domingo, 4 de abril de 2010

Memoria de Gonzalo Jaurena

Referencia:
A 17 años de su asesinato

Hoy se cumplen 21 años del asesinato de Gonzalo Jaurena, estudiante de la Universidad Simón Bolívar y guerrero de los nuestros, a manos de la Policía Metropolitana. El hijo de puta que le disparó en la patrulla, cuando ya estaba detenido y esposado, fue el agente Alexis Ramón Piña Demey, según declaración y echada de paja de sus compañeros de trabajo que lo acompañaban al momento de su cobarde proeza. Hoy paga condena en alguna cómoda cárcel del país. Aquellos eran los tiempos en que la represión era de verdad y las consecuencias de agitar, manifestar y protestar eran la persecución de verdad, la satanización de verdad y la muerte de verdad, a manos de un Estado respaldado por todo el poder económico y las mafias de los medios de comunicación, que por cierto son las mismas mafias de ahora.
Más allá de la conmemoración y la lamentación por la muerte del individuo, se impone la reflexión que parecemos no querer enfrentar con la debida responsabilidad: a Gonzalo lo matan un mes después del Sacudón, así que la comprensión de lo que ocurre y debe ocurrir en Venezuela es posible a partir de la reconstrucción de los últimos meses de vida del chamo, y de los meses que siguieron a su asesinato.
Aporte personal: tengo unos pocos años garrapateando un texto a medio camino entre la novela, la “no-ficción” y el testimonial simple. Está compuesto de la memoria de sus compañeros más cercanos y del expediente judicial del caso. Mi homenaje trasnochado al camarada sembrado en el año del Sacudón son los siguientes retazos de ese texto, que algún día será un libro:

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(Del testimonio de Mariale):

Un barredor de tristezas, un aguacero en venganza: yo lo admiraba en silencio, lo veía en acción, lo escuchaba, me enamoraba; algo me decía que ese carajo iba a ser importante en mi vida. Yo era una chama de diecisiete años, hija de dos húngaros que llegaron a Venezuela huyéndole al comunismo, así que te imaginarás las contradicciones originarias. Y las otras: niña catira y pecosa, de apariencia delicada, estudiante de un colegio de monjas y habitante del este de Caracas, con gustos más cercanos a Cindy Lauper que a Alí Primera, un día decide inscribirse en el Partido Comunista y acude a la sede de Cantaclaro allá en San Juan; un tipo le explica qué cosa es ser militante comunista, le recomienda unas lecturas, fijan un día para discutir los materiales leídos y de pronto en una de esas sesiones el carajo resultó no estar tan interesado en discutir de manuales y de política sino cogerse a la aspirante a revolucionaria. Nada grave, todo normal, pero por supuesto que ese día decidí que no era en el Partido Comunista donde iba a desarrollar mi faceta de militante.
(…)
La primera vez que hablé con Gonzalo me lo encontré en el Metro. Fue el 9 de septiembre de 1988. Yo llevaba mi pinta punketa, y en la franela una chapa con la silueta del Che Guevara. Las primeras palabras que me dirigió no fueron precisamente las más indicadas para levantarse a una carajita: “¿Y qué hace una burguesa como tú con la imagen del Che Guevara? ¿Tú sabes quién fue ese tipo?”.
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(Del expediente):

