...

Duque, algunos argumentos para escupir ahí a ver si se prende sabrosamente el avispero, primero: coño yo creo mucho en el trabajo y que ese trabajo que durante milenios hemos sudado los explotados, también se traduce en conocimiento acumulado que han secuestrado los ricos y con él han hecho mierda al mundo. creo que la tecnología en manos de los explotados y desarrollada por los explotados puede ser una bendición para la humanidad y para este mundo. Claro, que la industrialización planteada desde la lógica burguesa se devora al planeta y a la gente. Ejemplo de lo primero que dije a este respecto, pueden ser las técnicas orgánicas de control de plagas que han desarrollado las comunas de la sierra de falcón en sus sembradíos. Lo otro, uno se siente sabroso y revolucionario cuando siembra la tierra, cuando trabaja para la organización en el barrio, cuando suda y hecha coñazos, etc... pero es esta actividad realmente lo que necesitamos para construir el socialismo en venezuela ahora mismo? y si es así, como se debe implementar???
ahí si me pongo de abogado del diablo y pseudo academicista, pero no para llenarme la boca con citas sino para citar experiencias pasadas. Creo que valdría la pena abrir la discusión sobre dónde queda la frontera entre el acto revolucionario y el voluntarismo, de lo cual lenin tuvo una que otra cosa que decir, como trabajador y hombre revolucionario.
También esa visión romántica de la vuelta al pasado o a las raíces puede ser debatida en referencia a las necesidades concretas que tienen nuestras sociedades, es realmente la vuelta atrás la manera de resolver nuestros peos actuales como sociedad? en esto, creo que no se le puede dar vuelta atrás a la ueda de la historia, obviamente sin obviar que hay experiencias a rescatar de muchas culturas originarias. De esto Marx y Proudhomme dejaron bastante debate y tela que cortar...

JRD dijo...

Rajoy
Chamo, ¿te diste cuenta de algo al escribir? Ve: lo único que te entusiasma de lo que dijiste es el tema de "las técnicas orgánicas de control de plagas que han desarrollado las comunas de la Sierra de Falcón en sus sembradíos". Lo otro sólo te genera angustias. Marx, Proudhomme y Lenin hicieron a la sociedad en que vivieron gigantescos aportes, CASI-CASI comparables a los que nuestros campesinos de la Sierra de Falcón y de otros lugares nos han aportado a nosotros como pueblo, como cultura y como soñadores de la sociedad del futuro.
Cuando preguntas: ¿es esta actividad realmente lo que necesitamos para construir el socialismo en venezuela ahora mismo? y si es así, ¿como se debe implementar? , la respuesta a la primera es SÍ. La vuelta al campo es lo que nos salvará de la hecatombe, del holocausto del capitalismo. A menos que tú seas de los que creen que es posible construir el socialismo industrializando más, haciendo ciudades más grandes, diciéndole a nuestra gente que lo chic y lo revolucionario es ser gerentes graduados en la Universidad, coincidirás conmigo en que el trabajo con las manos es lo que destruye lo viejo y construye lo nuevo.

A la otra pregunta, "¿como se debe implementar?", tenemos que responderle todos. Vamos a echarle bolas, pues. Dejemos que el espíritu burgués de Marx se pudra e inventemos algo nosotros (o erraremos).

JRD dijo...

Rajoy
Y que conste: en quien estoy pensando cuando insinúo que una Revolución la haremos sólo cuando violentemos el modo de producción es en ese burgués. Y ese es uno de sus aportes. Ajá.

Anónimo dijo...

Muy buen artículo, tal como dice un proverbio:
"un poco de conocimiento operante vale infinitamente más que un caudal de saber inactivo...." K.Gibrán.

Chucho Almeida dijo...

A la Kamarada Zhandra y a todo aquel que piense de alguna manera como ella, para ser revolucionario, solamente se necesitan tres cosas, la primera la dijo el Ché: "Si usted es capáz de temblar de indignación cuando se comete una injusticia en el mundo, entonces somos compañeros, que es más importante". La segunda es poseer el deseo de hacer el bien a los demás; y la tercera hacer ese bien!

El que tenga ojos que vea, el que tenga oidos que oiga! Conciencia Universal Progresista! Moral y Luces son Nuestras Primeras Necesidades PATRIA SOCIALISTA O MUERTE! HASTA LA VICTORIA SIEMPRE! GUERRILLA COMUNICACIONAL SIEMPRE VENCEREMOS!

Anónimo dijo...

Saludos camarada!!! Precisamente es la revolución que intentamos construir, la que parta de la reflexión de lo que primeramente somos y pa donde vamos, que daremos, realmente tenemos que acercarnos a la tierra, pero antes defenderla para poder sembrar un mundo digno. Ya van varias semanas que el pueblo de Villa de Cura sufre los embates de una intoxicación peligrosa a causa de unos degenerados que producen venenos agrícolas, y que dejaron una fuga irresponsable de quimicos esparcidos en el aire, en nuestro país ya no deben existir estas fábricas de agroquímicos porque aunque no haya fuga nos siguen envenenando a través de los alimentos...Camaradas, fuera SEFLOARCA de Villa de Cura, no más producción de veneno en nuestro país...apoyemos la lucha agroecológica.

Anónimo dijo...

Excelente¡¡¡¡ leerte me impulsa, me identifico. Y tu no eres socialista o a lo que te refieres no es socialismo, si no anarquismo o como se llame...

maukAriza dijo...

Duque, estoy de acuerdo. Te pones en una nota de frases lapidarias porque hay muchos becerros que se quejan por mantener sus escasos privilegios burgueses.

Es fundamental meter las manos en la tierra, pararse temprano, que te joda el Sol y te piquen los bichos. Soy profesor universitario, vivo en un ambiente donde la mayoría de los que me rodean no hacen sino desarrollar la lipa, y me dejé contaminar un tiempo por esa paja lamentable.

Tienes razón en lo dicho, aunque vale la pena agregar que los que en verdad trabajan -todos- deben desarrollar la capacidad de adquirir destrezas mentales, no la paja academicista pero organizar las ideas y prestarle atención a las palabras tiene un valor.

Obviamente tiene valor para el que trabaja, si se hace desde la comodidad burguesa no seremos sino otro más que se jode en la humanidad.

Soledad dijo...

Excelente, Duque. Y sobre todo ese desprecio con el que el intelectual, creyente de su manoseada y nauseabunda superioridad, trata al obrero y al campesino. Dentro de éste proceso hay muchos que se creen la vanguardia revolucionaria, y no son más que unos pobres diablos.

tony dijo...

Buen artículo pana, desde mí punto de vista, criticas ciertas posturas intelectuales que estan atornilladas a un sillón y piensan que todo es resuelto por brillantes ideas y mostrando sus logros intectuales en el mejor de los casos algunos simplemete repiten lo ya dicho y muestran su soberbia al querer saberlo todo.Ciertamente es necesario la organicidad al experimentar aquello que viven otros, construir juntos cosas y tener como guia nuestra sensibilidad social

Moises Mirele dijo...

Excelentes reflexiones compañero, me lo llevo a mi muro con una pequeña adaptación agregándoles algunos hechos míos que se relacionan con tu texto...