En la audiencia de hoy, veintiocho de febrero de mil novecientos noventa y dos, comparece ante este tribunal, previa citación, una persona que estando legalmente juramentada dijo ser y llamarse como queda escrito: Alberto Manzanares Puerta, de nacionalidad venezolana, natural de Caracas, 38 años de edad, de profesión u oficio chofer, residenciado en avenida principal de Propatria, barrio Morochito Rodríguez, número 78. Impuesto del hecho que se averigua y de los Generales de Ley que sobre Testigos rezan en el Código de Enjuiciamiento Criminal, manifestó estar dispuesto a rendir declaración y en consecuencia fue interrogado por este Tribunal de la siguiente manera: PRIMERA PREGUNTA: Diga usted si vio el momento en que fue detenido el encapuchado que disparaba en contra de los funcionarios policiales. Contestó: “Yo lo que vi fue cuando él empezó a correr y cayó bajo el puente y se cayó, luego se paró otra vez y siguió corriendo y en eso lo agarraron los policías cuando salió a la calle, lo agarraron y lo zumbaron en la camioneta…”. OTRA: Diga usted si observó al muchacho dentro del Jeep. Contestó: “Sí, yo vi cuando lo tiraron y cayó en el piso de la patrulla, luego se lo llevaron y no supe más nada”. OTRA: Diga usted si observó algún funcionario dispararle al detenido dentro de la patrulla. Contestó: “No”. OTRA: Diga usted si vio claramente si los funcionarios que detuvieron al ciudadano portaban capuchas. Contestó: “Sí”. Diga usted si observó otros testigos en el lugar de los hechos. Contestó: “Había varias personas”. OTRA: Diga usted si observó que el encapuchado estaba acompañado por otros ciudadanos. Contestó: “Cuando él estaba arrinconado disparándole a los policías estaba solo”. OTRA: Diga usted si pudo observar cerca del muchacho gente con actitud de amistad. Contestó: “No, él estaba solo”. OTRA: Diga usted si vio herido al ciudadano que disparaba en contra de los funcionarios y que fuera detenido posteriormente. Contestó: “No, simplemente lo vi disparando en contra de los funcionarios, corrió, cayó, se paró y volvió a correr, enseguida fue detenido por los funcionarios y lo metieron en la patrulla”. OTRA: Diga usted si desea agregar algo más en la presente declaración. Contestó: “No, es todo”. Terminó, se leyó y conformes firman.
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(De testimonio de Arístides):

Gonzalo “El Uruguayo”, como lo llamaban, formaba parte de ese grupo que por ahí llamaban Los Doce del Patíbulo, una facción muy violenta y radical entre los llamados “tirapiedras” de la UCV. Digo, injusta o inexactamente llamados así, porque no se trataba de una horda de irracionales, como creía o decía mucha gente dentro y fuera de las organizaciones revolucionarias. Había en el fondo de aquellas acciones una propuesta política de desestabilización del sistema y propagación de un discurso de desobediencia popular, y no sólo el disturbio por el placer del disturbio. Casi siempre estas manifestaciones eran de mediana intensidad, pero cuando esos carajos entraban en acción las vainas se ponían más graves, o más bien sabrosas, dependiendo del punto de vista.
Hubo un tiempo en que había disturbios todas las semanas en Las Tres Gracias o en Puerta Tamanaco (Plaza Venezuela) y se hizo costumbre que los jueves hubiera peo y los ucevistas empezaron a llamarlos “los jueves culturales”. Esto se convirtió en una especie de convención no establecida: los jueves eran para protestar. Pero de pronto salieron al ruedo estos Doce del Patíbulo y empezaron a protestar cualquier día de la semana, sin previo aviso y sin medir las consecuencias políticas de actuar sin tomar en cuenta circunstancias “especiales”. Por ejemplo, cuando era día de quincena y había cervezadas o fiestas y el ambiente se prestaba más bien para relajarse y rumbear, estos locos se zumbaban unas acciones que aguaban la celebración e indisponían a la gente. Era costumbre también que un poco de estudiantes que llamábamos “comeflores” protestaran contra la protesta: eran los carajos que querían graduarse y les molestaba que se los jueves se perdieran horas de clases porque las actividades se paralizaban, por el efecto de las bombas lacrimógenas o porque los profesores no podían entrar debido a los enfrentamientos.
Era una coreografía más o menos constante: los estudiantes ponían barricadas, llegaba la policía y se formaba el mariquerón. En ocasiones muy puntuales y más o menos bien planificadas se secuestraban autobuses de pasajeros, se saqueaban camiones de comida para distribuir el contenido entre la gente que iba al Hospital Clínico Universitario, o se quemaban carros y camiones en los alrededores de la Universidad para generar confusión y caos. Era la forma de llamar la atención sobre la supervivencia de un sistema injusto que se estaba cayendo a pedazos, pero que la ciudadanía tenía la impresión de que estaba muy sólido y que era perfectible.
(…)
A Gonzalo yo lo aconsejaba o trataba de hacerlo, el pana por lo general me escuchaba y me paraba bolas, o por lo menos eso parecía. Pero era un carajo muy violento, tenía un temperamento muy fuerte, era lo que se llama un entrompador: un bicho restiao, echao palante. Era muy difícil que alguien que activaba o participaba en disturbios violentos le aconsejara a otro que andaba en lo mismo que no lo hiciera, pero según mi punto de vista y el de muchos compas era necesario que este pana controlara sus ímpetus, que no se expusiera tanto, que si no medía los riesgos y seguía empeñado en meterse de frente en acciones espectaculares y voluntaristas en cualquier momento lo iban a joder. Las únicas veces que bajaba la guardia cuando discutíamos este punto era cuando le tocaba una referencia personal y familiar: “Coño chamo, yo sé lo que es ser hijo de un guerrillero, yo entiendo lo que es querer parecerse al viejo de uno, que también fue guerrero, pero uno no se va a dejar matar por esa vaina, no tenemos por qué ser mártires”. El argumento como que lo aplacaba un rato, porque Gonzalo era hijo de un tupamaro uruguayo que fue torturado en los 70. Pero cuando terminábamos de conversar se encontraba por ahí con Joaquín y le volvía a meter el incendio en la cabeza.
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(Del testimonio de Mauricio):

Hubo fuertes discusiones sobre la pertinencia de participar en esa manifestación en particular. Todavía estaban muy frescos los efectos del sacudón, la masacre contra todo un pueblo, la persecución contra gente del movimiento estudiantil, los carcelazos y las torturas contra la gente del Veintitrés. De todo esto había transcurrido apenas un mes y el punto era cuán necesario o recomendable era tratar de encender una candela después de apagado el gran incendio del siglo. A unos nos parecía que era un error grave salir a exponerse en una manifestación de estudiantes de secundaria, en un evento tan local y además en un plantel ubicado en Catia, zona donde los cuerpos represivos se habían ensañado históricamente con gran crueldad contra la gente nuestra. A otros, entre ellos Gonzalo, les parecía que había que mantener viva la llama de la protesta popular, que nuestro rol como vanguardia era no dar muestras de que la represión y el Estado habían triunfado. Hubo una dura discusión al respecto. A Gonzalo se le trató de explicar que participar en esos disturbios era un error táctico con consecuencias en la estrategia, pero era inútil ponerse a lidiar con el temperamento del compa y tratar de doblegarlo. Los camaradas Joaquín y Gilberto quedaron molestos con él, le reclamaban su terquedad; Gonzalo les echaba en cara la falta de pundonor, para él el honor consistía en eso, en no sacarle el cuerpo nunca a una situación de violencia o agitación revolucionaria.
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(Del expediente):

…Nataly Moreno, estudiante, quien amparada en las Generales de Ley que sobre testigos reza el Código de Enjuiciamiento Criminal, en consecuencia expuso: “En el momento en que llegó la policía, que comenzaron a disparar, nosotros salimos corriendo hacia arriba, cuando llegamos a la esquina nos dispersamos y quedé yo sola, en eso se pararon dos patrullas al lado del zanjón y cuando crucé el puente se bajaron dos policías de la patrulla y me decían que me detuviera. En ese momento yo volteo y veo a un muchacho que iba a cruzar el puente, pero para recortar camino no siguió sino que brincó de la mitad del puente hasta la acera, cuando cayó en la acera se resbaló y cayó en la zanja, ahí los dos policías que se bajaron de la jaula lo alcanzaron, lo apuntaron con armas de fuego, con revólveres o pistolas, no sé, y le gritaban ‘Párate maldito’, lo apuntaron y le gritaban. Cuando volteé a ver lo estaban sacando de la zanja por los pelos, lo esposaron y lo arrastraron hasta la jaula…”.
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(Del expediente):

Jimena Vásquez, estudiante (…) OTRA: Diga usted si resultó alguna otra persona lesionada. Contestó: “Que yo sepa, solamente el muchacho que le decían El Uruguayo”. OTRA: Diga usted si está enterada de que el ciudadano que menciona como El Uruguayo haya sido lesionado por arma de fuego. Contestó: “Hasta el momento en que yo lo vi no tenía heridas por armas de fuego. Y yo lo vi hasta que lo metieron en la jaula”. OTRA: Diga usted con qué tipo de arma resultó lesionado el ciudadano mencionado como El Uruguayo. Contestó: “Con golpes de las manos y patadas, uno de los policías le dio un cachazo en la cabeza cuando lo estaban sacando de la zanja…”.
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(Del testimonio de Mauricio):

Esa noche dormí en su casa. Al día siguiente me desperté tarde, como a las diez de la mañana. Le pregunté a su mamá por Gonzalo, ella me dijo que se había ido muy temprano y sin desayunar. Me comí su desayuno, estuve un momento más en la casa, me despedí y salí a la calle. Por la radio me enteré de los disturbios en el liceo Andrés Eloy Blanco. Y en la noche, por una llamada telefónica, de la muerte de Gonzalo. Parece que después de darle el tiro lo ruletearon, lo “pasearon” por toda la ciudad, como acostumbraban los cuerpos policiales, y lo dejaron abandonado en el hospital de Los Magallanes, sin documentación. Por fortuna (si es que uno puede nombrar a la fortuna en una historia tan hijoeputa), porque uno no cree en Dios pero a veces pasan vainas providenciales e inexplicables, la señora que limpiaba esa área del hospital fue a vaciar una papelera y vio una cartera, la abrió y ahí estaba la cédula, un papel con los números de la familia y de gente amiga, se condolió de aquel chamo moribundo…
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(Del expediente):

…Mayra Agudelo, de profesión enfermera, plenamente identificada en autos anteriores, con el objeto de ampliar su declaración rendida ante el juzgado Quinto de esa circunscripción, la cual corre inserta en el folio 272 y 273 de la segunta pieza de expediente. Seguidamente este tribunal pasa a interrogarla de la siguiente manera: PRIMERA PREGUNTA: Explique en qué condiciones ingresó al hospital “José Gregorio Hernández” de Los Magallanes de Catia el ciudadano que en vida respondiera al nombre de Gonzalo Jaurena. Contestó: “Al momento de recibirlo llegó en camilla, inconsciente, sin tensión arterial y fue subido directamente a Pabellón, no hubo tiempo de hacerle ningún otro examen. Posteriormente operamos, había lesión en la vena cava y de la arteria aorta y casi toda la sangre estaba en la cavidad abdominal parcialmente coagulada. OTRA: Diga usted si observó algún otro tipo de lesión visible en el cuerpo del mencionado ciudadano. Contestó: “Únicamente recuerdo los orificios de armas de fuego, pero no recuerdo cuántos eran”. OTRA: Diga usted si una persona al recibir este tipo de lesión puede mantenerse en pie durante algunos minutos. Contestó: “Sí, puede mantenerse en pie durante algunos minutos. OTRA: Diga usted si considera que la lesión fue dada a quemarropa o a alguna distancia. Contestó: “No podría contestarle ahorita, ya que no recuerdo los detalles de la herida”. OTRA: Diga usted si considera que de haber sido atendido este paciente de inmediato se le hubiera podido salvar la vida. Contestó: “Siempre el tiempo es favorable al pronóstico, pero las heridas de la arteria aorta son generalmente mortales…”.
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(Del expediente):

…Jesimar Cabañas, de profesión oficios del hogar (…) Diga usted si conocía de vista, trato y comunicación al ciudadano Gonzalo Jaurena A. Contestó: “No, lo conocí ese día y cruzamos algunas palabras”. OTRA: Diga usted si sabe dónde se encontraba el hoy occido en el momento de su detención. Contestó: El venía corriendo por una zanja, entonces él cayó y yo seguí. Me paré como a tres metros y los policías lo sacaron de la zanja, lo hicieron subir a la patrulla y le daban golpes y patadas, le decían groserías, le decían ‘Ajá coñoetumadre te caíste, te agarramos, ¿ahora qué vas a hacer?...”.
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(Del testimonio de Mariale):

Digamos que el dolor es como la energía: pasa y se transforma, pero no desaparece. Esa es la sensación: ya no duele pero anda por ahí, transmutado en otras cosas. A medida que pasa el tiempo va transformándose.
El primer año, por ejemplo, era la curiosidad, más bien la angustia esa fea que te asalta cuando quedas con dudas, con sospechas, con cosas por conocer, con la sensación de que nunca está todo dicho y necesitas aclararlo, necesitas respuestas, y qué ladilla, éstas llegan lento o no llegan. Por eso le propuse a Mauricio, más o menos seis meses después de su muerte, que fuéramos al sitio donde lo mataron, a ese lugar que yo había imaginado y soñado y era un lugar colosal, grandioso, porque grandioso y colosal eran la noticia, mi dolor y el recuerdo de Gonzalo. Yo había leído u oído de boca de Héctor las declaraciones de los testigos: Gonzalo se había caído en una quebrada tras ayudar a unas muchachas a cruzar un puente en medio del tiroteo; Gonzalo cayó de espaldas en el fondo de ese abismo majestuoso y entonces comenzó su gesta última, el enfrentamiento a balazos, el clímax de su historia vital. Esa muerte tenía que haber ocurrido en un escenario cinematográfico, a mí me atormentaba la imagen de ese precipicio y quería ir a verlo. Llegamos al sitio, y el coño e su madre la desilusión: el famoso abismo era una zanja de medio metro con un chorrito de agua verde en el fondo: en esa mierda de escenario fue donde lo capturaron.
Después de veinte años queda una cicatriz que la tocas y la mueves y la jurungas y no hay dolor. Pero queda algo en su lugar. No sé cómo se llama se algo, pero es lo que me garantiza que no habrá paz ni olvido.

7 comentarios:

ricardo dijo...

Como estas JRD, es Ricardo León de la Universidad Simón Bolívar siemrpe leo tus escritos pero nunca comento. en esta ocasion voy a hacer un pequeño comentario porque se trata del compañero Gonzalo. no tuve la oportunidad de conocer a Gonzalo (estaba en mis primeros años de vida en los 80), pero como estudiante de la USB y miembro del Movimiento Estudiantil Revolucionario de la USB (MERUSB), siempre nos llamo la atención una placa abandonada dedicada a Gonzalo. Investigando mas sobre el caso nos enteramos de la historia, descubriendo que dentro de la universidad las mismas autoridades prohibian comentar sobre Gonzalo. de esta manera nos decidimos a rendirle un tributo al compañero Gonzalo y recuperamos la sala de lectura de los becarios (ASOBEC) y la reinaguramos hace dos años un 4 de abril con el nombre de Gonzalo Jaurena, en presencia de su madre, hermana y camaradas en un encuentro que se llevo a cabo entre musica recuerdos y algunas lagrimas. en esta sala se encuentra un mural y una placa dedicada a Gonzalo para mantener presente como era la persecución en la IV y que si trabajamos por construir un mundo mejor dia a dia este debe hacerse sin medias tintas. Saludos JRD y me avisas cuando termines el libro y lo publiques.

Zhandra dijo...

Hola Sr. José Roberto. Siempre leo sus post y me parecen geniales. Era yo niña cuando ocurrió este incidente y no lo recordaba con precisión, pero luego de esta lectura, el caso Gonzalo es un universal dentro de la forma de ejercer control social en la llamada IV República. Me explico: Esto no pasó una vez, sino muchas, ante la mirada impasiva del poder político y mediático y, en cierta forma, hasta avalado por ellos.
Los testimonios que coloca le remueven a uno la entraña, pues lloramos los muertos de hace 20 años aún cuando no los hayamos conocido y entendemos que, finalmente, no hay cárcel ni pena que nos permita sentir que la justicia existe. Saludos y ya espero con ansias este libro que promete.

La Guara dijo...

Yo si conocí a Gozalo. Y no se si en aquel momento alguien evaluaba si táctica o estratégicamente era correcto entrompar como lo hacíamos en aquellas épocas. Lo que si se es que nunca se nos trató con guantes de seda como a los manitas blancas. El asesinato de Gonzalo no sólo dolió a muchos porque el carajito era candela pura: osado, valiente y querido. Su asesinato dejó muchas dudas entre quienes le conocimos. Honor y Gloria.
La Guara

alejandra szeplaki dijo...

No descanses en paz Gonzalo, descansa en guerra.
Hasta de victoria siempre!

Anónimo dijo...

Duque:

Leer un texto así es como ver una película, de pana. Termina ese libro. Leyendo el artículo de referencia que pusiste me doy cuenta que la gente aquí, por lo menos los que apoyan ciegamente a la oposición saben muy poco de muchas cosas. Estuve viendo en Globovisión a Richard Blanco quejándose de las torturas que había sufrido mientras preso. Pero coño, uno lee lo que le hicieorn al padre de Jaurena y ahí se da cuenta de lo que es la tortura diseñada por gente con toda la maldad y la inteligencia para joder a otra gente.

Sólo eso quería decir y qué bueno el texto que tienes sobre el episodio de la meurte de Gonzalo Jaurena, alguien de quien yo no conocía absolutamente nada.

H.

Anónimo dijo...

Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos... La lucha por hacer una verdadera revolucion sigue, nosotros no olvidamos Gonzalo puño en alto camarada.. Ni dios ni amo..

Anónimo dijo...

BUENO NO PRETENDO DE NINGUNA MANERA JUSTIFICAR EL VIL ASESINATO DE GONZALO, LAMENTO Y LAMENTÉ MUCHO SU MUERTE, YO ERA ESTUDIANTE DE LA USB PARA ENTONCES Y FUÍ UNO DE LOS QUE PROTESTÓ SU, INSISTO, VIL ASESINATO, SIN EMBARGO, CREO QUE NO ES CIERTO HABLAR DE PERSECUCIPON ESTUDIANTIL Y DE REPRESIÓN POLICIAL GENERALIZADA PARA LA ÉPOCA. LA ACTUACÍON DE 1 POLICÍA CARGADO DE ODIO CONTRA ALGUIEN QUE MINUTOS ANTES TAMBIÉN TRATO DE MATARLO A PUNTA DE PLOMO, NO PUEDE SER LA BASE PARA UN JUICIO GENERALIZADO A LA "IV REPÚBLICA". QUÉ PASARÍA HOY SI ATRAPARAN A UN "MANITO BLANCAS" ECHÁNDOLE PLOMO, ES DECIR, TRATANDO DE MATAR A UN POLICÍA? SEGURAMENTE APARECERÍA OTRO DESPRECIABLE POLICÍA Y, VIOLANDO LAS LEYES DE ANTES Y DE AHORA, COMETERÍA OTRO VIL ASESINATO.